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tanos en estos términos: El crallfe hj. niAdemás d ¿esq ii mulas y ¿borricos, ¿te ser herreros y chalanes, de tocar bien laguitarra, bailar y caoafcar, las gitanas se emplean en la, quiromancia, que ellas llaman la- toahi Creen, también- -ségiin Fastenrath- -en una piedra llena; de virtudes, llamada la bar lachi con. la cual todo el que la posee, logra las mayores ventajas: el ladrón, que su robo quede oculto; el contrabandista, que no le persiga el del Resguardo, y el enamorado, que el objeto de su amor le adore y se le rinda. Esto dice el poeta alemán en sus romances y cantares gitanos, fruto de su vid con las tribus de Egipto con los calés cómo aquel capitán de los gitanos granadinos llamado Antonio, que tantos cuentecillos y sucedíos contó a nuestro gran hispanófilo. Fastenrath, tan fervoroso admirador de todo lo español, instaló en el jardín de su casa ds Colonia esta fuente, copia exacta de la de! Patío de ¡os Leones de la Alhambra de Granada. Vn día, -en una Eamibra gitana le quitaron al doctor una cantidad, pero su amigo Antonio ordenó a un viejo marrullero que restituyera Del dinero al mister. Él gitano devolvió al poeta alemán el diñe ro que se íé había pegado a los déos y se excusó haciendo una reverencia: -Yo no sabia, que su tnercé era de los nuestros. Julio ROMANÓ publicados cinco tomes sobre las glorias de nuestra patria. En Alemania nos estiman y nos conocen nrejor que en Francia. El buen nombre y la gloria, de nuestra literatura- deban mucho a los alemanes. da a conocer nus- tro teatro del siglo XVII; Federico Schlegal levanta a Calderón por encima de Shakespeare; Schact escribe la historia de nuestro teatro; Bouterwek, la de nuestra, literatura en general; Bohl de Faber da a la astampa a nuestros poatas líricos; Herder traduce el Romancero del Cid; Bulow, La Celestina Huber Wolí, Hoífman y Dappin comentan, recopilan, ponen en las nubes y dan a la estampa nuestros romances; Hegel, el gran filósofo, no halla en su Estética nada comparable a; la Ilia da nada que se aproxime a la grande epopeya nacional y espontánea, en las modernas lenguas europeas, más que el Poema y los Romances del Cid. Los poetas alemanes, traductores de nuestras poesías, son muchísimos. Esta afición a la poesía ha venido últimamente a; cifrarse, y como a reconcentrarse en el doctor Juan Fastenrath. Entre otras muchas possíás ha. traducido al alemán quinientas ccplas tomadas de la colección de don Emilio Lafuente Alcántara; algunas fábulas ds Marte; cantares de Trueba; romances del duque de Rlvas; las odas de Quintana a Juan de Padilla y al caxbate de Trafalgar; las odas de Herrera a la batalla de Lepanto y a la pérdida del Rey don Sebastián; más de la mitad de Ga- rcilaso, Rioja y Baltasar de Alcázar y las Ruinas de Itálica de Rodrigo Caro. Dos cosas le han chocado al doctor FasUnrath en España: nuestra manía de hablar a gritos y nuestra afición desenfrenada a los toros. Un asunto que ha inspirado al doctor Fastenrath es la vida de los gitanos. Se jacta el doctor de hatoer tratado y conocido a muchos gitanos españoles. Tuvo entre ellos muchos amigos: en Granada, en Sevilla, en Toledo. La vida de los gitanos en España era antes más independiente y vagabunda: pero las disposiciones legislativas de Carlos III en 178 han cambiada y mejorado esto. Este cambio, afirma Fastenrath, está reconocido y expresado por los mismos grí- Don Juan Walera, en su juventud.