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Dores de una hectárea y cerca de siete mi ¡Iones eran menores de cinco hectáreas. Como la cifra de propietarios a los que pertenecía era un poco mayor de un millón, resultaba que a cada uno correspondían, como cifra media, cerca de siete parcelas. Relación que en Ciertos términos municipales llegaba a ser de 27 parcelas por propietario... Presenta además este problema del minifundio otra agravante, que es la gran dispersión de las fincas, como lo atestiguan ios documentos catastrales, los planos parcelarios y las fotografías aéreas. Los inconvenientes de este hecho se deducen fácilmente. A la disminución de superficies cultivadas, con. tantas lindes, senderos y caminos, y a la imposibilidad de dedicar parcelas tan pequeñas a daterminadós cultivos, se suman las pérdidas de tiempo en los transportes, en las labores, en las siembras, en las recolecciones: los retardos en la recogida de cosechas; la imposibilidad de mecanizar los cultivos, las dificultades de vigilancia, de organización de un trabajo racional y de implantación de mejoras. ¡De cuántos de estos perjuicios pueden hablar nuestros modestos labradores! No sería por completo veraz si dejase la impresión al lector de que nadie se había ocupaido del problema y olvidara citar, en primer término, al Ilustre hombre público don Fermín Caballero, que dio unos aldabonazos muy senoros en su obra Fomento de la población rural llamando la atención sobre este obstáculo principe, obstáculo de los obstáculos que juzgara que era el más importante en agricultura, y sobre esta que llamaba calamidad nonada y silenciosa que la pcblacion agrícola conocía muy bien, como le demostraba la cantitidad de vocablos con los que designaba las parcelas: c a ñ a m a tablares, sernas, tranzón, amelgas, rozas, posturas, corros, garrotales, cuartones, longueras, listas, pañueks, mangas, perrocheros... Y no debía tampoco olvidar a otros agrónomos ilustres, como don José Gascón, que en distintas épocas ha venido pidiendo la aplicación de remedios para resolverlo. Las causas de este desigual reparto de la tierra agrícola en España son muy antir guas y sobradamente conocidas. De ellos me he ocupado en otras ocasiones y no hay para qué volver a insistir sobre ellas; pero los factores, directos que siguen interviniendo, como los repartos de fincas en las herencias, sin limitación alguna en las divisiones, y las roturaciones arbitrarias de los montes públicos siguen agravando el mal cada día que pasa. Francia, Alemania, Suiza e Italia han tomado medidas para que cese de una vez esta carrera veloz del fraccionamiento de la propiedad y al mismo tiempo realizan trabajos de concentracióng arcelaria, con los que han reconocido aufpntos sensibles Provincia de Soria, (Escala directa original, aproximada, 1: 8.000. en las producciones, que llegan, en ciertos casos, al 25 y al SC por 100. Es cierto que los trabajos son costosos, aunque generalmente se hacen a medias entre el Estado y los particulares, y que, per otra parte, hay que luchar con reacciones sentimentales o afectivas de los propietarios. Se trata a veces de tierras cultivadas por sus padres o por sus abuelos, mejoradas per ellas y unidas a mil recuerdos familiares. Es natural que les cueste bastante el cambio. Pero la concentración parcelaria ni lesiona los derechos de los propietarios ni destruye la. pequeña propiedad. Lo que hace es reunir lo que está disperso. Y las ventajas obtenidas son tan patentes, que se da el caso que en los mismos pueblos en los que se ha llevado a cabo, los agricultores siguen perfeccionándolo, procediendo por su cuenta a nuevos cambios. Es de esperar que no pase mucho tiempo sin que en España se tomen medidas eficaces, que comiencen a atenuar los desastrosos efectos del desenfrenado desenvolvimiento de los minifundios. Gabriel GARCIA- BADELL Plano catastral de un pueblo francés antes de haberse idealizado IOS t r á b a l o s dñ einneimníparArm- ian 6 éentral de ¡mismo pueblo después de habette realizado ios 3.