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MA DE LOS MINIFUNDIOS tJANDO Ull l t después de t v 01 iv Hss ¡CRiones de! me de España, t avi a io ea nipos del Noiit Je Cii- tü lít. observa tic di vi o desde el auU movs 1 s ii, ¡e i r soiamen te s í m n s t. o. e l paisaje y! á fisot MU á r i o pueblos, sino utii en ¡usar 1 df- aquellas ím. M -d extensiones, quf í 1 i c n u d o en su antrJi ¡i irrido. lít tierra se p i r r e n ¡unte MI vista stire a t di innumcr ¡ib! es líneas de iit) cirro; o ribazos que dib H i ios perímetros de incontables y pequeñísimas p a e 1 ia: í. En el fondo de los va U s, en las laderas d montes, en la. s incsctis v r n U ios sitios en qvi -el íuielí) puede producá irt vierte que e) hombro h IM t c r v w i d o para p r e p v iil ííuitivHclo y pala obtin i o e os! -od ac! os qup í s i n iceesarics: per: ai mis i lerupo SÍ nsombi íi t i) estos canípos se t iti roí) vertido en un m c í ¡K di diitiiiíutas 4 IH o í 1) un puzy. le de ori ¡i in i Mm t ¡s- Ai i iir- Su sorpresa. i n i- yo! cuando repara q n mu ch; zonas cíe secano qu i iA i c o n razón po i r e m i i m i e n t o s e s t á n t. i ¡i 1 di idichis er. minúsculo- t u y. Oh 1 e v a r i a d í s i m o s r t i c iilart s c o n t o r n o s Y sía más acentuada si. saliendo cir Cü. stilín, -e dirigí a lo1 puoblos de Asturias O, i icu; Corno no encuenti lacil i. Xíilicación a este fenómeno, piensa QU? es un i di tantas cosas que no n n u ceti su atención y se n ievfi. nt, íntc con ÍRS ele; paisaje. Nuestro m e ro no se ha dado i uonf. i ÍIUC MI pensamiento h. i zacio uno de los rav P ifu; ci problema piot n U na oído lutbiai y hit j luchas veces, que el p. -nominio del latifundio en ol reparto de 1 nucsíio suele era la causi át los principales males de nuestra economía agraria; pero M yuramente nadie le habrá dicho Que esta atomización y dispersión de la propiedad rústica, que también padecemos, ¡va consigo lamentables consecuencias, U Y M ol primer fenómeno de la existencia de las grandes fincas tiene enorme importancia desde el punto de vista social ¿i ¡í 3 ario y ha sido eterna preocupación de nuestro gobernantes, la pulverización y diseminación de la propiedad agrícola, en esos minifundios, producen grandes daños a nuestra economía. El primer grupo, el de ios latifundios, sa; -sún la estadística del Catastro de 1931. compifndia hasta dicha fecha el 52 por 100 ti superficie catastrada: Jos minifundios a de Zamora. (Escala directa original aproximada 1: 8.000. ocupaban el 27 por 100; dejando para el srupc que comprendía las fincas familiares- -las que constituyen el tipo ideal- -solamente el 21 por 100 de la total superficie en que se habían realizado trabajos. Y es casi seguro que en los datos que se obtengan cuando esté terminado el Catastro, se señale aún más este enseñoramiento de las pequeñísimas fincas. El problema de los latifundios no solamente ha sida divulgado constantemente por su gran trac 3 ndencia social en los periódicos, en las revistas y en las conferencias, sino que se le ha trasladado al campo político y ha servido como arma eficaz de propaganda para, distintas finalidades, abultándolo muchas veces en forma insospechada, por incluir en la categoría de latifundios fincas Que, aunque lo sean por su extensión, o producen más que escasos rendimiento, u otras de especiales características que constituyen, con su diversidad de cultivos y con sus pastos, unidades culturales económicas, que si se dividieran, darían una baja en los rendimientos; pero se han hecho muy pocas mur. infestaciones, y se ha escrito todavía m i 5 sobre el problema de los minifundios. Para que el lector pueda con vwlo, bastará que le diga que de ocho millones de fincas que estaban catastradas, según la estadística citada, seis millones eran me-