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I U T R A D C) Dfc! N F O R 1 V A C 1 C) N I G l. NE R A IR A n O A D r iv r O ti- M O S IEGFRIED Westphal, antiguo oficial de! Estado Mayor alemán, ha escrito un libro con el título de Ejército en cadenas Las cadenas a que se refiere son el automatismo apolítico del Ejercito, que putío acabar por convertirse en una máquina ciega de derrota y desastre a ías órdenes de un aficionado como Hitler- De hecho, repasando serenamente las posturas de la pasada guerra, se advierte fácilmente que fueron los Estados Mayores los que jugaron siempre la carta de la moderación y la prudencia. El alemán estuvo siempre en desacuerdo con el Führer con respecto a sus ambiciones de guerra total. El italiano fue en todo momento contrario a la entrada en la guerra. Fueron los aficionados políticos los que quisieron más y más guerra, arrastrados por sus propios gestos de propaganda. En España se sortearon diplomáticamente todas las tentaciones de intervención, precisamente por. que al frente del Gobierno estaba un gran general. La técnica tiene esto de bueno: que no se hace ilusiones con respecto a sí misma. Y el mejor cirujano es siempre el que aconseja no operarse. los Pirincc Porqra de lo; Pirhiec: T. I Estas cadenas de ceguera automática que Westphal lamenta tardíamente y que llevaron a su Ejército a un desastre que preveía son las que el español rompió a tiempo, ante la inminencia de la ruina de la Patria. Las rompió porque nuestro pueblo, que tiene que hacer un constante esfuerzo para que el guerrillero se convierta en militar, no se pliega fácilmente a esa ceguera. Es muy difícil hacer muñecos automáticos de las ricas individualidades hispanas. Más bien pecaron de demasiado poco muñecos y excesivamente políticos nuestros Esparteros y Pavías del diecinue ve. Entre ellos y los muñecos germanos que, cuadrados ante Hiíler, iban conscientemente a la locura, tiene que haber un delicadísimo, término medio. Es este término el que incita a averiguar y dosificar, comentando a Westphal, al comandante Gutiérrez Martín en un espléndido artículo de la Revista de la oficialidad de complemento. Ese mismo artículo y su propio autor son buena prueba de? a espontánea dosificación hispana entre disciplina y personalidad. Gutiérrez Martín, finísimo escritor ingresado en la milicia por auténticas provisionalidades de guerra, es uno de tantos ejemplos de riqueza intelectual encuadrada en vocación y disciplina. Puede escribir con desenvoltura en una revista profesional sobre tan espinoso tema como otro militar, Jorge Vigón, que puede abordarlo de cara al tratar sobre la formación ideológica de la oficialidad. Todo ello es lo contrario del aplastamiento automático de la personalidad. Por eso, la milicia española está tan entreverada de vocaciones civiles y administrativas. Nuestros soldados marroquíes han sido a menudo excelentes colonizadores. Nuestros generales acá, oíamos tsn ignarantc? que uti: záb: son muchas veces grandes aficionados a la mos el gas para guisar y alumbrarnos, en ingeniería y la albañilería; constructores vez de servirnos de él para la limpia y ráde pabellones, organizadores de ciclos de pida eliminación de nuestros semejantes. conferencias, etc. lo cual es mucho mejor Las ideas son siempre más fanáticas que no que lo conferenciantes, albañiles que los mapas; y esa dureza ha revelado o ingenieros sean aficionados a generales. ía entraña mental de la guerra última- Si- s En la guerra civil era bastante corriente directores acabaron persuadidos de ello. que, al ser conquistado un pueblo, un co A medida que se prolongaba (la guerra) -escribe Eisenhower- iba creciendo en mandante o un coronel se improvisara du rantc unos días en alcalde, abastecedor, mí el convencimiento de que, corno en juez municipal con bastante buen sentido. ninguna guerra anterior entre mu- chas A menudo, mucho de esto se desorganiza- naciones, esta vez las fuerzas que luchaba cuando, luego, entraba la organización. ban per ei bienestar y los derechos del Este difícil equilibrio entre el automa- hombre tenían enfrente una aviesa constismo de la disciplina y la riqueza de. la piración, con la que era intolerable teda transigencia... Esta idea convirtió, a mis personalidad, con iniciativas e ideas, es el que se propone Westphal ante el escar- ojos, la guerra en una Cruzada, en el senmiento de la derrota. Parte de la base de tido tradicional de ese vocablo. Por su que la idea, napoleónica y prusiana, del parte, los derrotados ts. mbién se daban automatismo ciego, nació de la guerra cuenta, con escarmiento tardío, de que ha nacionalista en la que un Napoleón o bían peleado, sin ideas, una guerra ideoun Federico encarnaban el pedazo de tie- lógica. La desgracia fue- -escribe Westrra por el que se moría. Para morir, a se. pha! -que el Mando militar supremo creyó poder continuar adoptando una acticas, por un pedazo de tierra, no hace faltud apolítica... Los comandantes no deta tener muchas más ideas que los árboles ben ver sus obligacioo el río per los que se deja uno matar. nes sólo el cumplimiento demilitar. Tienen en la obediencia Pero este concepto está superado. La gue- i una responsabilidad política frente a teda rra última quiso ser borrosamente gueria ia nación! ideológica. Se luchaba por un modo de orEs la palinodia del automatismo prusiaganización del mundo. La prueba es que no. Pero es también la apertura de un deen muchas naciones la guerra exterior Eicadísimo problema. Porque morir por el se desdobló en güera civil entre colaboracionistas y. resistentes El mapa de árbol y el río es bastante claro. Y no meaos morir por Federico o Adolfo. Es tan ¡a lucha no tuvo fronteras claras, porque claro como todo lo que es estúpido. Pero, detrás de cada frontera, el enemigo tuvo casi siempre sus partidarios. Por eso. mu- puestos a rellenar la función militar de contenido ideológico, hay que escoger con chos países tuvieron dos Gobiernos al misacierto. No basta saber que se pelea por mo tiempo. ideas. Es preciso pelear por las ideas salvadoras. Porque puede ser un poco desEste carácter ideológico de la guerra explica sus durezas crueles que han veni- proporcionado sentir, como Eisenhcwer, do a disculparnos a los españoles, que te- que se pelea una Cruzada por los dereníamos fama de duros y fanáticos, porque, chos del hombre teniendo de aliada a Rusia, como la tenía entonces, y puede desde las guerras carlistas hemos peleado por ideas. Yo no dudo que fuimos bas- ser un poco equívoco penetrar en Rusia, tante atroces en nuestras guerras civiles como cruzados, según hacía Alemania, He. de siglo y medio. Por eso se nos llamó vando detrás como comisario político para atrasados Pero ahora resulta que nues- cuando la conquistaran a ese filósofo loco tro atraso consistía en ignorar los méto- que era Rosemberg. Porque llevar a Rodos más fríos y científicos de la barbarie semberg detrás, ei: una Cruzada, venía a culta. África, efectivamente, empezaba en ser como si Godofredo de Bullón hubiera llevado alistado en sus tropas al propio ftiahoma. Si la guerra futura ha de ser ideológica, ha de sar precisamente de ideas claras. Y para esto es indispensable oír un poco a. EXPORTADORES! las viejas mentes latinas que crearon, en ía Historia, tantas fórmulas geniales, con La edición semanal aérea de las que América fue construida. No es poA B C impresa en huecograsible que la futura gran Cruzada se haga bado sobre papel biblia, es a nombre de unos vagos y juveniles prinel periódico de mayor difucipios colocados por América en la vieja Europa como una exportación más. No sión internacional. Solicite tapuede ser Europa un simple mercado para rifas de publicidad en las que América envíe los productos de su suprincipales Agencias o en la peración de optimismo. Administración de este diario. José María PEMAN de la Real Academia Española