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MADRID, PÍA 4 DE JUNIO DE 1952. NUMERO SUELTO 70 CENTS. J 2 URANTE varios siglos las Islas Filipinas habían sido más bien carga gravosa para España, que real uti- tos- de preferencia y distinción, Y o uírió lidad. Asegurada la íe católica en ellas, pro- i que en una procesión solemne, que, presipósito principal de Felipe IÍ al ocuparlas, i dida. por el capitán general se celebró en la el comercio estuvo siempre en manos de ciudad de ilaíitiá a fitiésrfié aquel alio de extranjeros, salvo la ida ue todos los años ¡Í 8 Í 8, ri dieron a mi bisabuelo el- sitio, de hacía a Méjico la famosa y llamada nao honor á, qije él creía. tener derecho; y cómo de Acapulco, portadora de las indianas, era hómwe; de mucho carftcte? y malas sedas, especias y mercancías valiosas de fe. pulgas, enojadísimo coa 10 que él reputaChina y Extremo Oriente para su venta en ba atentatorio a su dignidad; en un moAmérica. Algunos intentos hechos por Fe- mento de indignación, acordó abandonar lipe V para corregir este lastimoso aban- todo, puestos, residencia, negocios y vol- dono fracasaron por completo; hasta que verse a España. A la cuenta no pudieron persuadido el Gobierno de Carlos III de la sus amigos y las mismas autoridades de la necesidad de poner fin a tal estado de co- plaza disuadirle de tan arrebatada resolusas, recuperando nuestra soberanía comer- ción, porque firme en ella, en pocos días y cial, con el fomenta a la vez de la agricul- con su acostumbrada actividad ultimó totura y la industria en aquellas feracísimas dos los preparativos de su marcha. No haislas, por Real Cédula de 10 de marzo de bía a- la sazón en el puerto de- Manila nin 1785 creóse la Real Compañía de Filipinas, gún barco español donde embarcarse, y sí a imitación de la célebre Compañía inglesa tan sólo un navio inglés de la citada Comde las Indias, origen ésta a su vez del do- pañía de las Indias, y según me ha, transminio británico en ellas, y motivó de un mitido la tradición y los papeles familiares, admirable Ensayo de lord Macaulay so- fuentes ambas históricas dé éste auténtico bre lord Clive, quien, de simple agente de episodio, don Francisco, gracias a su, inaquélla, habría de convertirse en conquis- fluencia obtuvo los correspondientes patador genial- del Imperio que Inglaterra sajes en él navio inglés, y enéi se embartan lastimosamente acaba de perder. Vein- có a fines de septiembre dé aquel a ¿o de te años después, una nueva Cédula regia, 1818 con su esposa y su hijo Manuel, niño fechada en Madrid a 10 de julio de 1805, de nueve meses tan sólo y en plena lactanreorganizaba la Real Compañía de Filipi- cia aún. Pero aquí surgió un conflicto con 1 nas, poniéndola bajo la personal protec- el que no cóntatóa mi irascible antepasaxíón del Monarca; Carlos IV, y el mando do: el ama, dé leche, uña india mestiza, efectivo de Una Junta de Gobierno pre- asustada de la larga travesía que la éspe- r sidida nada menos que por el secretario raba, se negó terminantemente a acompade Estado y del Despacho universal de Ha- ñarles. ¿Cómo amamantar al niño en el cienda. Tras no pocas dificultades y tro- curso de ella? i Mi bisabuelo no se arredró: piezos, nacidos de nuestras guerras, la Real! hi o comprar una vaca de leche y los pienCompañía de Filipinas desarrolló una la- sos aecesáriós, y metió todo en el navio bor muy activa y meritoria; fletó navios, también, el cual a los pocos días se hacía abrió Agencias en el Extremo Oriente, im- a la vela con rumbo a Inglaterra. pulsó el comercio de las islas, con 16 cual No la cifra dé sus negocios llegó a la suma de tos o Constan en los fastos familiares danoticias esta primera del 150 millones de reales, cantidad considera- marítimo viaje de mi abuelo, sinoparte dode qué, ble y excepcional para aquellos tiempos. blando felismerite el cabo de las TormenEn virtud de la Real Cédula de funda- tas o de Buena Esperanza, y tras de dos ción, la Compañía tenía en Manila otra o tres meses de navegación, tiempo- acosJunta de Gobierno, delegada de, la de ftfcsi- tumbfatío para ella según los vientos que drid y presidida por el capitán general de soplaran, él navio arribó al: puerto de la las islas, asistido de un director con ple- isla de San a Elena, para repostarse y pernos poderes para manejar los fondos y ne- manecer algunos días allí. Allí también, en gocios sociales. En los comienzos del pa- aquella isla rocosa e inclemente, se ñallasado siglo XIX ocupaba este cargo, no sin renunciar antes a la secretaría de nuestra Embajada en Rusia que se le había ofrecido, mi bisabuelo materno, don Francisco Mayo Barrera, nacido en 1767, y que en 1815 casó con dona María Isabel de la Fuente y Salamanca, de cuyo enlace vino al mundo mi abuelo don Manuel Mayo de la Fuente en la ciudad de Manila, el 20 de enero de 1818. Todo parecía sonreír a su padre don Francisco, cuando un suceso inesperado torció elrumbo de su vida, El carácter oficial de la Compañía, uñido al gran volumen de sus negocios, hacía de su director en Manila personaje muy importante y respetado, con el consiguiente derecho a ocupar en los actos públicos pues- DIARIO 1 VUS TRADO DE I NFO R M GI N GENER A L l M D DE COMO MI ABUELO VIO A NAPOLEÓN ba confinado o mejor dicho p r e s o Napoleón, el Césjar de tantas viotoriás, pero Vencido ya y en poder de Inglaterra- con su reducido séquito, y al frente de él el general Bertránd, sostenido con la quimérica esperanza de que algún día alguien vendría a devolverle la ansiada libertad. Desembárcadp mi bisabuelo, con los suyos, metiósele en el magín una idea extraña y peregrina. La fama de Napoleón llenaba todavía el mundo; cuando muriere y pasaran los años, ¡cuan grande. sería el orgullo de aqueilos que pudiesen afirmar que le habían visto! ¿Por qué no lograr este recuerdo privilegiado para su hijo? Y dicho y hecho; puesto al habla con el gobernador de la isla, sir Hudson Lowe, aquel odioso personaje, que ha pasado a la Historia con el estigma de carcelera de Napoleón; debió de exponerle su deseo. Deseo, ál parecer irrealizable, porque las instrucciones del Gobierno inglés eran severisimas y rigurosas por demás sobre la incomunicación del Emperador con el mundo exterior. Nadie fuera de sus servidores pqdía acercarse a él. Pero tanto insistió mi bisabuelo, que, en atención a su categoría, sir jLowe accedió a la siguiente fórmula a fin de que se pudiesen cumplir sus tenaces deseos. Todas las tardes, después de almorzar, Napoleón daba un paseo, en un principio a caballo, luego en una calesa, y cuando se cansó de estos transportes, sencillamente a pie. Así lo relatan el conde d las Casas en su célebre Memorial y modernamente el más erudito historiador de su cautiverio, Mr, Octavio Aubry. Kn todo el trayecto de su recorrido, -i Simétrica distancia unos de otros, había soldados inglesespe centinela, y a fin de defenderles delasMvias torrenciales que con frecuencia azoW. ban la isla, se habían levantado unas rústicas garitas, abiertas por la parte que daba al camino seguido por el Emperador. Pues bien, de asuei- do con esta fórmula, y para cumplir los propósitos de mi bisabuelo, no. había más que llevar a su hijo a una. de estas garitas a la hora del paseo de Napoleón, uára qus desde al! i le pudiese fácilmente ver. Y así se hizo: llegó la hora acostumbrada del paseo; poco antes la niñera apostóse con el niño en una de las garitas: pasó el Emperador, y la tradición íartíiliar egura que la fámula levantó a jai abuelo s: i sus brazos para que se fijase en Napoleón, y hasta agrega aquella tradición que este se detuvo un instante e hizo al niño una leve caricia. Y de esta forma original, rii abuelo, aquel niño que con los años sería diputado a Cortes, director geusrfcl. fiirp. nciero, amigo de Salamanca y adversario de Elduayen, con quién ss batió en duelo, y a quien el regusto de su primer viaje marítimo, le hizo, sin duda, tan apasionado de ellos, que recorrió toda Europa, -llagando hasta Finlandia, Moscú y Nijnii Nóv -nd. pudo decir orgulíosaménte y con verdad que había visto a Napoleón. Agustíii Qi D E Á M E Z Ü A le lo Kealácáíemio de la Historia