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SO- D E P U D L I C A C i O h E S PECIEMTES tos libro y sus autores, o través de las notas de información y la crítica de A B C Crítica y glosa LA CRISIS DÉ 1 ÜROPA el duque de Maura COMERCIO Y DIVISAS POR ANj 7 T 0 N I 0 DE MIGUEL -Con un prólogo del ministro de Comercio, D. Manuel Arburúa de la Miyar. aparece el libro del consejero de Economía Nacional D. Antonio de Miguel, titulado: Comercio y divisas y que lleva como sübrótufo orientador del éxpíaVamiento del tema: Su estructura y ordenación en Europa Muestra el autor en sus páginas cómo la evolución experimentada por la activjpü comercial, tanto en sus internas eseíicias, comp en sus externas formas, proviene de causas prod u c i d a s en nuestro continente y, en consecuencia. Ka recogida en su trabajo los rasgos fundamentales de la citada evolución, sus orígenes, los resultados logrados y Jcfs frustrados- intentos, al propio tiempo que, brinda una primera medida de la p r es ion arancelaria en los. países principales de Europa. El interés del vo- Antonio de Miguel. lumen lo subraya el prologuista, lio sólo por el aliciente que siempre ofrece todo nuevo empeño expositivo- y analítico sobre la eternamente palpitante materia, sino por los sesgos originales del valioso estudio del Sr. De Miguel. Así escribg. P. Manuel Ar ourúa: En este libro se han sabido localizar certeramente las fuentes originarias de la evolución del Cor mércio y, aprovechar las enseñanzas que se desprenden de la misma. Europa ha sido, n efeoto, la, creadora de la ortodoxia comerciáil y la, mantenedora del equilibrio mercantil en el mundo entero, manejando con tirio y, discreción- -mientras ha podido- -las dos palancas, rectoras de la política comercial, el libreéambismo y el proteccionismo, y utilizando para ello las armas legítimas iel Arancel. Pero ha sido también- -contlIiúa- -eí loco creador de todos los cismas y discordias- en materia comsrcial, y la inventora, en fin, de todas las fórmulas heroicas del intercambio, llámense contingentes, compensaciones; ¿lea rings uniones aduaneras, dumpings bloqueos, guerra- s de tarifas, etcétera. Después de apuntar otras virtudes del tomo que nos ocupa, se comulace el Sr. Arburúa en ponderarlo como meticulosa labor de recopilación histórica y doctrinal, que, expuesta con sencillez y claridad, contribuye a dar una idea exacta de lo que el libro promete en su titulo... Ha dividido D. Antonio de Miguel su obra eü dos grandes partes; consagra la primera al Coir. srcio, y a las divisas la segunda, concluyendo con una vasta bibliografía, de incuestionable utilidad para el lector, y con tres índices: el de materias, otro nominativo y de autores, y el tercero, geográfico. Si no gozase el autor de Comercio y divisas. -Su estructura. ordenación con Europa de una olida reputación como economista, sería suficiente el vs. sto y trascendente ensayo que asaba de publicar, para ganarla con creces. MEDITACIONES BÍBLICAS DE V D; ALEJANDRO MARTÍNEZ GIL 1 Es el de Meditaciones Bíblicas un título gífheral para los diversos tomos que prometen seguir a este primero que contiene los comentarios del autor, D. Alejandro Martínez Gil a la Carta- de San Pablo a los galatas rótulo especificador que se emplea cómo, subtítulo. Desde hace die años, D. Alejandro Martínez Gil ha venido brindando en la Capilla de Hermandades Profesionales Católicas de la ealle de San Marcos, de Madrid, sus me f Ja sagrada Biblia, y de cn- ON referencia a la Europa que conociera en las postrimerías del siglo XIX y los comienzos del XX el duque de Maura escribe: Fodíasela recorrer casi entera, sin proveerse de pasaporte ninguno. Son éstas 4 a palabras iniciales de su reciente bro La crisis de Europa y bastarían a hacernos ver la situación 1 de absoluta, normalidad en que entonces se hallaba este viejo y prestigioso solar, tan removido hoy, temerosamente parcelado por zanjas y vallados que dificultan todo acceso. Y nada digamos del telón de acero, que hace imposible la comunicación de parte a parte. Al mirar el duque de Maura hacia atrás, no busca motivos o pretextos para en tregarse a la nostalgia. No sería el historiador que és en grado sumo si no viese en las vísperas de la Gran Guerra, la de 1914, el estribo del puente que nos sitúa, pa. sada ya la. segunda conflagración, en la peñascosa orilla de hoy. Al lado de allá, quedó, en efecto, una Europa, relativamente homogénea, en cuanto a formas de gobierno, sin otras Repúblicas que la fran cesa y la- suiza, con las causas de desavenencia internacional disimuladas, más que suprimidas, por una hábil diplomacia, y la amenaza. revolucionaria del. comunismo, frustrada eja su primer conato: Rusia, 1905. Se justifica, pu ¡es, i la metáfora del autor, por la que, a j r, opqsito d. e; los halagüeños augurios. del nuevo siglo nos habla del espléndido arcó iris que, arran cando de las islas británicas, se curvaba majestuoso sobre, los Imperios Centrales e iba a posarse en el otro extremo, sobre el confín asiático de la Siberia inhóspita, cobijando así en su totalidad al viejo continente, rector indiscutible- del universo La actual crisis de Europa es la resultante de las que, claramente localizadas, se han venido produciendo y agravando en todas y cada una de las naciones de nuestro viejo mundo, por razones diversas. El duque de Maura examina los casos respectivos con el doble instrumental de su cultura y de su propia experiencia. Queremos decir con esto que nada hay de libresco en La crisis de Europa y sí mucha información vivida y juicio personal. De ahí la espontaneidad y la viva- Duque de Maura. cidad que enriquecen con nuevos matices el clásico tono de esa prosa historial que tiene un maestro en el duque de Maura. Desde el punto 1 de vista en que le sitúan, no sólo sus lecturas, sino también los viajes y el trato directo con hombres y cosas, el duque de Maura nos dice, por ejemplo: El des, arme, la neutralidad, la autarquía económica, la soberanía nacional, el derecho de los pueblos- a disponer de sí mismos, todo el bagaje y el mensaje del nacionalismo, están pareciendo a los jóvenes de hoy tan arcaicos como parecían a los de mi juventud los del romanticismo, pasados de moda porque estaban viejos, y todavía no prestigiosos, porque tampoco habían comenzado a ser antiguos. Hacemos esa cita en atención a su utilidad para hacernos ver cómo, en efecto, la actitud de la, generación recién llegada a la vida, difiere- radicalmente de la anterior: generación que es, por cierto, la llamada a resolver la crisis de Europa, o a intentarlo, por lo menos. La historia le ha conferido, sin duda, misión tan ardua, y no poco contribuirá a facilitar su cumplimiento el pragmatismo que es peculiar, en mayor o menor grado, de los jóvenes de hoy, y que el propio duque de Maura reconoce cuando, sagaz observador, escribe: La fe ciega en la virtud! intrínseca de, cualquier institución fundamental- -sea República o Monarquía- -tiene ya muy pocos devotos. Precisamente porque se trata de formas, el contenido las cualifica, y así ha podado darse el fenómeno de que las constituciones de los Imperios ruso, alemán y austríaco resultasen tan inadecuadas a sus respectivos, paí- ses como las de Portugal y ISspáña, en su! caso, si bien por razones opuestas. En la Península Jbéripa- -dice Maura- el criterio libérat de los legisladores se había adelantado desmesuradamente a la educación política de los ciudadanos; en aquellos Imperios, por el contrario, la ley fundamental estaba quedando vejatoriamente rezagada respecto al progreso cívico perceptible entre los elementos dirigentes de la nación. El duque de Maura no es pesimista, en absoluto, respecto a la reconstitución de Europa, que, a su juicio, no se siente decadente, sino desmoralizada Esto es, la Europa propiamente dicha, la no soviética El distingo es esencial, porque mientras del lado de ara del telón de acero, Europa se recupera, del lado de allá acecha el ingente peligro comunista. Contra él, sólo abe. la defensa a toda costa, militar, política e ideológica, por parte de una Europa uniñeada por el principio federativo y monárquico, tal como Maura lo concibe: unidad de poder frente a la dispersión democrática, proclive a excesos demagógicos. No cree verosímil el autor que la Rusia comunista cambie de actitud y modifique sus relaciones con el mundo civilizado. Más bien estima que frene un tanto a Stalin la lección recibida por la onerosa victoria de 1945 contra el eje Roma- Berlín- Tokio. De todas suertes, el comunismo no abandonará su aviesa táctica, solapada o descubierta, y Europa tiene que vigilar y prevenir: federarse o perecer Muchos son los temas que lama el duque de Maura en La crisis de Europa a la pública discusión, desenvueltos con matizado aire literario. M. FERNANDEZ ALMAGRO De fo Real Academ Española. c tre sus asiduos oyentes surgió, ss formó y consolidó un Comité que se denominó Paulüs Ese Comité ha creído que las palabras del culto presbítero no debían perderse, no obstante haber sido oportunamente retrans- mitidas por radio sino que era necesario que alcanzaran la debida permanencia íía el libro. Con tal idea patrocinó el, volumen que ahora nos ocupa, y que, en re, lidaS, representa, una magnífica obra- difusora de lo que ningún católico debe deseonocer, -y, muy esjpecialmente de acuello sobre lo (J ¿e debe meditar. Abre- el tomo un ca ítulq Flan general del curso en el que D. Alejandro Martínez Gil explica la importancia extrema de 1 Carta de San Pablo a los galatas ya qu restableció y encauzó una desviación podía haber sido peligros pasa la