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A BC V I E R N E S 25 DE ABU- IL DE 1952. EDICIÓN DE LA MASABA, FAG. 17 política internacional; la apertura de nues- r tras Universidades a. un número creciente de alumnos no sólo, españoles, sino también hispanoamericanos, árabes y aun Üe, algún país europeo; el afán firmísimo de nuestras juventudes obreras de adquirir una formal ción profesional más alta; todas éstas realidades innegables y todos estos signos esperanzadóres del crecimiento nacional... nos imponen la insoslayable carga de incrementar, en Ja medida dé nuestras posibilidades, la proporción de los recursos económicos que se empleen en el perfeccionamiento de los centros docente y de investigación y de todos los órganos que contribuyan a la cultura de nuestro pueblo. Asi, las generaciones que vengan después de la nuestra tendrán que agradeceros, señor, no sólo, el número impresionante de metros cúbicos. de agua em- balsada y difundida luego por nuestros regadíos, o de kilovatips- hpra. que muevannues- tras máquinas, o los centenares de kilómetros de vía férrea y de autopistas que ¿áciliten nuestros transportes, sino, sobre todOj el número de inteligencias y dé voluptades que hayan sido iluminadas y fortalecidas por el esfuerzo que vos, señor, y vuestros Gobiernos hubieran realizado para que el pueblo español vuelva a tener en sus manos, como en sus mejores siglos, la insignia capitana de la cultura de Qoc- idénte. tas. cifras qué antes leí. Mas si. podemos tomar. ocasión, dé ésos juicios- pensembs sobre todo en las demás, necesidades urgentes que el. Estado debe cubrir en cualquier otro 3 e los aspectos de la vida- nacional. Igu altaente en el orden; por ejemplo, de ias publicaciones, Hemos de preferir siempre la calidad a l a cantidad; reajustar, en la medida en que no dañe ál. propio trabajo científico, el número de revistas; fomentar la concisión; restringir lo que sea inateria de pura curiosidad histórica o de actividad ensayista o de generalizaciones divulgadas. Incluso Hemos de aspirar a que la producción editorial del- Consejo- -y así, se. -ha, decididoen e te, mÍsmp, pleAO tieii 4 aJa, siib, sistir por sí misma, como la proSucíión -dé material científico, de aparatos oí Instrumentos para, la docencia y para 1 a investigación. Siempre el Estado- ¡único verdadero Mecenas que va quedando en el mundo! -tendrá que asumir la carga, al menos inicial, de aquellos gastos indispensables para la edición de obras científieas o para la construcción de aparatos valiosos que, por su coste o por su falta de rentabilidad, queden abandonados por la iniciativa privada, de índole comercial. Pero sin que ello exima al Estado mismo de emplear criterios económicos en todas las actividades que acometa en interés mismo y como garantía de su estabilidad. LA COLABORACIÓN SOCIAL Tercero. Colaboración social. Demos un tercer paso en este somero análisis. Porque noba stará con aumentar en la medida de lo posible los recursos que el Estado consagre cada año a la obra de la investigación, ni tampoco ordenar, según la jerarquía de su valor y apremio esas inversiones. Será trie- hester, además de todo- esto, d despertar cñ toda la órbita nacional un afán de colaboraciones. En ¡la órbita- nacional digo, y aun diría en la internacional, pensando sobre todo en ésas tenaces y ejemplares colectividades españolas de. Hispanoamériéa, a las que cordialmente llamamos, para que contribuyan á nuestro esfuerzo. Expuso el Sr. Ruiz- Gimériez las medidas adoptadas por Francia; efi 1948; Italia, en igijal fsctia; Alemania, cuatro años más tarde, y posteriormente, por Holanda, la India, Japón, Filipinas y. otros, países, incluso Estados Unidos e Inglaterra, para crear centros de investigación científica. La creación, pues, en Esjpañá dé nuestro Consejo Superior de Inyestigaciones Científicas en el año 1939 es- -rdedujp- -una nueva confirmación, y coniirmación espléndida de la agudeza con qué Vuestra Excelencia supo intuir a tiempo las- mejores rutas del progreso histórico. V. Pero si el Estado no puede rehuir, esa carga debe, en cambio, compartirla con! os distintos grupos o. ectores sociales á quie? nes muy directame nté interesa e- incumbe. Con razón ha escritó el f rofesoE, Ajbareda- -ejemplar secretaíio de. este Cólisejó- -ejue la investigación: científica; no puede ser mpr nopoíio de nadie, sino írutó de Ja cpnjuga- ción dé todos los esfuerzos. El del Estado debe ser alentado y ¿pfflpartido por nuestra sociedad, con demasiada frecuencia indife rente a tareas dé este tipo. Ya hay elogia bles eitcepciones tales como la coíitribuciótí. de varias empresas al Patronato Jtlan de la; Cierva, o el ejercicio de importantes mécé nazgos privados, -cpnio las fundaciones Ur- quij o, Valdecilía y otras ánálpgas. Pero, confesémoslo, no pasan de ser esfuerzos iniciales y perspectivas esperanzádéras. Vale la pena, pires, aprovechar esta sbleiii- rfe ocasión para hacer iíh llamamiento á nués- tras grandes empresas industriales, a nuestros terratenientes. con cónclefícia social, a nuestros financieros, para- que, a. nálogámente a cpq O en otros países los Ford, Farben, Merck, Tiockféller. acudierañ generosamente al montaje y desenvolvimiento de la investigación científiüa -también en: España otra legión de hombres ilustres se li ué al crecimiento de nuestra Cultura. LA INVESTIGACIÓN DENTRO Y, FUERA DE LA UNIVERSIDAD Í Toquemos, por último un aspecto ya. sagazmente definidoen iiuestras leyes, perqsobre el pual: toda insistencia es, escasa. Me refiero al de la vinculación, orgánica entre la Universidad y los InstítutbS; de Investigacióii de nuestro Consejo Superior. Tanto. la Ley fundamental del Consejó, como Ja dé Ordetja ¿ióri Universitaria, mar- carón con acierto eéá conexión. No preten- do volver ahora de modo teórico sobre este tema, qué ya ha sido objeto de agudo ariálisis en las páginas de 5! Revista A rbor y en la bella obra del profesor A ba. r? áa. -Cotiside- raciones sobre la Invesliqaciók Científica- -a que antes hice merecida mención. Ño puede cabernos duda de que la investigación ha de. estar, dentro ¡y fuera de la Universidad. -La Universidad, no puede des- entenderse de la inveátigáció n, qué és una de sus funciones, aunque no la primaria y supre- ma. Tampoco puede aspirar- a mptiopolizar, las tareas investigadoras, ni hienos a dificultarlas. Hay determinasdas formas de investigación dentro de la i Uñiveísidad- -formas iniciales, como las prácticas ¡enílás distíntai ri KÍ: i: i. S) Til! O l ¡Í V INTENSIDAD; MAS QUE EXTEN SION Segundo. Intensidad- más que extensión. Ño renunciamos, pues, a ese panorama dé ampliaciones y de conquistas nuevas, Pero, conscientes de la necesidad; de atempera A ios al ritmo que imponga el grado de desenvolvimiento de nuestra- riqueza y la ordenación de nuestra Hacienda pública, hemos le tener la voluntad ascética. de renunciar ji lo superfluo, o, al menos de jerarquizar nuestras urgencias. Venga aquí, otra vez, la voz aguda de nuestro Baltasar Gradan: Pagarse más de Intensiones que de extensiones. No consiste la perfección en la cantidad, sino en Ja calidad. Todo lo muy bueno fue siempre poco v raro: es rles. védito lo mucho... Estiman algunos libros por la cor- pulencía, cómo si se escribiesen para ejercitar antes los brazos que los ingenios. J, a extensión sola, nunca pudo exceder de medianía y es plaga de hombres universales, por, querer estar en, todo, estar- eri nada. La intensión de eminencia y heroica sí en materia sublime (Oráculo Manual) Recogemos, pues, su advertencia. Coticen tremos gradualmente nuestros esfuerzos so bre los objetivos esenciales. Además, habremos dé cargar el acento so? r bre aquellos aspectos de lá áctivídad investigadora que más Valiosos resulten en el actual momento histórico. Y, ello no con criterio pragmático y utilitario, sino de objetiva valoración. 1 No se trata tanto de suprimir Centros e instituciones, cuanto de reajustarlos, reordenar su estructura en búsqueda de su mayor eficacia. No queremos política suntuaria para la Universidad o para cualquiera dé Jos otros Centros docentes, ni tampoco, claro está, para la investigación. Entiéndase bien: si un mínimo de bienestar económico es necesario- -según el doctor Angélico- -para jue rl hombre ejercite la virtud, también un mínimo de dignidad y de bienestar material se requiere para la obra dé la Cultura. En espinelas desvencijadas, en laboratorios desordenados, en Facultades universitarias sombrías o en despachos sin aire ni luz, no tiene fácil vuelo el espíritu. Una cierta etapa de construcciones materiales, dé levantamiento dé edificios, de perfeccionamiento de instalaciones era necesaria y sigue siéndolo en toda la ancha faz del territorio nacional en lo que a la docencia y a la investigación concierne. En este aspecto resultan desorbitados ciertos juicios discrepantes que se, ha an podido dirigir. Basta refleionar sobre FATDHA 13 DE MAYO Magnífica excursión en autocar para asistir a las festividades religiosas. Visitando OROPESA, ELVAS, LISBOA, ALCOBACA, FATULA, BUSSACO, GUARDA, CIUDAD RODRIGO, etc. SALIDA: 10 MAYO PRECIO: 2.100 PESETAS. 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