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El Real Instituto Industrial funcionó durante diecisiete años (1881- 1868) en parte del convento de ta Trinidad. Esto convento ooupaba el amplio espacio limitado por Atooha- Relatcres- Conoepción Jerónima y Tirso de Molina. Cien años de la carrera de Ingeniero Industrial Por Manuel Soto Redondo presidente de la A ociación Sacional de Ingtnieros Industriales. Director de la Sactiela Especial de Ingenieros Industríate de Madiid. L comenzar 1 siglo XIX el estudio de las ciencias de aplicación- -y sobre todo de las industriales- -estaíba en España en clara situación 4 e inferioridad. Preocupaciones de otra índole (sobre todo políticas) y una cierta volubilidad romántica en todos los terrenos del saber hacían Que las inteligencias españolas, fogosas e inquietas, apenas se fijaran en el camino silencioso que conducía al conocimiento de las técnicas industriales. Ante el indudable retraso de estas disciplinas, el Gobierno, en virtud de una Real orden de 1829, envió al extranjero algunos pensionados. Tres de ellos, don Eduardo Rodríguez, don Cipriano Segundo Montesino y don Joaquín Alfonso, obtuvieron su titulo en la Ecole Céntrale des Arts et Manufactures de París. Los dos últimos pasaron después a ser profesores del Conservatorio de Artes, creado en 1824 y situado en la calle del Turco, en lo qus es hoy Real Academia de Jurisprudencia- Indudablemente, de estos idos. precursores ¡nació la idea de la creación en España del ingeniero industrial. El 4 de septiembre de 1850, ¡reinando Isabel II, el entonces ministro de Ccxei cio, Instrucción y Obras Públicas, don Manuel de seijas Lozano, promulgó un Real decreto por el cual se fundaba en Madrid el Real Instituto- Industrial y se creaba el título de Ingeniero Industrial Es lástima no poder dedicar algún espacio al estudio de las enseñanzas que se establecían en dicho decreto en sus distintos gra- A dos: Elemental que se cursaria en los Institutos de primera clase; Ampliación en las Escuelas Industriales de Barcelona, Vergara y Sevilla, que se crean con éste fin (en 1855 se crea otra en Valencia, y en 1855 y 36 se adapta a ello el antiguo Real Instituto Asturiano de Gijón, obra muy querida, de Jcvellanos) y Superior cuyos estudios se harían solamente en el Real Instituto de Madrid. La vida gubernamental de España, en equslla segunda mitad del siglo pasado, estaba sometida a una alta presión política y a una bajisima presión económica. En un momento de dificultades, ante la necesidad de hacer economías en el presupuesto, el ministro de Fomento, señor Orovio, suprime en 1867 la consignación para el sostenimiento del Real Instituto Industrial, y éste desaparece. Desde 1857 funcionaban ya las Escuelas de Ingenieras Industriales de Barcelona, Vergara, Valencia, Sevilla y Gijón. Después de muchas vicisitudes fueron desapareciendo todas ellas, y en 1867 queda solamente la de Barcelona. Esta situación se mantiene durante treinta y dos años, hasta que en 1809 se funda la de Bilbao, y en 1901, el conde de Romanones, ministra de Instrucción Pública, restablece en Madrid la Escuela Central- de Ingenieros, industriales. Como es natural, a partir de 1850 los ingenieros industriales han estado presentes siempre en los avances de nuestra industria; proyecto y construcción de la primera locomotora española, en 1884; el pri-