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DIARIO ÍLUST RAE) O E i N F OÍ M A C G ENE iR A. L ON DIARIO I L U S TRADO DE INFORMAGION GENERAL palda recta del jaguaí de piedra roja, con. ojos dé jade, de la pi- rámide de Kubulkán, para arrancarnos el corazón, o al Cenote Sagrado de profunda agua inmóvil y verdosa, sin espuma ni reflejo, como un espejo de poco azogue. Los Mayas fueron un pueblo parásito del maíz, el trigo de América. Lo sembraban superficialmente, arañando el suelo con sus varas de sembrar, que eran como una adivinación del arado. Había antes que desmontar el bosque, quemando los árboles; la roza. Y sembrarlo en la época de las lluvias. Pero allí residía el gran secreto. Todo poder se reserva a los iniciados; cuándo el gran secreto se socializa, se comunica, surge la anarquía y se destruye el imperio. Sobre el maíz anaranjado, construyeron los Mayas su Calendario para ore. decir el tiempo de las lluvias. Sobre este Calendario, plateado por la astronomía surgieron sus dioses. Los sacerdotes Mayas, eternos observadores del cielo a ojo desnudo, como los caldeos y babilonios, fabricaron un calendario exacto, pero secreto. Se componía de dieciocho meses de a veinte días, total trescientos sesenta días, más cinco días (como nuestro gregoriano) que eran nefastos y no tenían nombre. Cada cierto tiempo hacían. también lá corrección del año bisiesto por medio de la llamada Serie Secundaria. Pero al pueblo le predicaron, según parece, un calendario lunar de trece meses de a veinte días, con un. total de doscientos sesenta días, un calendario sin estaciones y con él cual desorientaban, a ¡as, masas. Los sacerdotes, en cambio, sabían exactamente cuándo comenzaba la época de las lluvias. Entonces, sobre un simple secreto astronómico, montaron su gran ópera trágica. Era preciso atraerse a, los dioses; anegar bellas doncellas en el Cenote Sagrado para que celebrasen húmedas y terribles nupcias con el elefantino dios de la lluvia; verter la sangre en honor de los dioses sedientos, para que humedeciesen las siembras de sus milpas o campos de maíz. No hay que escandalizarse demasiado. ¿Qué ideología, llámese comunismo o democracia, liberalismo o imperio, no posee su calendario secreto? Pero ya está dando el gran so! dorado, sobre el templo de Las Lechuzas, donde vemos calaveras con la bóveda de hueso abierta, donde se depositaban las cenizas dé los propios cuerpos de estos hombres, literalmente enrollados sobre- sí mismos. No es el momento de las reflexiones. Porque canta entre las ramas el clarín de los bosques y salta, inundado de soi, ese pájaro bellísimo llamado yaya que estí todo vestido de naranja y de luto. Agustín de FOXA Conde de l oxíi s S a s o m b r o s o -4 comprobar cómolos Mayas, que técnicamente se. encontraban en la Edad de Piedra, pues no habían descubierto los metales, y cuya escritura, ideográfica estaba aún lejos de la fonética, llegaron, sin embargo, a la concepción, dificilísima, del Cero, más de mil años antes que Europa, donde lo introdujeron los árabes, rapiñándolo de la ettítura de la India. Lo hemos visto en Chichen Itzá, en él dintel de esas puertas cubiertas de hongos microscópicos, de saludables penicilinas ignoradas (que mellan hoy la guadaña de la muerte) en su admirable- numeración de posiciones, entre los jeroglíficos, sin piedra de Roseta, todavía no descifrados, desde donde nos telegrafía, con S. O. S. desesperado, su cultura, hace siglos zozobrada definitivamente en los mares de la Historia. El Cero Maya no es redondo; con imagen moderna, deportiva, diríamos que tiene lá forma elíptica del balón de rugby. En realidad, reproduce el caparazón de la tortuga. El Cero es a la- matemática lo que la rueda a! a mecánica. Lo ignoraron los griegos y los romanos. Es una gota de nada, y al mismo tiempo de infinito. Para escribir los números romanos hay que hacer dos operaciones: sumar y restar. Los Mayas únicamente sumaban, por medio de puntos y rayas (en un rnorse prematuro) hasta el número ig, en el que aparecía el Cero para formar el 20. Su sistema era vigesimal, acaso porque sus padres, en aquellos climas cálidos, anduvieron descalzos, y vieron, además de sus manos, los números carnales de sus pies, mientras que nuestro sistema decimal se fijó, avara y únicamente, en los dedos de 3 a mano. Sus números variaban de valor según su posición, que no era como la nuestra, horizontal (el cero a la derecha aumenta dies y a lá izquierda nada) sino dé abajo a arriba. También, aislados en medio de una. América bárbara, descubrieren, por su propio esfuerzo, la bóveda, la cual, ausente de lá Acrópolis de Atenas, nos dio el regalo lineal del Partenón. Mas su bóveda no es redonda, como la romana, ni- encella trabaja continuamente, corno un obrero stajanovista, la clave sosteniendo a las otras piedras. Su bóveda falsa, angular, de piedras saledizas, se apoya en piedras en forma de bota, a cuyas puntas se adicionan pesos, cornisas, masas arquitectónicas, para evitar su derrumbe. Para fabricar sus admirables templos movieron piedras megalíticas, por medio del rodillo, preñado dé infinitas ruedas no- nacidas, pero no concibieron el eje Centre dos círculos. Tal vez les faltó el estímulo del buey o dsl caballo, colaboradores esenciales de la rueda. La única rueda de América está en el Museo Arqueológico de la ciudad de Méjico. Dos mañanas gasté entre sus dioses decaídos, hasta que 1 a hallé en el piso segundo, donde se exhibe la réplica de plumas de Queztál, de la diadema de Moctezuma, cuyo original s conserva en Viena, porque los Habsburgos, dueños del mundo- -Félix- Austria- mandaban, indistintamente- a Viéna o a Madrid, los despojos de las viejas civilizaciones- que sometían. Estas ruedas no mueven a un orgulloso carro de e guerra, sino al humilde juguete de un niño olmeca un perrito, con cuatro ruedas de barro cocido, color de teja, al cual se ataba una cuerdecilla de algodón para tirar de él. En el calendario Maya hay una fecha misteriosa, que nunca se sabrá, y que marca el nacimiento de una Era. Se escribe así: 1 3 o o o o 4 A han 8 Cumhu, y eauivale ál 4 de octubre de! 337 antes de Cristo. ¿Qué Hegira o huida de Mahoma, qué nacimiento de un Mesías, qué peste o abandono por hambre de las ciudades, marca esa fecha fundamental, a partir de la cual empezaron a contar su tiempo? Acaso, indica el día en que una ráfaga bienhechora de viento cruzó al Teocinte, el premaíz, con alguna gramínea silvestre, originando el maíz moderno, base de su estabilización y de su cultura. A las seis de la mañana hemos ido con nuestro guía a visitar el Chichen viejo. Era una mañana fresca y luminosa y de un tierno rosa, aun con islotes de nubes azules, como una transición entre la noche y el oro resuelto del día. Triscaban entre los arbustos tímidos venados de largas orejas, de ojos aterciopelados de mujer. Y las- iguanas se movían estremeciendo a los hojas caídas. Allí se alza el templo de los Niños, donde se iniciaba a los jóvenes en los secretos del amor y se les quitaba la concha incrustada en la cabeza, que era como símbolo de inocencia. Lá tosca escultura hace más agresivos y expresivos a estos símbolos que las pinturas secretas, de Pompeya, ocultas por celosías de madera, y que sólo abren los guías a las turistas americanas, previo el permiso de sus maridos, y tras algunos dólares, multiplicados fabulosamente en miles de liras. Entre las ruinas de otro templo, nos ha explicado el guía (que aunque católico fue también bautizado en el viejo rito de sus antepasados) el calendario Maja, imitado después por los aztecas. Es maravilloso desmontar a una civilización como a un reloj, o las piezas de un meccano sin. miedo a fronteras, aduanas, -policías, guerreros, reyes, sacerdotes y caciques. Este secreto, que ahora nos -omuntcan, nos hubiera llevado hace siglos a la es-