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D IAR JO IL UST RAD O DE 1 NF 0 R M A CI ON G ENERA L t Jr gUfOS MmJf DjARlO ILUSTRADO p j M N F OR M A C I Ó N GENERAL SI se le ha perdida yo te dacé dos, utía t ara I Nlrto y otra jjapa vos. O he oído muchas veces que España es un pais de sorpresas. Y es verdad. Porque el ser español le puede a uno deparar situaciones tati sorpresivas como! a áé haber acido en la concha fosada, aun caliente, dei seno volcánico que la engendró, dé Valparaíso, Junto al Pacifico, el Ande di fondo cotí su nieve y su fuego, Valparaíso cari sus siett ceños. Valparaíso cotí su aire andaiuss, entre de Almería y de Málaga, también con sus viñedos y sus uvas y su dulce malvasía. Y, eso si con sus rancias familias vascas y montañesas, familias patricias, en las que por menos de nada se tiene un bisabuelo virrey y se tiene un pariente que es cacique m el Aíaúco y tiene un sonoro apellido de las Cuatro Villas de la Costa de Castilla. Chile está en el fondo de mis teeuerdog casi como un paisaje submarino, entrevisto, medio en la memoria, medio en el relato, difuso y pulverizado por una brume, en la que se muevan precisiones netas: la deltobispo en una roche de terremoto acogiéndonos en su tienda de campaña con bendiciones y té caliente la de ttii padrino, que era presidente de los bomberos voluntarios (la bomba española) en que figuraban, para los casas catastróficos, tan corrientes, los mejores motos del patriciado porteño. Se llamaba Enríqua Campuzano, era de forrelavega y tenía unos ¿toncos de caballos que llamaban la atención entre Moliendo (que por entonees habia fundado ya mi tío Fernando Cueto en la costa de Perú) hasta Valdivia, a la que ya lia- maban también por entonces, lps rotos 4 Faídifla remeámúo el acento de lo alemasíes, que poblaban la gran ciudad del sur. Los caballos de son Enrique eran una especie de orgullo de la costa. (La costa era entonces, aislada del mundo, una especie de isla de Norte a Sur larga, de millafes de millas, y estrecha, de poco más de dos. A Chile se le ilota todavía en muchas cota buenas su naturaleta insular y a ella debe el ser la más robusta personalidad de América y la más definida. También está precisado en mi recuerdo un Belén en pleno verano, con un calor tan 6 ranee, que terminé en aquel otrible seísmo que destruyó completamente la ciudad y hasta desfiguró sü paisaje cit undante, Un aire de humo y cercas ocultaba un sol bermejo y dramático, inclemente bárbaro, qué parecía que iba a abrasarnos y que nos quemaba los bronquios. Se acuerda uno de cosas increíbles. Por ejemplo, de una figurita de barro de San José, a la que Niña Doraíisa mi agala india, ie cantaba un villancico que recuerdo, yo que no recuerdo de memoria casi nada. Era un villancico virreinal, de cuando el apitan general se llamaba e! Y SEÑOR SAN JOSÉ, SARGENTO MAYOR sargento mayor. Decía así, estoy Señüh San José, Sargenta Mayor, abate batidera qué pasa el Seflof, Ü Señe pasa, nadie lo sintió, sola la batidera, 46 Niña Doraiisa era insignificante y dulce, silencióla y apasionada. La noche del terremoto ella fuá la casa, que habíamos abandonado, y expuso su vida para llevarle un chai a mí madre, que tiritaba de fiebre en la tienda del señor obispo. filia había armado el Belén con unas figuritas exactamente iguales a las españolas, sólo que el Santo Niño tenia la cara aceitunada y los ojos oblicuos, como un fo tito del puerto. La Virgen tenia trenzas negras, y San José, barbilampiño, gastaba poncho de huase y llevaba espuelas. La tileve era de ácido bórico v los Reyes magos cabalgaban en guanacos andinas. Miña Dofalisa. sabia muchas canciones para el Nacimiento, Por ejemplo, una variante criolla de un romance castellano muy conocido: Santa Ana, ¿por qué llora el Nifls? -Pat una muñían que se le ha perdido. Y otras muchas caneiohes villanas f sagradas, que habían dejado por hu ancones de la costa, pot- sus calas pfoitíndas, abisales, los fuertes soldados de Pedro de Valdivia, hijos del valor y de ia ternura, inocentes y ai- rotadores y que hicieron suspirar desde su rlttconeito a las abuelas de Niña Óoralisa cuando pasaban arrogantes en sus potros andaluces camino del austro indómito donde es- eraba Caupolicán con su maza y su rebeldía. Y con su valor que también hacia suspirar a las abuelas de Niña Doraliha que se han pasado siglos suspirando por alféreces de j e r e z de los Caballeros o por caciques de Talcahuano. Pero de todo el Nacimiento porteño, destruido por un terremoto, aquel San José con traaa de terrateniente ehülattejü me impresionó como nada, Nunca más veré una representación más patriarcal, más humana, más cercana al habitat circundante que la del joven patriarca. padre legal de Jesús, En otra facha, dé simple caminante tras un borriquillo, Niña Doralisa y sus hermanos indios no hubieran comprendido jamás que el Nifio Key hubiera podido ser preservado de! odio dé un cacique poderoso como Mero des, Ni hubieran comprendido el patra cinio del Santo Patriarca sobre el género humano y sobre la Iglesia. Aquella Navidad fue tremenda, El mar, el gran mar del Sur, se estrellaba contra la comisa de la costa, derrumbada a pique vados miles de brazas y ofreciendo a las olas un frontón gigantesco, pare cia que iba a tragarse ios montes. Finalmente, cuando habian ya pasado lo Keye Magos et sus guanacos, con sus rebozos de vicuña y sus cestos de dones, Valparaíso casi desapareció, El incendio provocado por la rotura dé las cañerias de gas consumió la nieve de ácido botica de liles de Nacimientos con una ¡lama violeta. Niña Dar altea que me habia enseñado los primeros villancicos, me htee oir la primera, nana, sin separarse de nosotros, con los pies hinchados, entei- eeida a n t e mi madre aspeada, La Kana era muy ingenua, No decía nada. Nada más que lo que se le está diciendo a los niños desde hace miles de años que no quieren dormir. Pero lo impresionantíí era aquella idea de San José, Sargento Mayor de los celestes Ejércitos, vestido de caballero criollo a pie, tocado con 1 gaíero de anchas alas y dis puesto a proteger de aquella guisa al Niño Dios. Y a Ni- ña Doralisa COH BU infere tan cursi y su alma tan inocente, también. Víctor DÍS LA SERNA Vlftéta iiaWdefia, por aleo