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DON JUAN PÉREZ ZUÑIGA, ESCRITOR FESTIVO E N la esquela que, años antes de morir, redactó, de su puño y letra, el más leído y popular de los cultivadores de la risa, en su época, bajo la cruz y el nombre, se leía: Escritor festivo, publicista, periodista, autor dramático, abogado, jefe de Administración de Hacienda, jubilado, con honores de jefe superior; presidente de la Congregación de Actores de la Virgen de la Novena, y de la Asociación de Cultura Musical, y vicepresidente de la de Escritores y Artistas; condecorado con la Medalla de Oro del Trabajo. 61 el orden de factores no altera el producto, indica, indudablemente, la importancia que a cada uno concede el in- yes; sotare el. sofá, enfundado para que no se raye la caoba ni se empolve el damasco, el Título, firmado por el Rey. Por entonces, también se murmuraba sobre la carestía de la vida, Y los precios que hoy nos causan risa, aven, para aquellas familias, tan serlos y relativos como son los nuestros... Juan Pérez Zúñiga gana sus primeras pesetas como violín de una orquesta. Casa con una pianista de excelentes dotes y claro porvenir. Se llama Aurora Maffei, y es una dama tan inteligente, que evita todo escollo al Sacramento renunciando a su arte. (Don Jacinto estrenará, en seguida, El marido de la Téllez Tres hijos. Un empleo en el ministerio de Ultramar. Colaboraciones en todas la revistas que aun no se llamaban de humor Trabajador infatigable y hombre de un orden perfecto para todo, deja reseñadas tal cantidad de actividades, que el simple enunciado ocuparía aquí el limitado espacio de nuestro ambiente taquigráfico. Viven, asi y todo, modestamente los señores de Pérez Zúñiga. Pero con buen humor y perfecta armonía, una tarde- -Carnaval de 1898- -están invitados a cierto baile de mucha importancia. Doña Aurora y su hija llevan varios días de preparativos. El escritor festivo llega a casa... Lleva la cesantía en el bolsillo. La Gace- Pérez Zúftfga eon su uttntfco vfoífrs de ta publica el cese Integro del ministerio j ingees. ¡de Ultramar; no tiene ya razón de ser. A don Juan la amargura se le diluye aquel ministerio en amor. Se encierra unos minutos en el ante la asiduidadmostró gran estrañeza del subordinado, pedespacho; redacta y fabrica el cartelito riodista además que aquí podéis leer, y, rebuscando en el Los críticos ropero, ise disfraza también... con la lectores, años yhablaron de su obra. Los años, verdad. Asi, vestida de cesante, va al bai- perfectamente seria- se divirtieron- -cosa y aun se repiten le con la mujer y los chiquillos, que en las ediciones de sus Viajes Morrocotudivertirse habían puesto, días y días, su dos la más popular de ellas. Libro donilusión. de la gracia de dos hombres- -Pérez ZúSiete años dura esta penuria económi- ñiga y Xaudaró- se funde en cifra de ca en el hogar del escritor. Cuartillas y amena distracción y humano esfuerzo, cuartillas... Cincuenta y tantos volúme- porque encierra muy valioso contenido de nes dejará publicados a su muerte. Y mi- gracia y de fantasía con base de auténllares de artículos, de cuentos, de poe- tica cultura. sías... Al cabo de estos inquietantes meDoce años han transcurrido desde que ses sin nada fijo en que la señora de la casa, ahora como entonces, se preocu- el hambre paralizó su corazón. Era ÚSÍ pa y sufre por la lncertidumbre de los un viejo guapo, arrogante, ameno, trabapresupuestos, la Reina Cristina firma la jador y serio. Bien merece, en el anivercredencial de Pérez Zúñiga, funcionario sario, la piedad de una oración y la grade Hacienda. Tan fiel cumplidor de sus titud de un recuerdo. Esperanza RUIZ- CRESSO deberes burocráticos, que un cierto jefe de Pérez Zúftlga y sus padres. teresado. Don Juan Pérez Zúñiga, si no olvidado, desvaído en el ritmo violento de esta vida con prisas, quiso, ante todo, ser escritor festivo Le desagradó siempre la palabra chispeante De los setenta y ocho años de su vida, sesenta y dos los pasa entregado al placer y al oficio de escribir. Cuando aun era Juanito- -dieciséis años- firma sus primeras cuartillas: Las ligas de mi abuela -novela de buenas costumbres- dos días antes de morir, temblorosa la mano, escribe sus últimos versos, que, en autógrafo, quedan reproducidos aquí. Nace, pues, en 1860. Muere, sin enfermedad, el 5 de noviembre de 1938. Innecesario recalcar la causa. Don Juan Pérez Zúñiga, cuya popularidad se ha forjado en los periódicos y en los libros sin apoyatura de matiz político, era demasiado viejo para estorbar a nadie- -aunque había hecho bien a muchos- Simple, sencilla, lamentablemente, se le escapa la vida... por falta de alimentación. Tiempos en que se contaba por reales y se hablaba de las Colonias. Familia de acomodada burguesia. Bachillerato. Le- Ultimo autógrafa de Péret perito tíos (tías antes de marte