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MADRID, DÍA 14 DE JUNIO DE 19 5 0 NUMERO SUELTO 50. CENTS. a M: LA FERIA DEL CAMPO A Feria Nacional del Campo, lia d pértado el más vivo interés. La iui merosa concurrencia que acude a diario es la más notoria señal de ese interés, que ya sería estimable aunque sólo fuera curiosidad. El más elemental instinto, él de conservación, basta para hacernos comprender la importancia del campo. Jtfi la industria, ni el comercio, ni cuaníopuede significar riqueza y prosperidad- en un. pueblo, existirían si el Campo no proporcionara las primera? materias de todo ello. Alimeritós, vestidos, lo necesario y lo superfluo, lo que ¡abriga y lo ique. adorna, todo, procede del campo. Los hombres de, las- ciudades suelen desentenderse de que sin él campo no habría, ciudades. Tanto sse desentienden, qué; la ciudad es el mayor enemigo del campo. La ciudad, atráyénté con su? co 1 modidades y esplendores, que despuebla los lugares campesinos, seductora de sus trabajadores y de sus propietarios, desertores dé la tierra madre, rendidos dé lu, chár por ella. Es tan disculpable la deserción! Vivir én el campo y. para el campo, trabajar para él, es. Un sacerdocio. Nada tan penoso, nada tan ingrato. Sobre ningún trabajo humano pesa tanto la maldición eterna: Ganarás él pan con el sudor de tu frente. De lá. frente y del alma. Nada tan desconsolador, tan desespe raíate, como el trabajo infructuoso, el trabajo perdido, y én ningún trabajo como en los del campo! se ve perderse en un día, en una hora; los afanes de todo un año. Destemplanzas de la Naturaleza, sequías prolongadas, hielos tardíos, lluvias a destiempo, pedriscos, vientos aseladores y las innumerables plagas enemigas. Sólo de- animales destructores de semillas, plantas, y árboles, desde las raíces a los frutos, podría escribirse un copioso libro de Zoología. Sobre los animales dañinos a toda, plantación, cada árbol, cada plañía, cada siembra; tiene sus enemigos particu- lares y especiales, grandes y diminutos. lyíamíferoSi aves, reptiles, insectos, no hablemos del hombre, ladrón o incendiario, -y. olvidemos al fisco, servidor del Estado, sólo atento a su servició, del que pudiera decirse al preguntar en algún lugar: ¿Gomo va por aquí? Muy malamente; Pero el Estado, sí, el Estado, muy bien. Llegará un. día en que todos los Estados serán riquísimos, y todo él münde- pobre. A esto es a lo qué se llama, en unas partes, socialismo, en otras comunismo y, en otras, no tiene. nombre. Los qué. permanecen fieles al campo, los qué no han desertado de él, los que le aman y cultivan. a pesar de sus penalidades; bien merecen la gratitud de. todos. En la Feria del Campo vemos cuánto puede lograrse por el amor -y el: trabajo. Vernos lo que se ha logrado, pero debemos imaginarnos lo que, se ha padecidopara lograrlo. Por mucho que se prodiguen las recompensas y los honores, todo será mezquino. -No. veamossólo en la -Feria. -delCampó un atractivo, a nuestra, curiosidad, una lección, a nuestra ignorancia; veamos lo que representa de. abnegación, del más ferviente patriotismo, el amor a la tierra madre, sin. cuyos productos no podríamos subsistir, un solo día sobre ella. A. los. pueblos les han deslumhrado siejnpre las hazañas guerreras. A conmemorarlas han alzado sus más soberbios monumentos y estatuas. Cuando lian querido acordarse también de los humildes, ha sido del soldado desconocido. La guerra siempre. ¿Veremos; algún día, en alguna gran capital del. mundo, una- tumba con esta sencilla inscripción: Al labrador desconocido, la Patria agradecida 1 El favor del público con su asistencia á la Feria Nacional del Campo, puede ser clara, señal de esta gratitud. Esperemos que el. final; de este certamen sea. una manifestación del, pueblo de Madrid de. la Ciudad, én honor de los trabajadores del Campo, qué, sin ellos, ni habría dudad. ni habría Patria. Jacinto BEN VENTE D I R I O I L US T R ADO D E 1 NF O R M A G I O. N G E ÑERA L J finos, penetrantes, En el siglo X V I y éñ. Portugal, ha podido darse, en hombre é rni- nenté- -eminente y humilde- -un caso de angustia peregrino... Conocemos ya el hombre; preciso será qué conozcamos la escena. El- cuarto de fray Bartolomé, eti su residencia arzobispal, es chico, de pa- redes desnudas; hay. en él- una cama, muy estrecha sin cortinas, con mantas, sin sábanas; no se ponen sábanas sino én caso de enfermedad. Én toda la casa no hay una antepuerta, ni paño de armas, ni cosa análoga. La mesa del prelado es so- bria; no come fray Bartolomé sino una corta ración de Carne; por él día; dos- huevos a la noche; pescado nó lo prueba, porque se. lo defendían los médicos por la mala disposición de Una pierna La familia del arzobispo es Reducida y mo, desta ¿No tiene el prelado escudero. Ni tiene camarero que le vista y le desnudé. Nijtiene hombre dé capa y espada Fray- BaVtólomé está apenado; abré su corazón. al amigo. El conflicto és pavoroso: los cuidados del Gobierno pueden desviarle delotro gran cuidado, el de su salvación. En. un momento de intimidad, el arzobispo le dice a fray Luis: Yo rio me ahorcaré, porque es ofensa de Dios; masr ya he llegado a sentir las angustias que padece un hombre cuando se ahorca, Fray Luis de Granada ha escrito seis, biografías. La. biografía és ün género di- fícil; en España, modernamente, contamos, con dechados: el Próspero Bofa- rull de Milá y Fontanals; el Masar- 1 ñau de Quadrado, etc. La biografía que escribé fray Luis de Elvira de Mendoza; es acabada. Elvira está casada con Fernando Martínez, embajador de Portugal, eri el: Concilio de. Trento; ha representado también á Portugal én el Concilio fray Bar- tolómé de los Mártires. El matrimonio no tiene hijos; ha criado Elvira, desdé niño, desde los cuatro o cinco años, a Un sobri- nit o, huérfano, hijo de una- hermana, del marido. Elvira hechiza a todos. por su bondad, por su piedad; todos la quieren; todos, la respetan. Cuando va a- la iglesia, no lleva, para sentarse, ni esterilla, ni alcatifa, ni almohada; sé sienta en él suelo; las demás devotas no pueden es- quivar él imitarla. Y vamos al segundó Wnti- miento: preocupa, a Elvira de Mendosa elcuidado de su sobrino; ppr fuerza ha de dedicar a una vida ajena tiempp y esfuerzos; habrá de pensar eri cosas en que nú quisiera pejasá- r. En éste punto escribé fray Luis: Ahora diré una cosa al juido hu- mario increíble, mas muy. verdadera. Lo que dice es qué a veces Elvira dé Méndo- za confiesa que preferiría que el Señor sé. llevase- en estado dé pureza a la p- énda amada. El caso es él mismo en la. dama y en el religioso, dé un lado, l o eterno, y de. otro, lo temporal, Én la fíuctUación de lo, temporal y ¡o eterno, pued e l ó teiriporal hacernos olvidar i o DOS BIOGRAFÍAS AY un. haz dé sentimientos afines que siempre tentará al psicólogo, que. siempre conmoverá al ser humano: angustia, congoja, aflicción, desesperanza. -Bartolomé de los Mártires- -én Portugal, en él siglo XVI- -es religioso dominico. La Reina doña Catalina ofreceun arzobispado, el de Braga, a nuestro compatriota fray Luis de Granada: es rehusado. Nó. puede la Reina acabar con fray Luis que lo acepte; y a que se niega, Ié pide que le designe persona, idónea; fray Luis designa a fray Bartolomé de los Mártires En, el transcurso dé tales gestiones, cortesanos, gFandes señores abogan. pretenden, acucian por sus recomendados; la presión es tan fuerte, taxi ap sioriáda; que la Reina acaba por ex- clamar: ¡Plegué a Dios que mientras- yo gobernare, todos los prelados de este, reino, sean inmortales, porque ¿o me vea otra vez én otro conflicto como éste! Lo que és solicitado con tanto ahinco, es X, ehúsado también, como lo rehusara fray Luis. Ha sido- precisó qué se llame. a capitulo a fray Bartolomé: ante el provin- cial, arrodillado fray Bartolomé, rodeado dé toda la comunidad, escucha la reprobación, la intimación, la conminación: habrá de obedecer so pena de ser excomulgado. (Todo 1 esto lo cuánta fray Luis; no. nos dice, modestamente, que a, quien primero se le ofreció el: arzobispado füé a él; la narración la. hace en una biografía dé su, compañero. Fray Bartolomé está yaA en su arzobispado, en. Braga; impuso como condición- -no es propio decir que impuso el no abandonar, su modo dé ser, e t e r n o en su vivir, en sus costumbres, en sus- liberalidades, en sus caridades. Pocos, mé- (Hay én nuestra vida una, balanza in- ses después de su toma de posesión, le visita fray Luis: comenzamos la historia, la visible: balanza dé nuestros pensamientos. verdadera historia, de un sentimiento. En de nuestros actos, de nuestras, palabras, el séptentrión y modernamente- -ha- po- La cuestión, ardua, es tenerla eri el fiel. dido hablarse de angustia, en térm r. bs I AZORIN. H