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DÍA R Í O I- LÜST R A D O D E 1 NFO R AC íO N G EN E R A L DIARIO ILUST R A D O D- E. INF, O R 1 Vi A C I O N G É NE R A L J bradores, en un coche abierto, de caballos, r. er la espuma que se desbordaba introcamino de la Pradera del Santo, y ya diducían un dedo en. la botella, y de la botella a la copa, mejor dicho, del dedo a la visándola. Va a mi lado, en el asiento, un j UBO un tiempo en. que pudo creercopa, subía el champagne a lo alto del caballero con recortada perilla, a lo genese que las carreras de caballos lle- r coche, y, como ojos que no vén corazón ral, que ya blanquea; tiene el rostro lleno, garían a ser un espectáculo popuque no siente, allí se brindaría al beberlo expresivo y alegre; se. le adivina más bien lar. Era en. los primeros años del nuevo por. el caballo favorito, sin pehsar en los bajo y está grueso. Es mi abuelo, madrilehipódromo de la Castellana. El hipódromo se había inaugurado, sin terminar, trámites. A los que habíamos seguido des- ño hasta la médula, que ningún año perdo- de áb ajo lá trayectoria i de la botella en ma- na; la visita. Yo luzco orgullosamente mi. como todo lo que se inaugura, durante los nos de los, criados, a la copa en manos de primer sombrero de. paja de temporada, festejos motivados por la. boda de Alfonlos señores y de ella a sus labios, no, podía y un. traje fresco de marinero. Acaban de so XII con su prima doña Mercedes de r quitarme las ropas de invierno. Los me. Orleáns. La inauguración fué en. -un. día po r menos de hacernos reír. diados de mayo de mi evocada, infancia. muy frío del mes de enero. En años, suHuba un día de carreras memorable. cesivos las carreras, dé caballos eran en el Fue el 18 de mayo de 1886. La aristocra- eran extremadamente calurosos. La Pradera, a mis ojos, se ofrecía como mes. de mayo, y a pesar de ser siempre en cia. hizo aquél día ostentación de lujo. días de trabajo, por evitar la competenEntre todos los coches, llamó la atención un espectáculo maravilloso, surgido como cia con las corridas de toros, las carreras la carretela a la media Daumont del por arte dé encantamiento, y Madrid, en tenían numeroso, público dé todas las clacor. de. de Baiazote, marqués, de- Fontanar. sus. primeros términos, con sus puentes ses sociales. El hipódromo d e- la- Castella- Acompañaba al cpnde su hija Carmen, la sobre el Manzanares, me hacía el efecto de na Siempre fue de modesta instalación. que fue después condesa de San Luis, de un, país nuevo, désconceidq. Me habían exTenía dos tribunas, la llamada de libre belleza deslumbradora, de suprema displicado muchas veces la vida deL Patrón circulación, que era la aristocrática, y, otra tinción; con un vestido, -color heíiotropo labrador, del favor que Dios le dispensaba, que pudiéramos llamar de la clase media; que decía, muy bien a sus rubios cabellos enviándole a les ángeles para Yjue le ayuEl estado llano iba a entrada gener- a) que y a su cara, de la que podía decirse con dasen en. sus. trabajos, y de cómo el San- l sólo, costaba una peseta y a pié presenciaCalderón: to hizo brotar el agua, y al pie de dondeba las carreras, desde la maroma que cirbrotara, se construyó la ermita. Yo. me- lo De sus mejjllás la tez cundaba ia pista. EL estado más llano cohabía, aprendido, pero cada doce meses tsera otra unión de diversos renaba los desmontes fronteros al hipónían que volver a contármelo. colores. ¿Viste la rosa dromo, que venían a ser como el llamado Mi Visión, de la fiesta popular de San más encendida y sangrienia tendido de los sastres en la vieja plaza, Isidro concuerda, en su imprecisión, cen con la púrpura de de toros, la contigua a la Puerta de Alcala precisa y primorosamente expresada lá. Pero pira mucha la concurrencia y las la azucena viste bella, por Pedro de Répide en su- crónica Macarreras interesaban y divertían a las clacon el candor dj ja aurora? yo florido Aun las madrileñas, las garses populares, que tenían sus cuadras y Pues tú allá te representa bosas hijas del pueblo, y también las als sus caballos predilectos. Las cuadras más esa azucena, esa rosa curniadas, buscaban! as ocasiones de lufamosas eran las de Davies, Fernán Núñez, ajadas entre si mesmss, cir el mantón, de Manila, y las que no lo Villamejor, -Garvey y. Aladro, y sus mejillas verás tenían se ceñían el fino m 2 ntoncillo de seUn año se anunció la llegada de unos el mismo instante que v: as da, con largo. -flecos, que se enredaban en. caballos árabes, que venían precedidos de a la posa desteñida los botones- dé las americanas de los homla leyenda, que ha sido aureola siempre en o teñida a! a azucena. bres, provocando, tan sencillo incidente; poesía del árabe corcel. Llegaron los áramuchos idilios. Se Veían gentes de todas bes corceles, de preciosa estampa, finos Carmen Fontanar, -como se la llamaba las clases sociales en aquella imppnente, como gacelas algunos de sus jockeys en Madrid, fue aquella tarde la admiraaglomeración dé madrileñismo. Y todavía eran negros. Lá gente esperaba rharavillas ción de. todos. La car- re, tela a la media los atuendos eran de infinita variedad y, de caballos y jockeys A la primera me Daumoní que le servía de tíor. p era respondían á la posición y condición de dia vuléíá ai hipódromo, estaban con la un alarde de riqueza y de buen gusto. cada cual. Los tenderetes y los merenderos, lengua fuera. Sin. duda, en Oran, en ArCuatro caballos alazanes, iguales en pelp gel o en íánger habían sido vencedores y alzada, eí metal de las guarniciones de nunca, se acababan. Las familias castizas muchas veces, pero en- Madrid, acaso la habían acudido, desde casi al despuntar el cobre bruñido, los, postillones con chai dureza del piso y la altura sobre el nivel alba, llevando en cestas y voluminosos paquetillas de ante- bordadas de oro. del mar nos proporcionaron, aunque tarquetes la cernida. Corrían sin tasa el tinto Nunca como en. aquella tarde se habían dío, un desquite de la batalla áeí Guada- y el blanco. Luego, se. compraban les ex- presentado tantos coches a la media lete. quisitos regalos para el paladar, las golo Daumoht y en ellos damas ron más sinas. Mesonero, hizo una minuciosa enuLa ida de las. carreras, el espectáculo del elegantes atavíos. La aristocracia espameración de las de su. tiempo: buñuelos, hipódromo y el desfile, por la. Castellana, ñola aquélla, tarde se había manifestado pasas, garbanzos tostados, roscones. de pan al regreso, eran muy de ver, como decían én todo su señorío y grandeza. nuestros abuelos. Un tanto desproporcioduro, tortas y soldados de pasta flora; dulEl día anterior, el 17 nanado el aparato de mail- coaches y- cido Alfonso XIIL. Se de mayo, había una ces de ramillete y bizcochos empapelakabía, resuelto breaks para la distancia del centro de- peligrosa interinidad. En medio de aquel dos... Madrid al hipódromo, -pero más de agralujo ostentoso, de la aristocracia, se resMuchos de nosotros, de bastante más decer como espectáculo, por lo mismo que 1 piraba un aire de esperanza y de ilusioera puro lujo rriás que necesidad. Los, nes. No he olvidado nunca aquel día de acá que Mesonero, conocimos o entrevi- mos un Madrid volcado enteramente en, ía, mail- coaches y. breaks más vistosos carreras en aquel 18 de mayo de 1886. Pradera de San Isidro, con lujo dexarruaeran -los del duque de. Alba, marqués de? je? y alarde de monturas; con luces de Villaméjar, duque de Fernán Núñez, Pe- jacinto BENAVENTEflores y marfiles en los mantqnes de la dreno y a su lado otros muchos. AlguChina y una selva, una verdadera selva, nas damas de la aristocracia iban en co- blanca y encarnada, de botijos; con; orgaches a la media Daumont y no fal- nillos que íanzáb: 4 sin tregua sus alegres taban tampoco en 1 lujosas carretelas las melodías, al aire Caliente, y coir Isidros, que- entonces se llamaban entretenidas UELVEN los. recuerdos de lamano que no se despintaban- ¡los clásicos Isitodas ellas pertenecientes también a muy de la tradición, la historia y la cródros! e iban d e un lado para otro apre ilustres casas, por. cuyos títulos eran más nica én los días, señalados; todo en tados en sus galas de lugareños, con las xonocidas que, por su propio nombre. bastante mescolanza, cerno si 16 que nos En los mail- coaches y breaks se contaron o leímos lo hubiésemos presen- miradas llenas de asombro, y de recelo, y merendaba entre carrera y carrera. Los los andares un poco torpes, amedrentados, ciado, y lo vivido fuese un sueño. Mis re: criados, al pie. deMps coches, destapaban quizá- cuerdes, cuando San Isidro se acerca y las botellas de ne y para contsllesp, ss mecen desdibujado! pero deslum Miguel PÉREZ FERREEQ, CARRERAS DE CABALLOS ¡A L Á PRADER Ai