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MADRID, DÍA 10 DE DE 1 9 5 0 NUMERO SUELTO 50 C E N T S g LAS ROSQUILLAS DE- iA TÍA JAyiÉRÁ. PARTE el ayuno y abstinencias en Cuaresma y Semana. Santa, nunca he podido explicarme la relación que pueda haber entre los ritos religiosos y los gastronómicos. Lo cierto es que a determinadas festividades religiosas ha ido de siempre vinculada- la ingestión de determinados, comestibles. En Navidad, con mayor profusión y variedad- el pavoy el besugo; turrones, mazapán y, como- decía üii personaje de Bretón de los He -rreros: P o r vicia da Melisenára, jlq mejor de la función se me olvidaba, 1 consabida sopa de almendra. D I A R I O- IL- US T R A D O D E i N F O R A A C I O N G E N E R AX en Villárejo, con algún monumento p. lápida por, lo menos. ¡Roméríar de San Isidro! Más de sesenta años hará que no he vuelto a ella. Entonces yo ni miraba, ni me daba cuenta de qué allí cerca estaban tres cementerios. Quién pensaba en la muerte F -Hoy, de todo ello, sólo vería un cementerio, en el gué descansan seres queridos, con los que yo fui tantas veces a la Romería a com- p. rar las rosquillas- de Villarejo, las verdaderas rosquillas dé la tía Javiera. ¡Cómo se sucede y se encadena la vida! Por mis padres supe yo dé la tía Javiera, a la que ellos habían corrocidb; por mi abuelo materno supe de la guerra de la Independencia, de la que él. tenía recuerdos de niño; y así se van enlazando los siglos, de unas generaciones eri otras; generaciones que, como dijo Hornero, van cayendo como las hojas dé los árboles. Pero si á las hojas suceden otras hojas, a las generaciones suceden nuevas generaciones, y de unas a otras el recuerdo, de padres a hijos. Y así, yo puedo contar episodios de ¡a güerra de la Independencia por mi abuelo y puedo saber de la tía Javiera por mis padres... ¡Ñapo- león y la tía Javiera Lo grande y lo pequeño... Y todo es la Historia y todo es. la vida. Y, ¿nosotros? Las hojas que van cayendo, van cayendo... Dice un poeta üemtro de algunos años, ¡los años serán horas! días hará que he muerto Los días serán siglos! Y olvidado de todos... Be ti, aunque no lo creas. Será toda ¡a muerte. ¡La muerte y eloíyido! -Jacinto BENAVENTE mientras- otros pueblos, daban piratas, diestros en abordajes, y fenicios, amigos de factorías y apostaderos. Pero España es- así, gracias a Dios, én esto de qmjo tear y adelantarse; enlas empresas del es- píritu y en la prodigalidad de sus. siembras. Nuestros misioneros de hoy siguen, como los dé otros tiempos, con su tienda y su cruz levantadas en medio de la gentilidad, e todas las islas y, continentes, en que hay almas que esperan la luz y la, palabra, el signo y el sacramento. Ellos han ensanchado y ennoblecido el concepto de misión. Y misión no es só! o ya anexionar tribus y gentes al imperio de Cristo, sinp también conservar y marte- ñer la fe y el espíritu en los pueblos ga- nados pafa la gracia de la Redención. -Religiosas y. religiosos españoles mantienen el pabellón de España vinculado a la cruz en los países más longincuos: en las islas del Pacífico, en el Japón, la- India y. la China, en las selvas de América y entre las tribus- africanas. -España. -desconocíao teñía una. noticia muy somera e imperfecta de estos callados y abnegados opera- ríos dé la viña del Señor y difusores del nombré de España. Ellos son los auténticos continuadores de nuestro Imperio espiritual, que es nuestro verdadero Imperio. Ellos gobiernan y rigen sobre esa ex- tensa monarquía de las almas sobre la. que. sólo tiene jurisdicción la Cruz de -Cristo. Y su labor no se limita a la evangelización de infieles, sino que, paralela, a esa- obra dé penetración y dé conquista espiritual, se desarrolla la gran i labor deconservación, de incremento y defensa de las tierras y ciudades conquistadas, colonizadas y catequizadas por los adelantados, del Evangelio. Este Primer Congreso Misional Español ha tenido la virtud de acercarnos al misionero, dé darnos a conocer- directamente sus. problemas, y dé hacernos recobrarla conciencia dé la voc apióri misional de, España. Hemos visto a éstos reriir giososy religiosas de todas las Ordénes y Congregaciones, con su aire exótico dé climas diversos; con sus; ojos cargados de lejanías, con, su acento de lenguas k y. de dialectos ¡inverosímiles Todos He- Van en la sangre la pasión de, España. Piden libros españoles; desean o r la voz de España transmitida por las radios viyir en contacto con España desdé su apartamiento lejano. v Impresiona de veras contemplar a es- tos misioneros, con el espíritu enhiesto, y con la suprema sencillez con que hablan de las cosas nías extraordinarias. Uno nos cuenta de sil vida entre Jos jíbaros, deformadores de cráneos humanos; otro de sus treinta y cinco años en Formosa, Tpnkín, Álaska, China o Tierra Santa. Una- mon- jita, qué sé ha- doctorado, en la Universidad de Bombay; otra que regenta una leprosería Amazonas adentro. Uno que. llega de los altos de Casanarey dice: Yo que soy español y además navarro y otro, sacerdote negro, que habla español con una pureza admirable. Este Primer Congreso Wacioñal, del Mi- sioneTo Español, fecundo en resoluciones prácticas, ha sido para muchos una auténtica revelación de la gran reserva ritual; de España, de su eficacia yj dé su. pervivencia misionera. P, Félix GARCÍA Por la festividad dé los- Santos, los buñuelos de viento. por San Antón, los panecillos, -y por San Isidro, las rosquillas. En. honor a la actualidad me limitaré a ía consideración de estas últimas. Quizá de ninguna golosina pueda ofrecerse tanta ¡variedad én- sabor, tamaño y aspecto. De rosquillas sólo habría para escribir- u n voluminoso- libro dé repostería. Las llamadas del. Santo son dé tres cía- ses: la tontas, las dé- Fuerilabrada, o. de yema, y Jas de Villarejo de Salvanés, o dé la Tía Javiérá, que por rosquillas hizo íamosq su nombre y. el de su pueblo. Todavía se recuerda el anuncio: Yo, como la verdadera Tía Javiera, no tengo hijas ni sobrinas porque eran muchas las que se anunciaban, cuando la. tía Javiera ya iiabíá muerto, como verdaderas sobrinas de la Tía Javiera. Por haber sido mi padre médico tjtülar dé Villarejo de. Salvanés y por ser de allí mi madre, he tenido, cabal noticia de la verdadera tía Javiera y de su descendencia. Guando yo nací, ya no existía la tía Jayiera, que, en efecto, no había dejado hijas ni- sobrinas, pero sí uña sobrina ssgünda ¿que todos los años, por San Isidro, venía a. Madrid, y tenía su puesto con ¡as más Iégítimas rosquillas deWillarejo y dé la tía Javiera. De niño, iba yo. con mis padres a la Romería, en la víspera del Santo, y mis padres, que conocían a la vendedora compraban en su puesto las rosquillas. No vestía de lugareña, como las de- otros- puestos similares, vestía a lo señora de, pueblo y llevaba al cuello un collar de aljófar de muchas vueltas. Hablaba con mis padres de sucesps y personas del pueblo y mé obsequiaba con tina rosquilla. Podía yo haberme olvidado de todo, pero no me he olvidado de la rosquilla; a la rosquilla, van engarzados el recuerdo del collar de aljófar y del señoril agrado de la vendedora al departir con mis padres y celebrar mis ojos. Las rosquillas especíales de Villarejo. eran las de baño blanco, y la gracia de ellas estaba e. n, que. el bañó no se cüatteaba nir se desprendía al partirlas. Suelaboración era muy esmerada. Sus coni, ponentes, harina, huevos y azúcar, habían dé ser de la mejor calidad. Hoy ignoro si se mantiene la elaboración eri. Villarejo, ni si vendrán todavía a venderlas en la Romería, ni si quedará alguna descendiente de la tía Javiera, cuya mamona o ataría de más conmemorar M I S I O N E R O S TÁDRID ha visto con sorpresa seguramente, con júbilo, a estos embajadores de Cristo, a éstos adelantados de España, que son propiamente los misioneros. Los hemos visto, llegados de todas la- s latitudes, con sus hábitos díversiformes, con sus barbas apostólicas, con sus sandalias que tienen todavía el polvo de muchos caminos recorridos. Ño se les nota ni fatiga ni temor a los riesgos que supone misionar en pueblos; que han caído én una nueva infidelidad. Tienen más bien prisa de volver, porque el peligro les acrecienta el ímpetu y la audacia evangélica, que les lleva siempre a donde hay algo qué salvar. Salieron de España un día y han regresado para, congregarse y reforzar la uni dad en éste Primér Congreso Nacional que ha planteado y resuelto los problemas- del misionero español. El fruto ha superado las esperanzas de la flor. Y se. han puesto a contribución ignoradas reservas espirituales: No sabíamos bien de esta asombrosa fecundidad del misionero de hoy, que mantiene én intensidad y en extensión él tono y el rango antiguos de nuestros grandes evangelizadores. Sabíamos dé historias pasadas, de glorias misionales antiguas que están reclamando ía cuerda y el énfasis épico, de cuando España- daba misioneros y descubridores, cabalmente,