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DIARIO ILUST R AD o D E Í- N F O R M A C I ON G E NE: RA L m UN A D M I R A B L E ARTICULO ON ser muchos les artículos periodísticos que he leído con satisfacción en estos últimos tiempos, pocos me han satisfecho tanto como el publicado en estas mismas columnas con el título de Los molestos escritores con la firma de don José María Pemán. Nótese la acertada colocación del calificativo los molestos escritores no es lo mismo que los escritores molestos; de los que también pudiera escribirse. aun, que por distintas razones. Don José María Pemán há escrito su admirable artículo con toda la autoridad, estoy- seguro, de una triste experiencia, la de haberse sentido muchas veces molesto escritor. Otro artículo suyo, no menos admirable, publicado posteriormente con el título- de Ante todo bien puede considerarse como ampliación y complemento del anterior. Y entre los dos, queda bien sentado el fundamento de la, molestia, que ha de ser siempre pensión forzosa de todo escritor que. no escriba forzado. Platón, por ser tan gran filósofo, acaso 1 sería capaz de estimar a los que no le estimaron a él tanto como a la ver- dad, pero no abundan los Platones en el mundo, aun entre los que presumen de filósofos, para que en todo partido, secta, escuela- o siquiera bando, no se prefiera siempre la sumisión, por torpe que sea, a la inteligencia perspicaz y clara. El olor 3 incienso, es grato siempre, aunque alguna vez nos impida percibir el olor a chamusquina y nos sorprenda el incendio sin tiempo para atajarlo. Molestos escritores fuimos los de la generación llamada del noventa, de la que tanto se ha escrito y a la que se ha culpado de lo que ahora se llama derro- itismo Sin considerar que de- aquel derrotismo, por el momento desagradable, como lo es siempre toda voz de alarma, cuando la alarma parece prematura y por lo tanto inmotivada, acaso ha procedido la reacción que hoy todos celebramos y que ojalá no. tenga su mayor peligro en un exceso de optimismo, adormecedor, por falta de otra generación de. vanguardia como la del noventa. Los molestos escritores y los molestos pensadores pueden ser molestos, pero son necesarios. Aunque en los relojes no suenen las horas, no dejan de señalarlas, y aun parados, las horas pasan y nos traen y se llevan sus días y- sus noches. Pero siempre es triste saberse acusado de molesto, escritor, y tanto- pesan los juicios ajenos, que hasta la propia conciencia llega a ponerse de su parte, y por más que nos sintamos sin culpa, no deja de afligirnos con remordimientos. Si alguna satisfacción puede haber para el molesto escritor. ha de hallarla en un buen repaso a la Historia. Todo un martirologio de escritores que en su tiempo fueron molestes, y entre ellos los más. grandes. Molesto fue Dante, y por ello desterrado de su patria, y supo lo penoso de subir por escalera ajena; molesto fue el- Tasso en la Corte de Ferra- DIARIO ILUST R A DO D E INF O R MA G í O N G E N ERA L ra, y molesto fue Quevedo en la Corte dorados- -én las paredes; anchos espejos, de Felipe IV. Y en tiempos más cerca- áureos en sus molduras, lucirán e- n los nos, molestó fue Voltaire en la Corte de testeros. Si apuramos las cosas en este Luis XV, y molesto también en la de asunto de la plástica, advertiremos que Federico el Grande, el Rey filósofo, y construcciones! muebles, t r a j e s etcémás tarde, en la misma Francia, el país tera, están dominados, en los caballeros, de la amable tolerancia, molestos fueron por el sombrero, en ías señoras por el Chateaubriand y Mme. Stael a Napoleón, peinado. En el siglo XVI, se da, como say Lamartine a monárquicos y a republi- ludo a gran señor, lo que ge llamaba bocanos, y Víctor Hugo a Napoleón III, netada con el bonete, gorra, en la mano, y, al volver de su destierro, aclamado y se deja caer pesadamente el brazo a lo glorioso, poco después, vio asaltada su largo del cuerpo. (Más elegante y, rendi casa y hubo de huir y esconderse del da la bonetada a caballo que a pie. No mismo pueblo que poco tiempo antes le había surgido aún, como de uso general, había aclamado. En España han sido in- el sombrero. Todo tránsito de un sombrenumerables los molestos escritores. En ro a otro implica un sambio social, una Rusia puede decirse que todos. En Ingla- transformación de la plástica. En 1859, cuando aparece el hongo, se produce terra, unos por mandato, otros por pro- resistencia; se opina en contra y en viva pia voluntad, fueron muchos los deste- más adversamente que en favor. Sé pro, forrrados. En Noruega, Ibsen se vio tam- ma un libro can las opiniones de poetas bién perseguido y por algún tiempo au- y prosistas. El alegato de Narciso Serra, sente de su patria. Recientes están las en elogio del hongo, termina así: Lo divejaciones que padeció él novelista inglés cho: el hongo me pongo- -sin, que nada David Laurence, durante la penúltima se me importe- -él que, me dejé la Corte guerra, de las que nos ha dejado emo- -con él más soló que un hongo. cionante relación en su novela CanguLa levosa se resiste; subsiste su uso ro El mal de muchos. podrá ser consuelo de tontos, pero con ser mal, de mu- hasta más allá de 1900. En- París, el juéchos, no fue mal de tontos ciertamente lo veg 8 de marzo de igoo, a las doce y cinde ser molestos escritores, para que no co de Ja tarde, se declama un incendio en puedan sentirse tan tontos los escritores, la Comedia Francesa; do s fotografías, en al consolarse del mismo mal con tan pre- el Instantané que tengo a la vista, nos muestran un tropel de autoridades, con. claros ejemplos. sus sombreros de copa, ante los, negros En nuestra pobreza, como suele decir- nubarrones de humo. No soy entendido en se, también hemos sido alguna vez mo- asuntos capilares- nni en ninguno- pero lestos escritores. Y, ¿quién sabe si no lo aseguro, desde luego, que el peinado femeestaremos siendo ahora mismo al co- nil puede dividirse én dos. grandes catementar el admirable artículo de don José gorías: iel aplastado, escurrido, con eren María Pemán, que acaso también lo ha- cha én medio, y el ahuecado, crespo. ES brá- sido al escribirlo? Amparado en tan primero podemos admirarlo en retratos de buena compañía me resigno una vez más Federico de Madrazo: por ejemplo, él d a figurar entre los molestos escritores, la duquesita de Medina de las Torrés, casi otras veces con pena, hoy orgulloso. sada en 1849, dimisionaria dé su alto cargo palatino en 1888. Pamtallistas, cinemáJacinto BENAVENTE ticos y guionistas deben saber- -y si no nada saben- -que no sé trabaja para la pantalla como én la escena. El cine se diferencia del teatro, entre otras cosas, por su privilegio del símbolo: él símbolo es una condensación de la realidad. En Un N pantalHsta, director de cine ha fondo negro, en tinieblas la pantalla, una creído representar el. siglo XIX- -en hilera de candelabros con sus bujías, arsu aspecto aristocrático- -com esca- diendo, prolongada, en disminución, haslinatas y columnas; puede ser; puede no ta la lejanía, es un símbolo. (Cito por ser. Cada, siglo tiene su plástica; la for- cierto un símbolo ya usado. Cara, ampliaman: edificios, mué bles- trajes, peinados da, y sola, manos aisladas, son igualmente y exornación facial o ausencia de exorna- símbolos. El símbolo hace ver en un insción. Todo siglo tiene de sí una imagen tante lo. qué dé otro modo se tardaría hoauténtica y otra imagen apócrifa; cada ras. En la plástica de un siglo sé puede siglo. se forma del anterior una imagen utilizar el símbolo mezclado á la realidad; arbitraria. Ningún siglo es uniforme; tres servirá para corroborar y realzar el tema. décadas suelen imponer un cambio én la El pantalHsta ha de tender siempre- -y éste traza humana: el fondo será el mismo: es, otro de sus déberes -a la simplificación. e- 1 contorno y el dintorno, en él ser so- Lo profuso, aunque rico, auténtico, ahocial, se modifican. En el siglo XIX pode- gará lo esencial. En la plástica de 1870 mos advertir tres etapas, correspondien- igoo, un sombrero de copa, unos guantes tes cada una a los consabidos treinta años. y un bastón, con puño de plata o marfil, La etapa representada pqr el aludido pan- pueden- -en la pantalla limpia, desnuda- -tallista corresponde a 1870- 1900. Los edi- ser un símbolo esencial. El sombrero de ficios no han cambiado; tal vez en. esta copa evoluciona: en la traza y altura de etapa se ha construido alguno con lige- la copa, én la anchura y posición de las ras variantes; una silla con respaldo de alas En la plástica de los citados treinta lira, netamente isabelina, habrá sido sus- años podría un. pantalHsta esparcir por la tituida por el acolchonado puf Habrá obra, multiplicar, el sombrero simbólico acabado también, en un palacio, de domi- en sus distintas evoluciones. nar lo blanco, en las puertas- -con filetes AZORIN C LA P L Á S T I C A DE UN S I G L O