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MADRID DÍA II DE i ir ILUS 50 CEN 1 S. 7 Á ha n -tra nscu rriíio casi cinco años de- paz, y 1 Alemania es todavía algo asi como un vivero sobre n osario, rara mezcla- dé tensión y laxitud, muerte y resurrección. En Eriburgo, Francfort y Colonia, las góticas Catedrales desencajadas, -pero todavía enhiestas, gritan su dolor sobre hec- tareas de escombros. Las aguds torras sin vidrieras ni campanas han fc lina grandiosa y patética persp- ec tre el- tempestuoso oleaje di Ss hoy 3 a ciudad de Darmstadi, s como un náuírago palo mayor e mentó a Luis i. En Bonn, Karlsrahe Maguncia, la guerra ha borrado el traza do de barrios ente ros. Y ers Coblen. ua, f él palacio eg un es t queleto prediluviano, por cuya espectral osamenta sé cuela, como una metáfora de la muerte, la bruma del- río. Las ruinas alemanas de- hoy no son como las que pintaba Hobberria. L a s bombas no dejaron líricos arquitrabes en pie ni columnas arrebujadas en hiedra, sino qué transformaron los edifífcios en un sucio hojaldre de muros derribados, rizaron las vigas de hierro corno los bucles de un genio maligne de Durero, quemaron las piedras rosadas de Hessen hasta limar ¡as aristas, y salpicaron dé lepra l o s escudos, o r n amentos y tallas de las fachadas barrocas. La deforme fisonomía de las ciudades germanas tiene la fealdad irresistible de e s o s mutilados sin rostro, cuyas mandíbulas se pierden entre muñones amorfos y clavijas de platino. Alémanía, cinco a ñ o s después de la derrota, tierié el gesto interrumpido p o r. í las cicatrices, y los rasgos rotos como los puentes del Rhin. Y sin: embargo, entre los escombros florecen las orquídeas. En Alemania yo he visto los más bellos pétalos d e Europa, tras las vidrieras de unas floristerías que a veces están materialmente excavadas en montones dé cascote y chatarra. Y eit Johannistberg se sigue curtiendo el mos- T R A D O D E INO RMAC! ON L r G E N ERA L 1 yecto dé soberanía, se acercan ya los diplo ¿matices de todas las latitudes con la poto, y en Bavíéra se cuecen porcelanas tras- licromía de sus diversos acentos y ei, lúcidas, ribeteadas de oro y cobalto. Y dramatismo de sus telegramas cifrados. Y otra vess los cristales de Bohemia respi- sobre la nación- que parece; indefensa y adormecida montan la guardia los centiran por sus cálices abiertos las burbujas del espumoso tinto del Rhin. Y en impro- nelas de Occidente, hablando él. slang visadas tablas reviven ios personajes de neoyorquino. Y en Estrasburgo, el Consejo dé Europa piensa en la República Schiller, -y en ámbitos impropios se esFederal. Alemania ya no es todo negrotremecen los ritmos cíe Beethoven y de humo. Tiene también vigorosas pincelaBach. Y en los anaqueles de las librerías das de luz, Y es que en ia naturaleza las se agolpan, junto a a úitim? -obra de semillas no mueren, y entre ío seco: vuelHeidegger, docenas de volúmenes sobre ve a refacer a. vida. ¿s nujer y sobre I amor, Y a sía Repú Alemania convalece, -pero llena de cicSíca Federal, que fts un ssperaTizado procatrices, y, lo qué es más grave, sin repo so. Alemania vuelve a ser la encrucijada en donde se dan cita todos los caminos de Europa y, al mismo it tiempo, el- limes dé fricción e n t r e dos concepciones antagónicas del universo: él humanismo y él comunismo. A c a s o no 1 haya hoy en el mundo un espectáculo tan impresionante como el de estas tierras de Renania, mal- i heridas, hipersensibilizadas, tensas como una piel de tambor entre él Este y el Oeste, y sobre las cuales sé está injertando un- brazo de la fuerte y j o v e n América. En el fondo, Alemania vuelve a ser, aunque en voz pasiva, el sujeto de un gran capítulo de la historia continén- tal. La impresión que produce en el viajero esta Germania de hoy es compleja y difícil. Sé trata de vivencias paradójicas y escurridizas, de las qué se podría decir con Fe d e r i c o Meinecke: Vivir las hemos vivido, pero todos nos otros, sin excepción, las hemos comprendido insuficientemente. Esta Alemania in fieri polifacética, con su rictus de muerte y resurrección, es la gran incógnita, de cuya solución depende, e n -riw i W 1 no pequeña medida, el destino de esa realidad tan- llena dé incontenibles contenidos, que en castellaLa señorita Carmen Franco Poio, hija cte Su Exeerer c? a el Jefe fel Estado, Generano se llama Europa. lísimo Franco, que ayer contrajo matrimonio con D. Cristóbal Martínez Bordíu, marGonzalo FERNANqués de Villaverde. La gentil figura de la recién desposada se destaca, vestida con DEZ DE LA MORA sobria elegancia, sobre uno de los magníficos tapices que adornan el Palacio de Heideifeerg, abril 1950. El Pardo. (Foto Zegri.