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LA VIRGEN MARINERA suntuoso y decorado de Villamédiana. Lope de Vega, cantando a la Virgen deí mar, Estrella tramontana nos regala- con la delicia de estos versos, que tienen el movimiento y el aire marino de aguas navegadas Voy en las alas de la mar furiosa, con roto barco y con mojadas velas, fluctuando, a morir peligro claro. Til contra las sirenas torre hermosa, y el canto en que disfra. aan sus cautelas, eres del mundo esclarecido faro, de las nubes amparo, porque la luz que en el estremo ardía, esos brazos, Marfa, la tienen en el Niño y Dios presente, lumbre de lumbre y luz indeficiente: ¡lámpara del Profeta que por TI interpreta; i farol divino de tu hermosa popa; tres luces y un farol de capitana, por quien la gente humana al templo ofrece la mojada ropa, y al puerto el paso allana, siendo para dar cabos cruz, playa, esponja, boya, áncora, elaVoS. Cervantes, cercado por aguas de la adversidad, implora a Nuestra Señora: Sed Vos aqui la Estrella- -que en este mar insano- ¡i pobre barca guíe- -y de tantos peligros la desvíe. Pero ninguno quizá como fray Luis de León clama a la Virgen marinera con más angustiada y conmovida voz de náufrago, metido en el mar temeroso de su tribulación Virgen, lucero amado, en mar tempestuoso claro gruta, a cuyo santo rayo calla el viento; mil ondas a porfía btmden en el abismo un desarmado leño de vela y remo; que, sin tiento, el húmedo elementó corre; la noche carga, el a ire truena; ya por el cielo va, ya al suelo toca. gime ia rota antena; socorre, antes que embista en dura roca. Entre la Virgen y el mar establecemos como una exigida correlación, Ella nos lleva en proa al litoral claro del cielo, y es grímpola y gallardete en las tormentas. Ella nos conduce 1 y nortea, por entre bajamares, hacia las aguas del mar del costado de Cristo. Siempre la alegoría, la gracia, la seducción del mar en la literatura religiosa, más que en la profana. Pero, concretasnente, ¡a marinería espaa- -la armada y la jnericante, la costeadora y la de mar, adentro- -proclama a la Virgen del Carmen, la remadora y marinera por excelencia. Capitana de los mares. Es generala y sol de la marina, coímo la llamó el poeta, náufrago más tarde en el mar rojo de los Sin Dios, en un triduo de sonetos bellísimos. Raro será el marino que no deje asomar por entre el escote, tostado de yodo y de sal, la medalla que le impuso una mano piadosa o ei escapulario del Carmen, ancla y timón, escudo y asidero. Y raro será el piloto, que antes de subir al puente de mando, no vuelva los ojos al cuadro o a la imagen de la Virgen del Carmen, qué no falta en el navio, y del que Ella es patrona y timonera. No importen las rudezas de estes gentes del mar. Aunque, en medio del galernazo y la resaca, el patrón bravea y lianza reniegos, musita por lo bajo sus oraciones y se confía a su Virgen marinera. Pocos sabrán rezar mejor que tístos arriesgados lobos de mar, que rinden a la. mar censó perpetuo. Todo nuestro litoral aparece constelado de santuarios marineros, que son como faros celestes. La Virgen, desde la roca solitaria, preside las travesías y espera la arribada. ¡Y qué aire tan devoto el de esas ermitas de los pilayeríos y costas españolas! Los pueblos litorales de España se arrodillan con fe ante el florido altar de la Patrona. Ella, la del Carmen, es la Generala y Sol de la marina, ciertamente, pero j cuántas otras advocaciones marineras de Nuestra Señora! Pasan de 20.000 las imágenes de la Virgen existentes en España, con apelaciones primorosas. Ekano, al regreso de su circunnavegación, se postró en Sevilla ante Nuestra Señora del Coral y la rindió velas y remos. Nuestra Señora de Gracia llegó flotando sobre las ondas espejadas del turquesado mar de Barcelona que diría el poeta. La de Guadalupe, viajera y descubridora, so l de la Conquista por allá se nos quedó colonizando y velando el nuevo amor hallado. Pero esta deleitosa historia de las Vírgenes marineras no tendría cuento. Bástenos decir que caída una de nosotros, navegantes, tenernos biér sabido, como el poeta: Que tú nos salvarás, ¡oh marinera Virgen del Carmen! cuando la escollera parta la frente en dos. de mi navio. P. FÉLIX GARCTA Imagen de Nuestra Señora d Carmen, u e vsn r ii toras de i Frontera, i IEN k ctiadrai ciertameiite a Nuestra Señora la gastosa apelación de marinera. Porque Reina es dé los mares y de Ja mar Estrella, que luce pensativa y asegurada sobre la ruta de los navios en tas agujas solitarias y sobre los caminos de los mareantes en tierra, no menos azarosos que los caminas azules del mar. La Liturgia y la tradición mariana usan con frecuencia gozosa la metáfora y la alegoría de ¡a Virgen marinera. Tiene un florido abolengo náutico la literatura mariana. San Bernarda, el lácteo cantor del Dulce Nombre de María, sienta la equivalencia de este nombre con el de Maris- Stella, Estrella de este mar de la vida, espacioso y enojado, expuesto a tantos naufragios y zozobras, porque más que un caminar por tierra firme parece este vivir nuestro un proceloso fluctuar entre tormentas y bajíos. Para navegar con tino por este mar sumidero de arrogancias, hay que tener los ojos bien prendidos de esta Estrella marinera y amiga para ño naufragar; hay que tener vueltos el corazón y el sentido a Sitaría, que es astro detenido en el seguro Norte, que preside todas las navegaciones y rumbos del vivir incierto. Santo Tomás de Villanueva canta también en latines áureos, que tienen ritmo y andadura de exámetros, a Nuestra Señora, Estrella de la marinería, que somos todos los que hacia la otra banda navegamos, y Ella, desde el alto cielo, nos fija el rumbo y da el destino. Las gentes de Castilla, rezadoras y sobrias, que llevan metida en la sangre la nostalgia del mar, imploran protección a la Virgen por los navegantes de mar y tie rra Con reiteración deliciosa encontramos el signo ¡marinero asociado a la devoción mariana. Ya de antiguo tiene acreditado su oficio y menester de marinera Nuestra Señora. Estrella de Ja mar, puerto de folgura la llama el Arcipreste de Hita. Buen tiempo, mar tranquilo, dulce puerto nos presagia en el verso de Pedro de Espinosa. Jáuregui la ye cómo Norte que de las cndas se retira- -sin ver jamás en ellas triste ocaso Ella va. originando las esfpitmas de piélagos de gracia en el decir lr o tó maritlm g i te ittraé H