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DIARIO ILUST R A D O D E INF O R M A C I ON GENERA L f O siento que mi hijo enfermó, sino la mala maj a q u e le quedó dice un refrán. Si grave enfermedad es la guerra, no es menos grave su convalecencia la mala maña que dejó. Siempre, después de una guerra, ha habido un aumento en la criminalidad: partidas sueltas de bandoleros qué vagaban por despoblados y serranías a la espera de viajeros y caminantes desprevenidos. Ahora, el bandolerismo se ha urbanizado: es en las ciudades, en las más populosas, a la luz del día y a las horas de mayor circulación en las calles, en donde se asalta, se roba y se mata, casi siempre en la impunidad; funesto síntoma de una descomposición social manifestada en flojedad de espíritu ciudadano, que no es tan peligrosa la acción criminal como la falta de reacción ante ella. Los periódicos nos dan a diario noticias de los más audaces robos a mano armada, en presencia de millares de transeúntes. Y ya no se habla de asesinos ni de ladrones; con el nombre de gángsters parece como si quisiera dárseles la respetabilidad de cualquier profesión. Llegará día en que la palabra figure en documentos de identificación: profesión, gángster 1 Los habrá en ejercicio y jubilados. Si la declaración se ajusta a la verdad, ntre los jubilados es posible que figuren personas muy respetables. En otro tiempo, una sola de estas fechorías hubiera soliviantado a la opinión pública en demanda de pronto remedio. Hoy no se co- mentan mas de cualquier suceso insignificante, y han llegado a parecer tan naturales y corrientes como los atropellos por autobús, que por su frecuencia es lo que tiene menor importancia. El criminal siempre ha sido vanidoso. Como Don García en La verdad sospechosa de Ruiz de AJarcón, piensan y dirán con ¿1, aunque a su modo: AB DIARIO ILUSTRADO DE INFORM A C I O N GENER A L N CÓMPLICES T ENCUBRIDORES veyera de una carta del marqués X, que por asuntos políticos se hallaba muy bien Quien vive sin ser notado, relacionado con el entonces jefe de los quien tilo el número aumenta bandoleros. Consiguió la carta, se internó y hace lo que todos hacen, por los vericuetos de Sierra Morena y a ¿en qué difiere de bestia? poco de caminar le salió al paso una parSer notado es grande cosa, tida, que le desvalijó y casi le desnudó, el medid cual fuere sea, sin importarles de la carta de recomenpues uno, por ganar nombre, dación del marqués. De regreso a Madrid, abrasó el templo de Efesia. se quejó al amigo que le había proporcionado la carta; éste le hizo saber al 1 Pues los criminales de ahora no logran marqués la ineficacia de su recomendaesa satisfacción de la vanidad. Nadie les ción, y el marqués, indignado, escribió al concede importancia. El único que puede jefe de la partida, ofendido por su com jactarse todavía de llamar la atención es portamiento y el desprecio y desaire que Giuliano, que es el más anacrónico de to- suponía para su persona el haberle hecho dos ellos, el que está más dentro de la quedar mal con un amigo y con un extradición del bandolerismo en Sicilia, tan tranjero. El jefe de la partida se apresusemejante en muchos aspectos al tradiró a escribir al marqués, disculpándose: cional muestro, el, de Diego Corrientes, Señor marqués: Puedo asegurarle a vue El Tempranillo y los Siete niños de Eci- cencia que esos que le han salido al seja. Giuliano nos vuelve a los tiempos del ñor inglés no eran ladrones; eran cuatro bandolerismo en Sicilia, bajo el Gobierno sinvergüenzas que se han echado a los de los Borbones, cuando un bandido pocaminos y a los que daré su escarmiento día ser instrumento del Gobierno o de por haberme hecho quedar mal con vue los revolucionarios y arbitro de la políti- cencia. Para que se vea cómo siempre ca, como ahora pretende serlo Giuliano, lia habido distancias y categorías. que bien pudiera ser reencarnación del Por lo demás, cuando el bandolerismo famoso Fra Diávolo. Giuliano, como otros bandidos de Sicilia, como muchos de los campa por sus irrespetos en despoblados nuestros, ya pertenece a la leyenda, que o en ciudades, no es lo malo el bandolees la superación de la Historia. En todo rismo, lo peor es la pasividad compla hay categorías y aristocracia, y nadie las ciente que nos hace a todos sus cómplices y encubridores. Y. la verdad, el papel respeta ni se somete tanto a sus leyes co mo los que están fuera de todas la leyes de cómülice o encubridor ya supone una probabilidad al ascenso, una predisposi sociales. ición sólo contenida por falta de valor. El En los tiempos de nuestro bandoleris- que abre paso a un ladrón o un asesino mo en Andalucía, se cuenta de un inglés que se escapa, no está muy lejos de penque llegó a España con el deseo de recorrer los sitios más peligrosos frecuenta sar: el ¡Quién fuera él! Y si no lo piensa en dos por secuestradores y bandidos. Todos que lomomento, lo pensará cuando lea cuantos le aconsejaban que desistiera de su pro- millonesrobado asciende a unos no han y que los gángsters pósito, por los riesgos de la aventura. Cosido habidos. mo nada le hiciera desistir de su empeño, le aconsejaron que, por lo menos, se proJacinto BENAVENTE