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DIARIO I LU S- T R A D O D E INF O R M A C IO N G EN E RA L NTRE tantos coleccionistas, unos 1 de Jt v. a liosas antigüedades y objetos dé a r t e otros de fruslerías, al parecer sin importancia, yo no sé si habrá alguno q u e hay a tenido! a curiosidad o el capricho de coleccionar pliegos de aleluyas, ni si en la Biblioteca Nacional en la Municipal habrá colecciones de esta literatura de bajo vuelo, pero tan significativa de una época como puedan serlo romances, cantares, refranes y todo lo que constituye lo que hemos dado en- llamar folklore, sin haberle hallado tortavía una traducción adecuada, con ser tanta nuestra riqueza documental en ello y ser cosa tan nuestra. Si y? dijera que las aleluyas fueron mi iniciación en la literatura, no faltará quién piense que de tales principios no podía esperarse mejores fines. Mi disculpa es que todos los chicos dé aquél tiempo nos pirrábamos por las aleluyas; particularmente en los días de procesión, y más que f. n ninguna otra én la llamada del Dios Grande. Desde muy temprano acudían los vendedores de aleluyas, pregonándolas a gritos: ¡Aleluyas, aleluyas finas, que pasa la procesión! Los chicos nos apresurábamos a comprarlas, pues era costumbre tirarlas recortadas al paso de la procesión y desde mucho antes. Chicos y grandullones se peleaban por cogerlas al vuelo, y para nosotros era regocijado espectáculo ver cómo andaban a empujones y a golpes por atraparlas, hasta revolcarse por el suelo. Solía suceder que antes del paso de la procesión se habían agotado las existencias y había que acudir a los altos poderes familiares para obtener una ampliación de crédito que nos permitiera la adquisición de nuevos pliegos, pues sin aleluyas la procesión ya no tenía atractivo para nosotros. Texto y estampas de las aleluyas quedaron en mi memoria. Los asuntos eran de lo más variado, de lo dramático a lo cómico, de lo moral a lo picaresco. Algunas E ALELUYAS eran el comentario dé obras teatrales, dramas, comedias y zarzuelas, de las más aplaudidas. Las de la obra de Ayala El tanto por ciento l a comedia escucha atenta, lector, del Tanto por ciento BC ü! A RI O IL USTRADO DE ÍNF ORMÁ CI O N G ENERA L N 5 ciones En un corral, con una varita en la mano, persigue a unos pavos, y el texto dice: Molesta a unos pavos. Las de El valle de Andorra zarzuela muy popular, de argumento muy interesante; las de Los amantes de Teruel Estas habían ascendido en calidad literaria y su texto no era en aleluyas, sino en fáciles y pintorescas cuartetas. Vaya un ejemplo: En una de ellas, Diego Marsilla toca el laúd al pie de una ventana, a la que está asomada Isabel de Segura; a otra ventana se asoma el padre de ésta y el comentario era: El padre de Isabelita, que no entienda de canciones. per la ventana les grita: ¡Que ie enfrían los ríñones! Eran muy populares. La vida de don Pirrimplín y la del hombre flaco y el hombre gordo La de aquél empezaba Larjro como una cerilla, el flaco nació e n Castilla, En las del hombre gordo se hacía constar (y qué más sintética y completa descrÍDCión. En el circo y el teatro ocupa el sitio de cuatro. Hombre ya: Juega y pierde lo que puede también sucederle al hombre bueno, aunque se supone que el hombre bueno no juega nunca. El final es. una lección de moralidad: El hombre malo, acaba en el patíbulo. No creo que ninguno de los chicos que hubiéramos leído esta vida del hombre malo hayamos sido malos en nuestra vida. En las del Carnaval de Madrid había pinturas del más ñvo realismo: Miembros de una estudiantina vomitan en una esquina. Las había de moralidades, como la de los oficios y profesiones, en que unos ganaban y otros perdíanu hasta que al final era la Muerte. Y al pié decía: La Muerte todo lo pierde En La vida del hombre malo quizá por la gravedad del asunto, se había prescindido de la aleluya; la explicación del texto era lacónica, a la manera de Tácito. El hombre malo, desde niño muestra sus perversas inclina- Por esta breve antología de las aleluyas puede comprenderse cuya seria la procedencia; pero que no las escribían tontos ni lerdos, bien puede asegurarse. Sé advierte en ellas una malicia socarrona que puede parecer ingenuidad. Es difícil a peco qué nos hayamos contaminado de literatura, aparentar ingenuidad. Por eso, los escritores qué pretenden parecer ingenuos y primitivos me parecen como las viejas repintadas: más viejas cuanto más quieren, parecer jóvenes. Mucho he leído, lecturas desordenadas, como yo mismo. Lo que puedo decir es que no ha sido nunca por aprender. Si algo sé no es aprendido, sino prendido al pasar por la vida y por los libros. Y entre todo siempre hubo un lugar para aquellas aleluyas de mi niñez, deletreadas en los primeros años de mi edad. Hoy también, ante mucha literatura moderna, deletreo por entenderla. Y, deletreo por deletreo, recuerdo mis aleluyas, que por claras y fáciles llegué a leerlas de corrido y no las he olvidado todavía. Y algo tiene lo qué nunca se olvida, y queda como eslabón dé esta cadena, que es nuestra vida, en la qué, como dice Valery: Sólo lo qué se recuerda ha existido. Jacinto BENAVENTE BAILES NAPOLITANOS VENECIA. -Grupo d danzas napolitano Jurante una exhibi don en la plaza de San Marcos, con motivo del Festival Internacional dé Música y Danza, era el qué participan 1.200 b a i ¡armes pertenew cien- tes a as naciones.