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DIVAGACIÓN ESTIVAL Y COCTELERA ADRID se llena de extranjeros! ¿Se habrán creído que es una playa veraniega? A lo mejor. ¡Les cuentan a los pobreciíos tales cosazas de España! El hecho es que vienen, precisamente ahora, sin que les asuste el calor: a unos, porque ya se advierte por la voz y el acento- -dulzuras y cadencias de azúcar y de danza- -que son de tierras calientes, y a otros, de irías regiones norteñas, porque algún compañero, tras el tornaviaje a sus lares, les contó que aquí les habíamos mejorado el coktail y el ice cream No me refiero a los curiosos y, estudiosos, ni a los que, por móviles de gratitud religiosa e histórica, vienen a conocer el viejo solar de sus abuelos. Hablo de los turistas que no frecuentan más museos que el de licores, magnífico por cierto, de Perico Chicote, y llenan los bares de lujo, como hemos dado en llamar, pluralizando a lo español un eufenismo exótico, esos establecimientos, mitad tabernas y mitad botillerías, para araer o refrescar. Que los visitantes son extranjeros, no cabs duda: lo van pregonando sus corbatas, que nunca se fabricaron en España. Unas corbatas espantosas con los colores más chillones y los dibujos más feos que un loco pudiera imaginar; bordadas o estampadas con flores y frutas inverosímiles, astros y estrellas, aves zancudas, pájaros r a r o s automóviles, aeroplanos y elefantes en miniatura, ninfas, monstruos, dados, naipes, puentes, columpios, faroles, caballos, perros, gatos, mariposas, gusanos, tallarines, tripas y lombrices. Son las mismas corbatas que exhiben los jolivudistas famosos en sus películas de paranoicos último grito, que I hacen desternillarse de risa a los alienis- j tas de ciencia verdadera. Los que no llevan corbata van despechugados y en mangas de camisa, y arremangados hasta el codo. Es otra moda que nos trajeron allá por la otra gran guerra, como las chaquetas blancas de peluquero o mozo de café, y las sandalias frailunas y peregrinas, que dejan casi desnudo todo el pie. i Oh, los pies chatos, casi sin empeine, sin arco de luz entre el talón y la punta! Pies nada toreros, pies de siete leguas, que a la legua se ve que no son españoles. Algunos extranjeros llevan a la zaga a sus extranjeras con el garniel en bandolera; las más, delgadas y entecas, desnudas las piernas, llenas de equimosis, descalabraduras, polvo y picotazos de mosquito. Hay algunas bellísimas, esbeltas y rubias como espigas maduras y con claros ojos de ensueño y lejanía, y las hay redondas, compactas y morenas como gigantescas pastillas de chocolate. Esta mañana mismo, cuando más sol entraba por las ventanas de un blanquísimo bar elegante, aparecieron tres negras vestidas de colorines: eran ágiles, muy bien formadas y flexibles, tal, que por parecer palmeras, merecían una cabellera dé dátiles; pero, en fin, tenían unos rizos prietos, imposibles de peinar, apelotonados como pasas de Corinto, y así eran Medusas de fábula cierta, con miel en vez de serpientes. Un amigo que me acompañaba exclamó: i- ¡Jesús, qué oscuro se ha puesto esto de repente! Yo le atajé: i- -Déjalas. Traen sombra, frescura y belleza. Las negritas se acercan a la jarra pero no sabían qué tornar. Entonces yo les recomendé un libro novísimo titulado El Bar. Evolución y arte del coktail que acaba de publicar don Jacinto Sanfeliú, bsrman modernísimo, español por sus cuatro costados, a nesar del i M título extranjerizante, y hombre fino y áe buen, gusto, poseído de la antigua ciencia misteriosa y cabalística de los mixtureros confeccionadores del permistión y el rosoli. -El autor les explicará y clasificará con muy lúcido acierto- -les dije a las negritas- -las virtudes y calidades del jerez, que es el mejor vino del mundo, y aun hallaréis en su copioso y pintoresco recetario, si no os gusta el vino puro, y de pasp os digo que mezclarlo con tino no está mal, una lista innumerable de vuestros fizzes como no los pudo soñar vuestra fantasía, efervescentes y luminosos, frescos y ardientes a la par, con todos los colores del iris en el ópalo tornasolado y alegre de sus espumas. Y este hombre Sanfeliú, que habla a maravilla su catalán nativo y su español de buen patriota, y tantos idiomas como para entenderse con los hijos de Noé del orbe entero, es un maestro, un maitre exquisito, y aun os servirá de guía, más gourmet que gourmand por donde, tras de haberlo pasado muy bien en este Madrid caliente, podréis decir al volver a vuestros lares. que comisteis y bebisteis de cuanto se os pudo antojar, más barato que en vuestra tierra, y que os sirvieron unos permistiones, en español lo digo, tan bien preparados como vuestros cocteles, y hasta que probasteis un pescadito frito a la andaluza como no saben freído, exceptuado Ñapóles por las enss. ñanzas de los soldados de El Gran Capitán, én ninguna otra tierra del mundo. Reímos, y yo mismo, con mis sabias manos pecadoras, les confeccioné a las negritas un brebaje como para que cambiaran de color. El recinto se fue poblando de extranjeros, forasteros e imitadores nacionales: corbatas calidoscópicas, bustos despechugados, masculinos brazos velludos y lavanderos, pies femeninos, sandalias con tacón de moda, al aire el talón, y empezó el chancleteo insoportable, romería de suecos, con el ruido horroroso dé un xilófono desafinado... Luego, en la calle de Alcalá, donde por quitar los rieles del tranvía está levantado el pavimento y hay muchos adoquines hacinados, me encontré con un ssñor ya maduro, muy gordo, ciento cincuenta kilos a ojo de buen cubero; rubio entrepelado de sal y pimienta, vestido de tirolés, con las pantorras al aire, un sombrerito minúsculo, en el que no le entraba la cuadrada cabeza, y una monísima pluma verde, de soldado alpino. ¿Podré pasar? -me preguntó, muy amable, pero con un acento de dos mil demonios. -Pase usted sin miedo. Ni una piedra se moverá de su sitio. Madrid es una gran ciudad civilizada; se ríe de todo, pero no ofende a nadie, j Es muy hospitalario! Felipe SASSONE LA CASA DE VELAZQUEZ L Gobierno español ha premiado la gran obra hispanófila del director de ¡a Casa de Velázquez, Mauricio Legendre, con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. Legendre ama a España apasionadamente. A lomos dé un pollino, o de una muía pastueña, ha recorrido nuestro país de punta a punta, viajando por la meseta castellana, por él macizo alpujarreño, por la Siberia extremeña, o por las trochas pizarrosas de las Hurdes. Y sus sagaces observaciones las ha llevado al libro, publicando en francés y en castellano, una Semblanza de España (un libro sobre Santa Teresa de Avila otro acerca dé las Hurdes, y La historia de la literatura católica española Durante la guerra civil española, Legendre publicó la Nouvelle Histoiré d Espagne libro que atrajo la ira del Frente Popular francés, pues la actitud de Legendre era dé completa adhesión a la causa nacional. Y ahora el ilustre escritor hace acopio de datos para una nueva obra en la que defiende a España contra las calumnias de que hacen víctima a nuestro país las plumas que muévela incomprensión, el odio o la venalidad. La tarea dé Legendre es fructífera porque la guía el amor. La Casa de Velázquez- -casi derruida durante la guerra- -era un hogar levantado a la armonía, a la convivencia y al espíritu de fraternidad hispanofrancesa. Allí, los artistas franceses iban estudiando, amorosamente, la fuerte tradición estética española en loa grandes pintores; la fortaleza de la raza, su gloriosa tradición, sus costumbres, sus tipos... La Casa de Velázquez era un monumento de raigambre españolísima, de nuestro Siglo de Oro. Dos grandes arquitectos franceses, los señores Chiffoí y Camille Lefévre- -ya muertes- -fueron los autores de este bellísimo monumento. Chiffot, que había venido a nuestro país a estudiar ¡a arquitectura española, quiso hacer un monumento de estilo español, ajustándose estéticamente a ¡a magnífi- ca portada de Oñate que España había regalado a Francia para la construcción de la Casa de Velázquez. La obra admirable de Chiffot fue continuada por otro gran arquitecto francés ya mentado, Camille Lefévre. Ahora, para la reconstrucción y reedificación de la Casa de Velázquez, se ha nombrado a un ilustre arquitecto francés, Haffener, el que creemos que huirá la tentación de hacer una obra personal y que reedificará la Casa dé Velázquez tal como estaba, pues. era como una bella casa solariega española. j En el presupuesto francés de. este año de 1949, hay un crédito para las obras, f que ya se han iniciado, de descombro y consciidación dé 10 que se va derrum bando. El patio maravilloso dé la Casa de Velázquez, qus es el corazón del na lacio, ha quedado, por fortuna, intacto. La reconstrucción de: edificio ha de eos: tar mucho menos si se aprovecha lo que hoy existe. Los trabajos de consolidación que se llevan ahora a cabo de 2o que ha i quedado de la Casa dé Velázquez sig; nifican que se quiere hacer el edificio lo mismo que antes. Y es de escorar que no tardará mucho tiempo en comenzarse ios trabajos de reedificación. í Julio ROMANO H de Calculadoras y Sumadoras. -LlomSsrí Hortale- a, SO. T. 21 C 5 Q 3