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MADRID, DÍA 3 DE AGOSTO DE 1949 NUMERO SUELTO 50 GENTS g m s. N este mes de agosto, el día 8, si mal no recuerdo, se cumple el quincuagésimo aniversario de la muerte de don Emilio Mario, cuya historia artística va unida a la del teatro de la Comedia desde su inauguración hasta los años del go. Emilio Mario, desdé los principios de su carrera, que empezó muy joven, logró distinguirse y ocupar, con beneplácito del público, el puesto de salan joven cómico en las mejores compañías. La primera vez que yo vi representar La vida es sueño en el teatro Español, Emilio Mario era él Clarín, en unión de Elisa Boldún, Rosaura, y dé Rafael Calvo, Segismundo. Es la única obra de! teatro antiguo que le he visto representar; pero supongo que en aquella temporada figuraría en algunas otras, dada la preferencia de Elisa Boldún y de Eafael Calvo por el teatro clásico. Fue don Emilio Mario discípulo de Fernando Osorio, gran actor, en opinión de muchos superior a don Julián Romea; pero su prematura muerte no dio a su nombre la permanencia necesaria er ¿la escena para afirmar un prestigio, que, al iniciarse por el mérito, sólo por la continuidad se consolida. Enfermo del corazón, aseguran que se agravó su enfermedad al representar una obra muy sentimental, cuyo título no daré por respeto a los supersticiosos, que, por esta vez, tendrían tazón para serlo. La obra, que fue muy celebrada y un triunfo para Fernando Osorio, no ha vuelto a representarse nunca. Al construirse el teatro de la Comedia, el propósito del propietario era el de explotar en un marco aristocrático el género por secciones que había conseguido en el barrio y el teatro populares de Variedades el favor de un público perteneciente a todas las clases sociales. No ha habido nunca teatro más democrático, y, por lo tanto, más madrileño, que el teatro de Variedades. De los antepechos de las galerías, colgaba el público capas y mantones, que daban al teatro él aspecto de una casa de préstamos. Ni ruegos ni enfados de los acomodadores eran capaces de impedirlo. ¡Buen público aquel! La flor y nata de los barrios bajos de entonces, cuyo centro era la plaza de Antón Martín, famosa por sus barricadas. Por contraste, en los palcos, podía verse a las señoras más encopetadas de la aristocracia, y en las butacas, a la clase media. En la primera sección, representada por señores mayores, matrimonios de edad que se acostaban temprano. En las últimas secciones, la genis joven: hombres solos o parejas, también dé jóvenes más o menos matrimoniales. Una selección de este público, sin el espectáculo de las capas y les r- antonés colgados dé los antepechos, era lo que sé pretendió llevar al teatro de la Cc: r; rdia. La compañía c ¡ue se formó para CÍ J era la mejor compañía de comedia que hubo en Etipaña por mucho tiempo. Figuraba en ella, como primer actor y director, don Emilia Mario, doña Ba- bina Valverde, la mejor característica de aquel tiempo y de mucho tiempo después; Lo- D I A R I O i L usT R A D O D E INF O R MA G I O N GENERAL inauguraba c a s i siempre la temporada. Algunas v e c e s con una obra de Bretón dé los Herreros o de Narciso Serra. Los proveedores de obras nuevas eran Ramos Carrión, Eusebio Blasco, Emilio Alvaréz y Mariano Pina, con traducciones del francés, de las que era habilísimo adaptador. Más tarde, cuando ingresó en la compañía María Tubau, y después, al formar ésta compañía aparte, Elisa Mendosa Tenorio, don Emiíio Mario renovó su repertorio con obras de las que habían dado a conocer en España las compañías italianas, que en la temporada de primavera sustituían a la titular del teatro de la Comedia. Estas compañías nos traían, aires de fuera, con obras de Augie r, Dumas, hijo, y Victoriano, Sardou. Obras y? viejas en Francia, pero de gran novedad para nuestro público y que entonces parecían dé un atrevimiento y de un verismo inusitados en nuestro teatro. Don Emilio Mano, que por sil figura y su elegancia en el vestir fue un galán convincente, se anticipó a envejecer én el teatro, y dejó de hacer galanes para dedicarse a lo que suele llamarse trabajo de peluca. Estuvo en ello muy acertado, pues, en efecto, en estos papeles era mayor su naturalidad y se advertía que en ellos estaba más a su gusto. Como director dé escena, aun era más notable que como actor. Obras que yo había visto representar en París: El amigo Fritz una de ellas, por los grandes actores de entonces en la Comedia Francesa; La Reichenberg, Goí, Fevre y Coquelin Cadét, como intérpretes, quedaba superada como interpretación y presentación al representarse traducida en ei teatro de la Comedia, dirigida por don Emilio Mario, con él mismo, Siisa Mendoza Tenorio, don Miguel Cepillo y Ramón Rosell, en los principales papeles. Lo mismo con muchas oirás obras. Don Emilio Mario bien merece un recuerdo y un lugar preferente én la historia del teatro español, durante la segunda mitad del sigio XIX. El teatro fue su vida entera, y yo creo qué lo mismo qué don Julián Romea, sin duda se preguntó muchas veoss- ¿Qué harán por las noches los que no hacen comedias? En todas las profesiones, pero en ninguna como en la del teatro, para triunfar hay que amarle sobré todas las cosas; como lo amaba don Emilio Mario. No es lo mismo afición que amor, y de ningún modo, que negocio o vanidad o apego a las faldas o la ausencia dé ellas, según el género, de los comediantes. Hoy son muchos los empresarios, directores y actores que tienen afición al teatro; muchos más les que sólo piensan én él como negocio o como satisfacción de vanidad o por el susodicho apego faldero; pero amor, lo que se llama amor al teatro... Bien está acordarnos de los que lo amaron tanto como don Emilio Mario. No dejemos caer su nombre en eJ olvido, por lo menos mientras haya todavía quien pueda decir: Así eran o, con mayor tristeza: Así fueron Jacinto BENAVF. NTE la Fernández, graciosa y simpática actriz, procedente de la compañía de Arderíus, dé la que salieron excelentes actores de comedia, pues don Francisco Arderíus fue tan buen director en su género como don Emilio Mario en el suyo. Otra primera actriz, Carmen Genovés, de arrogante figura, imponente morenaza, con mucho de lo que luego se ha llamado sex- appeal Como actores, Ricardo Zamacois, genial y personalísimo actor cómico, cuya vida con su muerte trágica bien pudiera ser asunto de una novela, a la que nada habría que añadir imaginado que pudiera superar en interés a la realidad. No faltaba, como en ningún teatro de verso, entonces, un cuadro de baile, para finalizar el espectáculo y alguna vez también como intermedio. Para mayor solemnidad se inauguró el teatro con función entera; creo qué fue con la comedia de Bretón de los Herreros Me voy de Madrid El buen éxito del teatro, de la compañía y dé la comedia, hizo cambiar al empresario de su primer acuerdo y pensar si no sería mejor continuar con el espectáculo entero que implantar el trabajo por secciones. Don Emilio Mario, que siempre fue precavido y temeroso d e arriesgarse en aventuradas empresas, desconfiaba del cambio. Además, todas las obras escritas para ser estrenadas en el nuevo teatro eran en uno o en dos actos, contando con el género que iba a cultivarse. El empresario pudo convencer a don Emilio Mario, y en el teatro de la Comedia no se trabajó por secciones; aunque en las dos primeras temporadas sólo se estrenaron obras en uno o en dos actos, como en el teatro de Variedades. El teatro de la Comedia fue pronto el más favorecido da! público. Se abrió un abono y en él sé inscribió lo más distinguido de Madrid. El abono, si tenía te ventaja de asegurar un ingreso, tenía el grava inconveniente de que al repetirse demasiado una obra, el abono respingaba, y sobré don Emilio Mario llovían cartas, que si don Emilio las conservaba, sería un curioso archivo de impertinencias. En una de ellas le decía una señora: Si alguna vez se indispone algún artista, no se apuré usted, mis hijas y yo nes sabemos la comedia de memoria y Dodemos encargarnos de cualauier papel. Don Emilio tenía que capear continuamente los intc- eses de los autores y el disgusto del abono, en cuanto en su turno veían una obra más de dos veces. Esto fue causa, años después, de que hubiera que renunciar al abono, cuando íos autores no se resignaban tan fácilmente a que sus obras, por mucho éxito que hubieran tenido, desaparecieran del cartel a la quince o a la veinte representación. Don Emilio Mario representaba en el teatro lo que llaman los franceses l école du bon sens Su autor preferido era Moratín. Ccn alguna de sus obras se i