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MADRID, DÍA 23 DE J U N I O DE 1949. NUMERO SUELTO 50 CENTS. a g ESTOY A RÉGIMEN N comidas y reuniones aristocráticas, siempre ha habido quien se ha distinguido por su buen apetito y por él llegaba hasta conseguir una popularidad que acaso por otros merecimientos no hubiera conseguido nunca. Pero aquel buen apetito no suponía hambre atrasada ni privación de exquisiteces, de las que sólo al ser convidado podía verse satisfecho. Sé percibía, desde el primer momento, que el comer bien no era para ellos inusitada ocasión, sino costumbre inveterada. Sus excelentes disposiciones gastronómicas eran envidia de los sometidos a régimen por algún padecimiento crónico, y emulación para los desganados por disgustos y preocupaciones o por apatía digestiva. Se les invitaba con gusto y se les veía comer con admiración. Eran el mejor aperitivo en muchos casos, y satisfacción para las señoras de casa que por ellos podían apreciar las excelencias de su cocinera. Hoy, en cualquier reunión de sociedad, acompañada de refrigerio, no faltan tampoco personas de buen apetito. Pero... ¡qué distinto el modo de manifestarlo y la manera de satisfacerlo! Se diría una turba de famélicos, que por mucho tiempo no ha comido. El espectáculo es desagradable. Hay quien irrumpe en el lugar en donde ha de servirse el agasajo, antes dé la previa invitación. No espera a qué los criados le sirvan, no se adelanta, se abalanza sobre fuentes y platos y engulle dé cuanto se le pone por delante, embaulando dulces entre fiambres, ensaladillas entre helados y las más disparatadas mezclas de vinos y refrescos. Todos sabemos que hoy son muchas las casas en qué no se come lo suficiente, y muchas más en las que golosinas y exquisiteces, que antes no eran un lujo en cualquier mesa de familia regularmente acomodada, hoy han llegado a ser prohibitivas por su precio. En este tiempo, ¿en qué mesa, por modesta que fuera, faltaba la fresa ni las demás frutas propias de la estación? No, no se come lo suficiente ni se come lo que apetecería, pero no hay razón para olvidarse de la buena crianza sólo ante la vista de unos emparedados, unas pastas y unos refrescos. Nunca se ha visto tan descomedida voracidad sin disimulo. Si los dueños dé la casa no han sido previsores y no han tenido en cuenta este desbordamiento desconsiderado, se exponen a ver que, apenas empezado a servirse el refresco, ya falta de todo, con el natural apuro de los camareros. Si no se quiere pasar por este bochorno, lo que ya cuesta hoy mucho ha dé costar el doble para que nadie pueda decir que estuvo mal servido. Hoy, sólo los millonarios pueden permitirse el lujo de obsequiar a sus amistades. Imposibles las reuniones modestas, imposibles aquellos martes de los de Gómez. La vida de sociedad es un lujo. Cada uno en su casa, con sus apuros y sus privacio. nes. Hoy, la vida de sociedad sólo tiene un aliciente: comer, desquitarse de las privaciones diarias. No se conversa ni se repara en ln calidad de las personas, ni en las que invitan ni en las invitadas. Lo importante es comer. Hemos llegado a un punto en que los niños, en los que D í, A R Í C) 1 L U sT R ADO DE i: NF O R M A C I O N G E NER A L E CAMPEONATO MUNDIAL DE BOXEO cen gala señoras y caballeros en cualquier reunión en donde se sirva algo y en donde no hay más remedio, para distinguirse, que decir a los camareros cuando le presentan a uno viandas o bebidas: Gracias: no quiero nada. Estoy a régimen. A régimen de buena educación. Jacinto BENAVENTE GEOGRAFÍA Y QUIMERA A isla de Pascua es, en realidad, la única isla con estatuas Porque la otra, la que visitaron los antiguos, que aseguraban que tenía también estatuas y que mencionaron repetidamente los cartógrafos medievales con el nombre de La Antilia resultó al fin que ni siquiera existía. Las naves de viajeros y conquistadores removieron las aguas del nuevo océano, después de Colón, sin encontrarla por parte alguna. Las olas se la habían tragado. Fue La Antilia en definitiva, uno de los grandes mitos destruidos por la naciente realidad de América. Pero como la leyenda había sido tan bella- -nada menos que resucitar la Atlántida de Platón- tenía por lo menos que salvarse el nombre del olvido. Así desapareció la isla de los mapas, pero el nombre de La Antilia quedó ya unido para siempre a un archipiélago y su mar. Este fluctuar entre la geografía y la quimera consumió durante siglos gran parte de la energía humana. No parece probable que al mundo medieval le hiciese falta más tierra para su expansión. Al contrario, hoy nos parece, al contemplar ruinas y castillos, que los hombres vivían muv a gusto en sus dominios y, todo lo más, en los de su vecino. Sólo al animarlos un ideal común, como el de las Cruzadas, fue quizá cuando debieren sentirse viajeros y soñadores. Si se despertó o no la fantasía en este. momento de la Historia, al descubrir un Oriente fabuloso, lo cierto es que, a partir de entonces, a lo largo de la Edad Media, parece escaparse por sus torres almenadas un ansia incontenible de soñar. Este afán de vida sorprendente cruza las tierras yermas y llega hasta el mar. A teólogos y monjes visionarios les azota por primera vez el rostro un viento desconocido. Viene del mar Tenebroso. Allí están las islas fantásticas que pueblan sus sueños de iluminados. Las ven desde las celdas, desde las torres de la baronía. Los trovadores las van enumerando por los caminos polvorientos. Hay una, entre ellas, que promete el Paraíso. Nuestro San Isidoro llegaría incluso a fijar su latitud, si antes hubiera podido detener en los mares la leyenda flotante de las Afortunadas. Los ojos están fijos en Occidente cuando la geografía mística aporta dos tesoros deslumbrantes: la isla de San Brandan y la de las Siete Ciudades. Estas son ya casi reales con tal fuerza empuja la leyenda desde el fondo de los siglos. Porque el monje San Brandan vive en el siglo VI, pero de tal manera su isla ha arraigado en la fantasía de los hombres, que Ja cartografía la señala hasta el siglo XIX, sin que jamás tuviéramos testimonio auténtico de su presencia en los mares. La de las Siete Cmdade 3 tiene tam- L cante el titulo de campeón mundial de pesos pesados. Anoche se disputó el primer combate de las eliminatorias para este título, en Chicago, entre otros dos negros: Jersey Joe Walcott (arriba) y Ezzard Charles, cuya- s últimas fotografías, tomadas Jurante su entrenamiento, publicamos. El mateTi fue organizado por el Tub Internacional de Boxeo, del que forma parte el ex campeón Joe Louis. La retirada de Joe Louis ha dejado ya- estaría más justificada la avidez ante las golosinas, son hoy los más comedidos y modosos cuando se les obsequia. Los p obrecitos, acostumbrados desde que nacieron a las restricciones, la primera la del pecho, cuando empezaban a vivir, apenas si sé atreven a mirar a las golosinas cuando se les ofrecen. Deseemos que dé mayores sigan en tan buena disposición y por fin, en comidas y reuniones aristocráticas, vuelva a imperar la buena crianza, que no está reñida con el buen apetito, pero sí cen la voracidad de que hoy ha-