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MADRID, DÍA 3 DE JUNIO DE 1949. NUMERO SUELTO 50 CENTS. 1 0 LA CONDESA DEL CASTELLA ABC obras. De ellas, las primeras que conocí fueron sus Crónicas entre las cuales descollaban: Instantáneas Polichinel- DIARIO ILUST RAD O DE INF O R vi A CI O N G ENE RA L tíe ge todas fas literaturas europeas, y por entonces sintióse atraída por las hispanoamericanas leía mucho a Palma, a Rodó, a Heredia. y era, como yo, amiga y devota de Ñervo, sabía de memoria los versos inmortales de la Avellaneda, acerca de la cual dio una conferencia aplaudidísima- -en el Centro de Cultura Hispano Americano- piero su devoción más ardiente y exaltada era Rubén Darío, cuyo culto compartía con el de Wagner. La mitología musicada de Wagner y los versos de Rubén, cargados de poesía, tan afrancesados, pero hispánicos e hispanizadores, se disputaban el alma ardiente y creadora de Carmen, cuya fantasía exaltadísima, como mariposa etérea, revolaba indecisa en las lindes de la Poesía y de la Música. Entonces, y bajo los absorbentes influjos de Wagner y de Rubén Darío, nació su Poema de la Princesa y del Cisne todo en sonetos modernistas, alguno de los cuales mereció elogios de Menéndez y Pelayo. Prueba d: -l dualismo poético- musical de Carmen fue su memorable conferencia en el Ateneo de Madrid, acerca de El momento y la obra maestra de Albéniz dona: disculpaba su atrevimiento de hablar de música, con su oscura condición de poeta, que hizo de la música la pasión más grande de su vida intelectual Así decía y así era. Calificó a la Iberia de monumento de nuestra geografía lírica y espiritua dijo que sus doce cantos condensan nuestra leyenda desde el fausto de los califas al drama oscuro y carcelario... desde el fatalismo musulmán hasta la des vergüenza de Lavapiés Mostró cómo Isaac Albéniz transfundió a la mejor técnica musical moderna toda el alma popular de España. El celo por el triunfo de sus amigos muertos, su pasión por el Arte su ardiente españolismo caldeaban sus palabras que, profetizando la gloria de Albéniz, sonaban entre el tronar de continuas ovaciones. Fue un día de triunfo para Carmen. Por encima de toda su producción culminaba e 11 a su personalidad d o m i nadora, su arrogancia aristocrática, tan pudorosa de sus íntimos sentires, q u e ocultaba tesoros de magnanimidad y de ternura. En sus largas confidencias- -su m a y o r prueba de afecto- -me dejó entrever la grandeza dé su mundo interior, de sus a l t a s virtudes engendradoras de sus obras tan suyas, tan geniales, que la hicieron merecedora del homenaje y aun de la reverencia de la Patria. Hora es de tributárselos c u a n d o ya, sobre sus dos coronas heráldicas, resplandece otra más g l o r i o s a y eterna. Blanca DE LOS RÍOS ON este título firmaba sus prosas y versos originalísimos la dama egregia y escritora insigne que acaba de perder Esi Medio siglo de amistad fraternal y admiración ferviente m ¡autoriza y me obliga a rendirle el público homenaje de esta semblanza periodísticamente lacónica. Doña Isabel María del Carmen de Castellví y Gordon, condesa del Castellá y de Carlet, madrileña por su nacimiento, valenciana por su alta ascendencia de Castellvíes, Paravicinos y Borjas, catalana por su matrimonio con don Salvador Armet y Ricart, descendía por línea materna de los Cordón de Escocia, naturalizados en Jerez, semejante en esa mezcla de sangres nobles, y hasta en la aleación jerezana, a Fernán Caballero alemana por su padre, Bolh de Faber; irlandesa por su abuela, andaluza por su madre, Frasquita Larrea, y, como la condesa del Castellá, excelsamente española de toda España. Acaso por su multiplicidad de origen, Carmen Castellá- -como la llamaban sus íntimos- -tenía tal don de lenguas, que las muchas que hablaba parecían nativas en sus labios. Así el célebre hispanista Foulché del Bosch, que en mi casa la oyó hablar en francés, le El arzobispo de París, cardenal Suhard, dijo: Condesa, aunque se obstine usted que a consecuencia de una congestión pulmonar ha fallecido en aquella capital. en negar que ha nacido en París, yo no la creeré nunca. Y Carmen, con el acento inconfundible de las hijas de Madrid, le contestó: Hijo, pero si he nacido en le La catástrofe y, singularmente, los barrios bajos de la villa! Oyéndola Los trágicos encuentros página enigmática reveladora de un extraordinario no cabía dudar. temperamento estético que desbordaba en Y con igual señorío dominaba el in- los cauces del acelerado periodismo. t glés y daba conferencias sobre historia Llamada a dirigir la página femenina y arte británicas en esa lengua, como pro- de El Liberal de Barcelona, titulada pia poseía la italiana, y la catalana la hizo Manos blancas allí nació nuestra amistan suya, que obtuvo premios en públi- tad, que creció hasta convertirse en vercos certámenes por sus armoniosos ver- dadera frafcrnddad de alma. Educada mosos en el habla de Mosén Cinto násticamente en las Salesas, de Madrid, El carácter dominante en Carmen Cas- era devotísima de nuestros místicos y hatellá lera la aristocracia histórica y con- giógrafos; y, lectora insaciable, conocía génita, el multisecular: Nobleza obliga profesado como un dogma. Su actitud física y moral era la arrogancia. No la soberbia y mucho menos la vanidad, sino un don nativo, una apostura física y espiritual, un espontáneo ascender como la llama hacia lo alto, que imprimía carácter a todo lo suyo, a su elegantísima figura, a sus manos marmóreas y estatuarias, a su moverse armonioso, a su hablar sonoro y musical, a su andar resuelto, señoril, principesco; a su bella caligrafía, gallarda, resuelta, inconfundible, y, sobre todo, a su alto pensar y a su nobilísimo sentir. Y este carácter suyo, MADRID. -Lo participante en ti Concurso internacional de Coros y Danzas, ataviaarrogante, decidido, do con loa traje d cu país, han recorrido en típico cortejo las calles madrileña t r a s c endía a sus (Foto 8 anz Bermejo. C