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MADRID, DÍA 12 DE MAYO DE 19 4 9 INUMERO SUELTO 50 C E N T S BC N D IAR I O LUST RAO O D E I N F O R MA C I O N GE N E RAL LUGARES COMUNES ABIA yo ido a visitar a unos amigos. Esperaba en la portería a que descendiera el ascensor para elég, Ivarine al segundo piso, hoy cuarto. La ¡portera, en el interior de la portería, ha- I biaba con unas amigas. ¡Qué vida ésta! ¡Cuándo acabará una! ¿Para qué quiere una vivir? Si supiera una que bo hay nada detrás y que con morirse ¡descansaba... Pero vaya usted a saber si fao será peor lo que nos espera y no po- (irá una descansar nunca. Sí una supiera I que con quitarse de en medio descansaba, ¿por qué tenía una que aguantar todo lo que hay que aguantar en este munpo? El despotismo del casero, las quejas y las impertinencias de los inquilinos, hasta de las criadas... Y las injusticias que está una viendo todos los días, que a cualquier 1 sinvergüenza lo ve una mejor mirado que ál que vive y se porta como Dios manda... ¡Pero está una tan acobardada, qué no se atreve una a tó- mar una resolución! Piensa una hacer ésto o lo otro y acaba una por no hacer nada y aguanta una todo lo que hay que! aguantar por el miedo a que cualquier otra cosa sea peor dé lo que una aguanta, j Yo lo pía y pensaba: ¿En dónde he oído yo esto? ¡Ah, sí, Hamlet! El famoso monólogo, To ba or not to be. Con otras palabras. ¿Qué importan las palabras? Palabras, palabras; en lo esencial, lo mismo. Las mismas inquietudes; las mismas consideraciones de males y disgustos; en boca de la portera más justificadas, porque el príncipe Hamlet, al enumerar las razones que pueden hacer aborrecible la existencia, piensa justamente en lo que, por su condición de príncipe, menos ha podido mortificarle. Poco puede saber jm príncipe de la opresión de los tiranos, de las arbitrariedades de la autoridad, de la dilación en la justicia, de la postergación del mérito a la intriga, ni del amor menospreciado, y nos olvidamos dé que habla un príncipe, para oír al autor, al comediante, a Shakespeare; que ése sí, ése ha sabido de todo ello, y ya, en uno de sus sonetos, enumera las razones suficientes rara disgustamos del mundo, y una de ellas: The Art tongue tried fór authority. ¡Dichoso Shakespeare que por boca de su Reyes, de sus príncipes, dé sus bufones, pudó explayar su pensamiento! ¡Ricardo II, Hamlet, el Rey Lear! Todo el dolor del mundo en Shakespeare. Shakespeare y el dolor del mundo es el título de una obra del italiano José de Lorenzo, cabal estudio del pesimismo en la obra de Shakespeare; el dulce Shakespeare, como le llamaron sus contemporáneos. Cuántas veces no habremos leído en críticas de nuestras obras: Los pensamientos que quieren parecer profundos no son mas que lugares comunes de filosofía barata. No he comprendido nunca esta división dé la filosofía en cara y barata, -como no sea por él precio de los volúmenes en qué esté publicada. Y en cuanto a los lugares comunes... El confrontar el monólogo de Hamlet con las vulgares lamentaciones de la portera, ha sido siempre para mí una satisfacción. Si todo lo qué se piensa y lo que se dice no fueran en realidad lugares comunes, mal BARROCO PORTUGUÉS O es un azar que éste Congreso Internacional de Historia del Arte, que ha reunido en Portugal a los más eminentes historiadores de arte de todos los países, haya, terminado en Qporto. El arte; portugués explota aquí en una de esas orgías de formas enmollecidas y carnosas, que brotan de las columnas y de los arquitrabes como cabezas de víboras y que no son, en definitiva, más qué Iáf transposición, con otro espíritu, de la cósmica naturalista del arte manuélinó. Ahora no son cordajes, ni velas salobres, ni nudos que anudan los. horizontes como en tiempo del Rey don Manuel, sino volutas jué se desrizan en carnosos alabeos, pájaros anidados en la sinusoide dé la columna salomónica y ángeles que desempeñan la función de atlantes sin ape- adumbrar por eso gracia del vuelo. Porque este barroco no ha tenido la lenta evolución que el español. Todo él se cobija en ese siglo XVIII, que aquí tiene perfil alterado de concha. Una vez más, en el arte portugués, los precedentes no cuentan. De la misma manera que Nuno Gonzaíves inaugura la pintura, portuguesa con ese tríptico de San Vicente que se alza solitario como las hazañas portuguesas ds este siglo XV, sin etapas previas d, e tanteos. Pues bien, una parecida falta de justificación 1 formativa se extiende ante este barroco que más que ninguno evoca íben. galenas, fuegos de artificio y desarrollos operísticos. Corresponde a una de éstas diástoles súbitas, en las que el arte portugués se desmesura, llevando un estilo a sus últimos límites. Por un lado, los retablos de torsas arquitecturas se cubren con algarabía de pámpanos y querubines. Por otro, él barroco cortesano de Juan V presenta énfasis de gran ópera, con los tableros donde una hojarasca- de, marina pulpa abarquillada y unas corichas de temblonas estrías se mezclan a unas solemnes ninfas reverenciales, que presentan siempre calidad de cortejo. Pero quizá el acento más nacional dé este barroco se encuentra eh la concepción conjuntada de los retablos y tribunas del mismo ámbito arquitectónico. Cada altar es así la cresta de una ola de oro incendiado qué se reanuda en el altar si- guíente y que culmina en la arrebatada torsión, en gran escala, del retablo mayor. Todo se unifica en la misma concepción escenográfica que crea, más que la pura arquitectura, él circulo espacial de estos interiores. Se levantan los órganos sobre consolas de ángeles dorados. Las tribunas alcanzan las bóvedas, en- fundados todos sus perfiles en estas maderas con hervor de relieves no cuajados. Y los altares se hallan como flanqueados de hacheros, por la movible inquietud de unas tallas icuyas luces no encuentran superficies estables donde reposar. Es aquí donde se repite, la teoría de que el cristianismo crea en sus iglesias, más que espacios nuevos, luces artificia- les. Estas luces conforman el clima estético y espiritual propicio para las efusiones religiosas. Que si en el gótico era de rayos coloreados po. r las vidrieras, ahora es de reflejos áureos, que se entrécho- H Mañana viernes, día 13, Su Santidad Plp XII promulgará el decreto declarando heroicas las virtudes de la venerable madre Rafaela María del Sagrado Corazón, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Rafaela Parras y Ayllón nació en Pedro Abad (Córdoba) el 1. de marzo de 1850, de distinguida familia, y, sintiéndose llamada, en plena juventud, a una vida más perfecta, fundó una nueva Congregación religiosa, que a IOÍ tíicz años de su existencia obtuvo la aprobación de la Santa Sede, con el nombre de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesós (1887) Durante dieciséis años desempeñó el gobierno supremo de su Instituto, con grandísimo éxito, y estaba ya extendido y consolidada cuando renunció al generalato (1893) Pasó los treinta y dos años últimos de su vida, retirada en la casa de Roma, sin cargo ni distinción algunos; allí murió el 6 de enero dé 1925, y allí descansan sus restos. A los once años de- su muerte (1936) se abrió el proceso informativo sobre su fama de santidad, y en años sucesivos se efectuaron en Roma y Córdoba los procesos apostólicos sobre sus virtudes. podríamos darnos a entender ni entendernos unos y otros. Dé lugares comunes se mantienen las relaciones sopiales. Coincidir cpn el pensamiento de, nuestros interlocutores en nuestras conversado- ríes, con el pensamiento del autor en nuestras lecturas, es siempre una satisfacción y una tranquilidad, la de no sentirnos solos, aislados en nuestro pensamiento, que por ser sólo nuestro y temer que seamos los únicos en pensarlo, ya nos pone Cn sospecha. de locura o de extravagancia, No pretendo con esto que mis obras parezcan buenas por abundar en lugares comunes. Pero tampoco creo que sean peores por eso. Desde que oí a una portera el monólogo de Hamelt, he perdido el miedo a coincidir con las porteras, que tal vez sea el mejor modo de coincidir alguna vez con Shakespeare. Jacinto BENAVENTE é ivi üfe k