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MADRID, DÍA 10 DE MAYO DE 1949. NUMERO SUELTO 50 CENTS l ABC D DIARIO ILUSTR A D O D E I N F O RM A C I O N G E N E RAL de menos algún recuerdo, alguna nota cronológica, algo más expresivo que la escueta noticia de su muerte. Es mal de los tiempos. Ya son pocos los que se detienen al paso de los muertos, siquiera un momento para descubrirse ante ellos, ya que se empieza por no llevar sombrero. Pero no seamos tan olvidadizos ni tan ingratos para los que supieron cumplir con los deberes de su posición social, como supo cumplir la marquesa de Salamanca. ¡Nena Salamanca! Yo no podía resignarme a parecer olvidadizo; ingrato, mucho menos. Jacinto BENAVENTE NENA SALAMANCA ENA Salamanca, así llamaban sus- íntimos a la marquesa de Salamanca, y de la intimidad transcendió el nombre a cuantos la conocían, y como les pareció más apropiado por más cariñoso. Nena Salamanca fue ya siempre para todos, que, al sustituir títulos nobiliarios por nombres familiares, el cariño es más certero que el respeto. Argentina por su nacimiento, española por su matrimonio, era la marquesa de Salamanca relevante personificación de lar. relaciones fraternales entre los dos pueblos. Con su madre, Julia Elena Acevedo, señora de Martínez de Hoz, con su tía, Delia Acevedo, que tantas instituciones benéficas han patrocinado y sostenido en la Argentina, Nena Salamanca, desde muy niña, fue colaboradora en todas ellas, y a ellas dedicó siempre su mayor atención j sus desvelos, sin alardes de sacrificio, como si el hacer bien fuera para ella un agrado más de su vida, más que graciosa ocupación. Durante nuestra guerra, Nena Salamanca trabajó sin descanso por la causa nacional, y bien sabemos, los que aun hemos padecido en la Argentina los efectos de la propaganda roja, si el significarse cerno nacionalista de España, en aquellas circunstancias, no era exponerse a la animadversión y a las diatribas de lo más bullidor y descollado en lo social y en lo político. Nena Salamanca no desatendió nunca ninguna manifestación de españolismo en la Argentina, ya fuera benéfica, ya fuera cultural. En ella se fundían las más altas cualidades de la gran dama argentina y de la gran señora española. Nunca la verdadera aristocracia de la raza, en los dos países, estuvo mejor representada que por la marquesa de Salamanca. Como su madre, la señora de Martínez de Hoz; como su tía, Delia Acevedo, inteligente y de muy cultivado espíritu, exenta de pedantería, en nada parecida a otras bas bleux argentinas- -lo digo en francés, porque es el idioma preferido por ellas- inteligentes también, de gran cultura, pero de una pedantería insoportable Para que nada les falte, berrendas en comunista, que es el toque supremo de estas sabias mujeres por las que bien pudo Moliere escribir su comedia del mismo título. Pero es ofender el recuerdo de la marquesa de Salamanca, sólo con el parangón, aunque sea en su elogio, con esas otras descarriadas, antiespañolas y antiargentinas, que no pierden ocasión de denigrar en lengua extranjera lo mismo a España que a la Argentina, a las que nc perdonan la oposición al comunismo de sus ilusiones. A este propósito recordaré la maldición del representante de un teatro de Sevilla a un actor que, por sus intemperancias- -para la vulgar opinión borracheras- -ponía a la Empresa un día y otro en el caso de suspender funciones, ensayos, cambiar carteles y cuanto podía perturbar la marcha de un negocio. Tenía este actor un hijo de corta edad, pero ya tan insoportable como su progenitor que adoraba en él, sin duda por parecérsele tanto. Y un día en que las intemperancias del actor pasaron de raya, el susodicho repre- N CONSIDERACIONES SOBRE HAMLET OY muchas gracias a Pemán por él elogio que consagra a mi versión de Harnlet en la autocrítica de su traducción libre y en verso de la misma tragedia, estrenada con tanto éxitb en el Español. Y más que por aquel encotnio, se las doy por su honradez literaria, cosa bien singular, pues, como dice el propio Hamlet a Polonio, ser honrado, según anda hoy el mundo, equivale a ser escogido uno entré diez mil No procedieron así otros, quienes callaron la deuda que con mis obras contrajesen, aprovechándose hasta de los errores de impresión. Celebro también que, con su claro entendimiento, no haya suprimido las escenas capitales de Fortinbras. Hace muchos años, reprochando yo a Martínez Sierra qué las cortara en su versión, escribí cómo constituían el eje del drama. Recientemente dos autores (no los nombro para bien suyo) se han atribuido cuanto observé a este respecto. Y, a fin de que no insistan, sépase consta en la página 236 de mi Libro de los plagios (Madrid, 1920) que, por añadidura, sirve de iustificacióní a haberse respetado ahora las intervenciones de Fortinbras. Bien me doy cuenta de las dificultades vencidas por el señor Pemán para salir airoso de su cometido. La tragedia, escrita en versos blancos y prosa rítmica, ocupa treinta páginas y media a dos columnas en el in- folio primero. unas tres mil ochocientas líneas. ¿Cómo es posible que primitivamente su representación solo durara dos horas y media? Muy sencillo antaño e imposible hoy. Hacíase la obra seguida, sin mutaciones ni entreactos, y el secreto de los antiguos actores consistía en la rapidez y en sus pulmones de acero. No se recreaban ni se oían a sí propios en la declamación. Los parlamentos sucedíanse fulgurantes, casi a la velocidad de una lectura aprisa, invirtiéndose poco más de dos segundos en cada verso; celeridad que ponía los nervios en ¡ttn. sión. La lentitud desesperante de la escena de ahora enerva las emociones. El papel de Hamlét representábase con barba: confiesa tenerla, en el monólogo final del acto segundo. Porque este personaje espantoso dista mucho de ser un mozuelo o joven lampiño. Cuenta ya treinta años. Es un scholar grueso y de aliento c o r t o fat and scant of breath de costumbres sedentarias y constitución pletóríca, que le obliga a pasear cuatro horas seguidas por los corre- Mr. Ashley Dnkes. eminente escritor británico, uno de los más grandes críticos y ensayistas del teatro, autor dramíí so y director de escena, llega hoy a España, y el dfa 16 dará, en el Instituto Británico, una conferencia obre El teatro británico contemporáneo Sus libros COO. -ÍJ el arte escénico- -como Drama y Ha cambiadlo la escena -son universaltnente admiradlos. Su labor de produoer tenida por ejemplar en las países anglosajones. Su obra dramática, exaltada por el gran público y también por Jas minoría si 1 puso en s. eena dos comedias 3 e T. 3. 2 Jiot: Mv. rder In the Cathedral y Family Reunión Está casado con Mme. Ma- rie Rambert. la cual perteneció a la compartía Ce ballet ruso Diaghilev y creó luego os famosos Ballet Rambert Mr. 5 Jnkes dará conferencias en los Institutos Británicos de Bilbao. Sevilla, Valencia y Barcelona. sentante no halló mejor maldición que decir: ¡Qué hombre éste! ¡Permita Dios y que le viva su hijo! Del mismo modo a los creyentes en el comunismo no se les puede desear nada mejor para su castigo, ¡que venga el comunismo! si fuera posible que sólo viniera para ellos... pero, paz a los vivos por respeto a los muertos. Siempre me he contenido en mis admiraciones a boca de jarro, por temor a que parecieran adulación. Mis mayores admiraciones han sido respetuosas y calladas. Así era mi admiración por la marquesa de Salamanca. Y callada hubiera seguido, aun después de su muerte, cuando ya no cabe sospecha de fingimiento ni de cortés lisonja, si a su muerte no hubiera echado