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MADRID, DÍA 27 DE FEBRERO DE 1949. NUMERO SUELTO 50 CENTS, tff DIARIO ILUS T R A DO D E INF O R MA C I ON G E N ERA L i ACE ocho años rando por las esquiaue en un honas la ausencia de lo tel de Roma, seguro, de lo estable como un obrero puny lo tradicional. En ALOCUCIÓN RADIADA ANOCHE ANTE LOS tual que ha rematanada paraliza eso tu MICRÓFONOS DE RADIO NACIONAL, POR do su fatigosa tarea, marcha ascendente v José María PEMAN se le paró el corajuvenil a ritmo con. zón al Rey de Esc u a n t a s novedades paña, don Alfonso XIII. Dijo, al morir, vergencias y pasiones, que es la vida pú- exijan los tiempos. A orillas delriopuepalabras que conmovieron a cuantos le blica de los pueblos, ¿qué otra cosa hay de plantarse, cada año, la cosecha que se asistían. Ofreció a Dios, en la angustio- que tenga la solidez humana de esa ins- precisa. Pero, sea cual sea la siembra, sa disnea de su agonía, todos sus dolores titución, que más allá de toda contingen- la última fecundidad se la dará siempre por España. En el modesto cuarto del cia pasajera, se pone en fila con esas ele- el riego de aquella misma vena fluvial hotel romano, donde cupo tanta grande- mentales y no legisladas seguridades del que nunca se detiene. Plante España, en za, no hubo un rincón para ningún re- instinto sobre las que se cimentan la fa- buen hora, lo que quiera en su tierra fecuerdo rencoroso. Y cuando, contestan- milia, la herencia, la filiación o la pater- cundada de héroes y de mártires. Pero no do al sacerdote, perdonó a sus enemigos, nidad? ¿A qué ventura más grande pue- desaproveche nunca para su siembra el de aspirar un pueblo, sino a esa de que, agua de ese río impertubable que es su sus palabras, que añadían a la obligación de cualquier cristiano la generosi- escarbando en la arena movediza de las dinastía: de ese río cuyas fuentes y honpasiones y opiniones que inevitablemen- tanares, allá en los altos montes de la dad de un Rey, frente a la hora desgarrada y rota de España, anticipaban His- te forman la vida humana y política, sé gloria, se llaman Isabel y Fernando, y toria y preludiaban soluciones dé paz, al llegue al cimiento de roca de algo inalte- Carlos y Felipe. dar toda la medida de la anchura nacio- rable y continuo; de que, abriéndose paso Tan cierta es esa fusión, casi carnal, entre leyes y poderes, se llegue a una del Rey con su Patria, en sus dimensional y humana de la Institución. mística; de que, traspasando razones y nes de espacio y tiempo, que si don AlTan de padre fue su muerte que, por argumentos, se llegue a un instinto; de fonso XIII cayó, fue por eso mismo: aquí, por España, sus hijos, aun tan seque, superando hombres, y grupos, y pos- por unido y abrazado a España, a la que parados de él en tiempo y en espacio, enturas, se llegue a la augusta quietud de un viento dectrinario, con fatalidad de tendieron profundamente el instante. Por la Realeza? Por cima de episódicas ro- época, derribó por el suelo en aquella cima de colores y distingos, la efeméturas, el Rey muere en Roma perdonan- hora. Tan cierto es que los Reyes, que ride fue rápida y espontáneamente insdo y pensando en España. España le llora salvan mil veces las naciones, jamás retalada en su caliente sencillez humana. como en un duelo de familia. Esto no presan su marcha ni entorpecen sus exEl dolor y la muerte sé entendieron por estaba legislado ni escrito en ninguna periencias. Don Alfonso, por fundido tosí solos, y dialogaron sobre el Mediterráconstitución. Esto se abrió como una flor, talmente en espacio y tiempo con su Paneo. Nadie dicta a los huérfanos las fóren la entrañable tierra vegetal de lo desnu- tria y su hera, fue como su hora y su Pamulas de su dolor: por eso, sin apremio da y limpiamente humano. Aquel Rey es- tria, generoso, amplio, confiado. Llegó un de nadie, adelantándose a toda oficial dispigado, pálido, del caído labio velazque- momento en que la confiada locura esposición, salieron a hacer de colgaduras ño, que vivía en Roma, desterrado de pañola quiso tantear la experiencia de una por los balcones, así como los damascos España, se sabía a España de memoria; revolución que clausuraba todas las eseny reposteros del centro de Madrid, la colle llevaba por menudo la cuenta de la cias nacionales: y a una España así descha floreada de la cama del pobre, banvida, como si se contara los latidos de naturalizada, correspondió un Rey destrodera hoy de la pena como ayer del amor, su propio corazón. Entrar en su depar- nado. Hasta en aquella ocasión estuvo y él mantón de la muchacha y él trapito tamento, tan impersonal, del hotel, era unido el Rey a su Patria: porque estublanco de la madre, sobré los que el vecomo volver a entrar en España. Y esto vo fuera de ella cuando España estaba lillo de misa improvisaba un lazo funeno por una eventualidad de sus perso- fuera de sí. España se desplazó de su traral. Se lloró por las esquinas la muerte nales condiciones, sino por una virtud dición y de su historia, y el Trono, porque del Rey. Y el duro monosílabo de oro, esencial de su función heredada y de su no se movió de su sitio, se encontró fue- -el Rey- desempolvado de toda alheréncarne ungida. No es que fuera adjetiva ra de España. Se decía que el Rey estaba cia política, volvió a tener, en los labios o accidentalmente patriota; lo era pro- desterrado de España. Pero cuando se sencillos, aquel limpio tañido de campana fesional y físicamente, como quien tiene hablaba con él en Roma, se le sentía tanta que tiene en nuestros clásicos, en nuessu vida privada fatalmente confundida y tierra española pegada a sus dedos de latras crónicas y en nuestro romancero. sincronizada con la vida pública de la brador de Historia, que casi parecía que Patria. Vivir, sufrir, gozar, hasta morir, era más bien España la que estaba desteTan pura y espontáneamente humano fue aquel instante, que su evocación, al no eran para él verbos personales, sino rrada de su Rey. cabo de los años, no debe tener otro tono. acciones históricas. No eran una cosa No es esta efeméride para ser manipula- distinta de les problemas de España, sus ¿Necesitaremos que esta lección entrada por los políticos, sino para ser evoca- preocupaciones de familia. Y cuando ñable nos la dicten o recuerden los proái por los poetas. Ni yo, al evocarla, que- muere, ya está viva y despierta su con- pios enemigos? Porque ellos vieron bien rría ir un paso más allá de donde fueron tinuidad para recoger esa fecunda Insticlaro que para agredir las esencias vitaaquellas palabras moribundas que perdo- tución que jamás de. a desamparada la les de la Patria tenían que empezar por naban a todos y aquellas lágrimas espon- función soberana... España, España: Si desplazar la Monarquía. No era posible tienes ese tesoro, si tienes ese linaje que llegarle a la Religión y a la familia y a la táneas que lloraban al Rey. Pero esto no quiere decir que sea esta nace y se renueva para ti, regalo de Dios dignidad humana, sin descerrajar, primefecha un puro escape de vaporosa nos- y herencia de la Historia, no quieras ro, las puertas del Palacio de Oriente. talgia. Fecha es cargada de experiencia, nunca renunciar a tu caudal y ponerte en Todavía ayer, durante nuestra contienda y! a evocación dé aquella muerte de Roma fi a con los huérfanos y hospicianos del civil, un voluntario portugués, monárquiy esas lágrimas de España, contiene en mundo, que tienen que andar inventando co, que peleaba a nuestro lado en una sí, por su misma sencillez humaia, tina instituciones y magistraturas que les escuadrilla de Aviación, cuando fue indensa carga de articulada doctrina y con- prohijrn; no quieras reincidir en alegres terrogado por los periodistas Y usted improvisaciones que acaban alfinllo- por qué es monárquico? contestó con cretísima lección. Porque en ese mundo tan roto de dissnC llez, señalando las líneas enemigas: H LECCIÓN Y EXPERIENCIAS DE ÜN ANIVERSARIO