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MADRID, DÍA 6 DE ENERO DE 1949. NUMERO SUELTO 50 CENTS, S AB DIAR IO I L U S TRADO DE INFO R MA C I O N GE N E RAL ORIGEN DE LA PASCUA MILITAR A calma tras el motín de Esquilache y la firma del Tratado de Versalles, de 1783, por el que otra vez volvía a ser de España la isla de Menorca con su plaza fuerte de Mahón, alegraron tanto a la severa majestad del Rey Carlos III, que decidió mostrar su real aprecio al Ejército. Designó para ello el día de los Reyes Magos, ordenando a sus virreyes y capitanes generales que precisamente en esa fecha manifestaran a sus subordinados la regia felicitación de Pascua y la concesión de gracias y honores en tan señalada festividad, que en adelante se llamaría la Pascua Militar. La nueva fiesta aun alcanzó más empaque y solemnidad, porque los jefes de Cuerpo, a imagen y semejanza de la primerísima autoridad, dispusieron y ordenaron que se celebraran festejos para la tropa, con tan gran sentido de confraternidad, que en esencia todo vino a quedar en un cordial saludo y una mutua felicitación entre los jefes y sus soldados; Pero no ocurrió lo mismo en años posteriores. La fiesta fue perdiéndose hasta que otro día de Reyes, Fernando VII sorprendió a la Guardia Real entregándole una serie de regalos que habían sido traídos por les Reyes De solemne y severa se convirtió la fiesta en tan pintoresca y alegre, que un año, en la gran recepción de Palacio, el general Castaños, causando el asombro de todos, en la frígidísima mañana, se presentó con pantalón blanco, de riguroso verano. El Rey, extrañado, se acercó a preguntarle la razón de vestir aquel unfforme. Y el general, haciendo un gesto alusivo al metal de su paga que no percibía, graciosamente contestó: -Señor, yo estoy en el mes de agosto y por eso vengo de verano. Sisruió por estos modos la Pascua Militar con cabalgatas de soldados, algaradas callejeras, reparto de obsequios por el alcalde de la Villa y Corte al batallón de su nombre, acompañado de la Reina Gobernadora, de la que entonces se decía que era una divinidad Pero hacia el 98, de allá de Cuba, llega una fina estampa de rayadillo de la Pascua Militar, en la que el general Weyler, el hombre de hierro en el Hospital de La Habana, felicitaba a los heridos entregándoles condecoraciones, y ante un viejo capitán que moría y le saludaba, tomando las insignias de jefe de su ayudante, se las imponía, besándole en la frente, mientras sus ojos se le llenaban de lágrimas... Quizá las únicas que se le vieron al tigre de la Manigua al carnicero a la hiena mallorquína pero que bastan para destruir tantos insultos. No obstante, y a pesar de tanto y tan- trabado hecho, se volvió a pasar de moda la Pascua Militar, hasta que ayer misma se volvió a restablecer como homenaje a los más antiguos y viejos soldados. El año pasado le fue ofrecido al intendente general, don Emilio D i e z Arranguiz, de ciento cuatro años de edad, recientemente fallecido. Y nos contaban luego- -y ello fija el gran desnivel económico de estos años- -que por la tarde estaba tan contento que le dijo a su hija: -Dale una pesetas al asistente para que se vaya a cenar por ahí... Y así sigue la Pascua Militar con su anécdota rio solemne, gracioso, heroico o desacompasado... Con sus cornetas y tambores que en la mañana de Reyes levantan su aire legendario, mientras los niños abren sus ojos maravillados ante los juguetes y creen que aquellos soldados que pasan son algunos que quedaron rezagados del fastuoso cortejo de IOÍ Magos de Oriente. Caries III, según un retrato de Goya. Fue EL GENERAL MAS ANTIGUO ON Jeró n i m o Aguado U zquiano nació en Pamplona el día 30 de septiembre de 1856. Rumbo ya a sus noventa y tres años, es el m á s antiguo de nuestros generales. í Cuánta hist o r i a pasa por los a ñ o s combatientes del general Aguado! Ingresó en la Academia de Infantería el d í a primero de enero de 1873, y. con un curso breve, pues en aquellos tiempos agitados se necesitaban oficiales, sale a Uzqulaprestar servicio en ií- DonelJerónimo Aguadolos genemás antiguo de nea el 30 de junio de no, rales españoles. 1874. Los carlistas están en armas y Castilla la Nueva es recorrida por grupos que van levantan do los pueblos. El joven teniente sale a los campos de Guadalajara y en ellos sostiene su primera acción. Luego, con el general Araoz, pasa a Cataluña, donde los partidarios mueven guerra encendiendo mal dormidos entusiasmos. Se produce la Restauración y se enciende la guerra en el Norte. Allí va Aguado, y combate en Somcrrostro. Luego, años de paz en España, y Aguado Uzquiano pasa a Cuba el año 1884, donde presta servicio, hasta que el año 1897, de una a otra colonia, con breve estancia en la Península, pasa a Filipinas. Es capitán general de aquellas islas don Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, el viejo marqués de Estella, cargado de prestigio, príncipe de nuestra Milicia. El capitán don Jerónimo Aguado va con refuerzos que salen de España en el viejo trasatlántico León XIII. Llega con oportunidad. Emilio Aguinaldo ha levantado el país. La insurrección crece. En San Rafael, un pueblecito manileño, está cercado un destacamento de españoles. Aguinaldo es un buen capitán guerrillero y aprieta el cerco, deseoso de abrirse paso hacia la capital. Entra en operaciones Aguado Uzquiano con la brigada de Fernández Golfín. Hay que liberar a los sitiados, y para romper el cerco se dispone una audaz maniobra: el paso del río Kinkoa. El río, de régimen torrencial, viene crecido. Su vadeo es imposible. Pero el imposible lo realiza, al frente de dos compañías, quien hoy es el más anciano de nuestros generales. Los cazadores, con riesgo de perecer arrastrados por la corriente, van cruzando el Kinkoa, y caen sobre la retaguardia de Aguinaldo, sorprendiendo sus atrincheramientos. Dura lucha, y los soldados de Castilla- ¡oh, el castila, prestigioso, semidiós en la bélica teogonia oceánica! -que guarnecen San Rafael quedan libertados, en un episodio guerrero de hace ya más de medio siglo. Se llega a la paz de Bianabactó, y Aguado regresa a España. Va pasando su hoja de servicio el anciano general. Llegan los años: los años. Ya es el más antiguo de todos. En la caída de una tarde de invierno- -símbolos la estación y la hora- -he aquí que un nombre y una acción militar ponen lumbre de entusiasmo, luz de mediodía; en su ocaso. Año 1897. Manila. San Rafael. Liberación de un destacamento. En la amarilla hoja, relumbran las líneas que, con concisión castrense, evocan el episodio de antaño, postreras llamaradas de un sol que se ponía con honor. Y hoy lo recordamos al escribir el nombre del general don Jerónimo Aguado, aquel capitán de Cazadores... L D este Rey quien designó I di de Reyes Magos como Pascua Militar. MACIÁ SERRANO