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DIARIO ILUS- T RA D O D E INFO R M A C I ON G E N I R A L a PRESENCIAS INVISIBLES ARA los niños, ignorantes del c de la muerte, son alej Navidades. También tes de sentido, son buen comilonas y jolgorios. Para sensibilidad, para los que re sienten, han de ser siempre t de neblina en el alma, de que nos trae graves pensam nos hablan del amor y de que nos traen la presencia i seres queridos que se nos unos, ausentes; otros, muer A la mesa familiar, en 1 quisiéramos alegrarnos, perc en ella, si un año más estam- suele decirse, ¿cómo no pen guno faltará tal vez al añ otro, algún día? Y cuandc no. ¿cómo no recordarle, c su invisible presencia allí d tantas veces, sentado entre allí están los que nos faltan, mo decía Verlaine, las T (queridas c a 11 a d a s para siempre, que ya sólo hablan en nuestro recuerdo para traernos! a. esperanza de q u e hemos de volver a oírlas, y su presencia invisible volverá a ser realidad en el sueño ignorado, que s e r á el despertar al morir. Y la copla castellana, la copla que nos estremeció de h o n d a emoción al oírla perderse en la noche como despedida de alegre fiesta lugareñ a -a c u d e a la memoria. ABC D IARIO I LUSTRA) DO D E INF O R MA C I O N GEN E RAL P Voy a echar la despedida, la que Cristo eohó en Belén: Si que aquí nos juntó a todos, nos junte en la Gloria, amén. De todo lo que al sentir popular de España le debe mi pobre obra de autor dramático, nada me satisface tanto como haber llevado esta copla a mi obra preferida, Señora Ama. Y ¿qué sería la inmortalidad del alma si fuera separación y olvido de. cuanto amamos en nuestra vida? El que aquí not- juntó a todos, nos junte en la Gloria, amén. De los días felices de nuestra vida ha de ser nuestro cielo; de nuestros amores, el amor infinito, amor que mueve el sol ylas. estrellas, como dijo Dante al final de so poema, su Divina Comedia. Y si al fin no fuera divina, ¿qué valdría esta comedia humana, en la que todos somos actores, unas veces, risibles; tras, odiosos, sólo redimidos de ruindades y miserias por el amor? Lleguen las Navidades, llegue la Noche buena con sus fiestas familiares y seamos en ellas como estos pequeñuelos que se ale- 1 ii i lus n mi rinlri ili- l liilni ¡IIUlTll MUÍ isno dr y fiesta Jas Navidades. gran en lo presente sin recuerdos y sin temores y que algún día sea universal la fiesta y todos como pequeñuelos en ella. Hoy, todo es guerra en el mundo. Hubo un tiempo en que al llegar la Navidad se daba tregua a los combates. Aun en la guerra del año, catorce, se suspendían las hostilidades, y alemanes y franceses salían de sus. trincheras y se acercaban unos a otros, cambiaban cigarrillos, simpatizaban, podían creerse que la guerra había terminado, más aún, que no había empezado nunca. Tan, to se temió la comunicación, que las autoridades militares prohibieron el acercamiento. Había que mantener el odio. Y el odio se mantiene, un odio universal, de pueblos, de razas, de clases. ¡Qué lejos la tregua ni en la noche de Nochebuena! Cómo sera su fiesta para quienes las presencias invisibles en esa noche sean es pectros de sangre y destrucciones hogare. en que no volverá a ser nunca Nochebuena, niños- tristes y hambrientos sin cari- cias? Y más triste, si en sus almas sin conciencia sólo perciben al contemplarse ellos mismos, el espectro de su propia an malidad, de monstruo antediluviano para el que el Niño Jesús no ha nacido todavía ni nacerá nunca. Sí, la Nochebuena es siempre triste para el que recuerda y presiente; pero a lo menos, que esa tristeza sea sin remordimientos una dulce tristeza que nos permita sentir a nuestro lado la presencia invisible de los muertos queridos sin que puedan acusarnos de no haber sido dignos de su presencia en esa noche santa, en que la mesa familiar es como altar en el que ofrendamos a. Dios nuestros amores en la tierra con la esperanza de verlos reunidos en el cielo. Y en nuestro corazón vuelve a cantar la copla castellana: El que aquí nos juntó a todos, nos junte en la Gfefia, amén. JACINTO BENA- YENTE