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MADRID, DÍA 21 DE ocTUBiRE 50 DE 19 4 8 NU MhtfO SU EL 1 O C F N T S Jf que presenciara la exigua provisión de- la mesa, no era posible. Hacerla esperar en la sala no parecía bien. Se optaba por suspender la cernida y decir que habían terminado de comer, y, en realidad, faltaba tan poco para terminar, -que no era mentir mucho. Y así siempre; cubriendo las apariencias, mejor dicho, mostrando apariencias, que á nadie, más que a ellos misinos, podían engañar. En: verano, pasar unos días en algún pueblecito, -tal vez en el de la criada, en casa de los padres de ésta, y decir al regreso que habían estado en San Sebastián, y sí alguien, con la peor intención, les preguntaba cómo era que nadie los había visto, decir que ellos hacían una vida muy retraída, el mar y el campo, que ellos fio iban a San Sebastián para hacer la misma vida que en Madrid, como todo el mundo. Por ellos, tuvieron que inventar los caseros lo de entresuelo, bajo, principal, primero Á y primero B, sin llegar nunca a! tercero, porque nadie al ofrecer la casa quería decir: piso tercero, que era humillante y deshonroso. Ahora, no sé decir si esto es mejor que aquello, hemos, pasado al extremo opuesto. Se tiene a gala ostentar la pobretería. Ya nadie se avergüenza de comer lentejas, en presencia de visitas, ni de llevar un traje, zurcido y remendado, ni unos zapatos viejos, ni de vivir en pisó cuarto o quinto, aunque no haya ascensor en la casa. Verdad es que ahora, como decía un poeta francas, por los pájaros, extrañado de que, con haber tántqs pájaros, nunca se vieran pájaros muertos e, n el campo o en- los poblados: ¿Es que los pájaros se esconden para morir? Hoy se diría que la clase media pobre se esconde para vivir, porque a la vista todos parecemos millonarios. Ño hay más que ver la 1 afluencia de esa clase media de ahora en los espectáculos, en- los restaurantes, en los bares y aquí no hay engaño posible ni apariencias que valgan; en todos estos sitios hay que pagar al contado. Ahora tal vez la cursilería está en lo contrario, en querer aparentar que se vive muy mal, cuando todos vemos que se vive muy bien. Jacinto BENAVENTE DIARIO ILUST R A D O DE I N FORMA G IO N G E N E R A L 5 g intención de librar del olvido escritos del gran poeta, o inéditos, o perdidos en las hojas amarillentas de viejos diarios y revistas. Tal colecta, que me anticipo a calificar de meritoria en grado sumo, se debe al joven escritor especializado en el conocimiento literario del siglo XIX, Dionisio Gamallo- Fierros. El caso fue planteado en la ilustrada revista Finisterre en una penetrante nota titulada: Una cuestión gremial de la poesía y su autor cree que habitualmer. íe se merma el prestigio del escritor al que se le publican textos que nunca pensó en que vieran la luz pública en la solemnidad del libro. Creo qtie está mal planteada la cuestión. En muchas ocasiones en que se han hecho estas publicaciones no consta en contra- rio la voluntad de! autor, y aún en el caso con que ejemplifica su tesis (las obras completas de Rubén Darío) el poeta había publicado, y en libro, la mayor, parte de las que cree; que no añaden nada a su valor literario. Pero lo. importante del caso es la posición en que el crítico se, coloca, sobreen- tendiéndose que no le interesa del escritor sino su obra perfecta y representativa, como si ésta pudiera conocerse y gozarse en todas sus dimensiones sin er conocimiento; incluso, de los tanteos torpes, que llevaron su ministerio a extremos tíe perfección y maestría. La curiosidad de quien así discurre es, por cierto, harto limitada, y sus exigencias de, gozador de la poesía están faltas, al menos, del ansia de sentido histórico indispensable para el que de veras quiera gozar de una creación literaria. Pero es que además sucede que ciertas tendencias, -o características que la perfección de la abra disimula se ven con mayor claridad a la luz de estas obras, en las que su misma impericia las- hace más patentes, y ellas nos dan la clave para mejor seguir los rumbos del poeta, ya que conocemos más precisamente sus nortes. E importa el conocimiento del hombre, y cuantos más datos se acumulen mejor podremos satisfacer esta necesidad. Siempre que leernos alguna pieza anónima, tratamos de ver tras ella ¡a fisonomía auténtica del escritor, e inventamos un carácter, el espíritu de un hombre que fuera la causa de aquellos pensamientos. Hay un estilo vital, el de cada escritor, que cuanto mejor se defina y conozca, nos hará gozar mejor de su obra. Y no haya miedo de que. el escritor, si pudiera verlo, protestara de tales publicaciones. Nadie más indulgente que el autor para sus propias producciones. Elias están asociadas a momentos de la vida, felices o ingratos, y esa emoción de lo vi- vido se transmite al lector siempre. Bienvenidas sean estas páginas abandonadas de Bécquer del olvido er el ángulo oscuro y nada de indiscreto ni de perjudicial tiene el divulgarlas, máxime si se hace con la competencia con que éstas están publicadas. Con tales escrúpulos aun estarían olvidadas y desconocidas las páginas de Santa Teresa o los versos de Garcilase. Josa María DE COSSIO de la Real Academia Española EL R E T R A T O Y LA CARICATURA URANÍE el pasado siglo fue. tema preferente de los escritores cóstumbr stas, en el teatro, el libro y el periódico, las ridiculeces de la clase media, que todas ellas tenían su resumen y compendio en la temible denominación da cursilería. En el antiguo teatro de Variedades, después en el de Lara, casi todas las obras en ellos representadas tenían por asunto las tristes privaciones de la Clase media, y su afán por sobreponerse con apariencias engañosas a su verdadera situación. De. todo ello bien hubiera podido hacerse dra- mas y aun tragedias, pero mi experiencia de viejo autor 1 dramático me ha enseñado, a veces a mi costa, -que la cíase media, de no verso idealmente poetizada, prefiere verse en caricatura- -Ja caricatura es también un modo de idealizar- -antes de verse fielmente retratada. De mis comedias; acaso sean mis preferidas, contra lo que muchos pueden, creer, las de. esta clase media, tan ¡española, tan madrileña, la que yo conozco mejor y entre la que ha transcurrido tbda rni vida Clase que tie- 1 ne su noble ascendencia en aquellos hidalgbs de gctera, que, sin haber comido, paseaban al sol sus deslucidas galas, con un mondadientes en la boca, por donde no había pasado, nada más nutritivo en todo el día; D estas comedias mías: Por las nubes L! a losa de los sueños Los buhos y alguna otra, estrenadas todas en. el teatro dé Lara, teatro que fue siempre por excelencia el teatro de la clase media, en donóle por. tantos años esta clase media se había reído de ella misma al verse én ridículo, yo observaba cómo en estás comedias, en que yo me compadecía de lia y había procurado retratarla con fidelidad, si no manifestaba su disgusto- de manera expresiva, por lo menos tascaba e! freno, y no había que ser un lince para advertir que aquello no, era muy- de su agrado. A la verdad preferían la caricatura. Por ella oívidaban, y por la realidad recordaban, y! siempre es preferible olvidar cuando el recuerdo no puede ser grato. i Luis Taboadá fue, sin duda, el mejor caricaturista dp la clase media, y fue en la clase medía! en donde tuvo más asiduos y más complacidos lectores. Francisco de; Cossío, en un artículo, poco ha publicado en estas mismas columnas, dice muy acertadamente que hoy los artículos de Táboada más se leen con pena que con regocijo. ¿No ha pasado lo mismo con Don Quijote que para los contemporáneos, de Cervantes sólo fue un libro de risa y pasatiempo y hoy es el libro de más fronda melancolía y desilusión? ¡Aquella clage media de nuestro siglo pasado! Recuerdo a tantas familias de ella, y recuerdo tantos tristes episodios... Había casas en que no se oía. sonar la campanilla sin j susto general de la familia. Una visita! anunciada a las horas de comer era algp trágico. No se sabía qué hacer con la visita. Pasarla al comedor y D UN PLEITO LITERARIO conveniente, o no, el R Scritor incorporando el aumentarescaudal poético o literario de un JL postumamente a su obra escritos que él no considerará acaso dignos de ver la luz en libro? ¿Se traiciona con ello su voluntad? O aun contrariándola, ¿su condición de escritores públicos autoriza y aconseja el que se publiquen tales escritos? Estos interrogantes no me les hubiera yo hecho, pues la solución de ellos la tengo ya. hace mucho decidida, si no hubiera aparecido recientemente un grueso volumen de páginas olvidadas del gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer, nuncio, además, de otros encaminados a la misma