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FABIÁN DE CASTRO C Y, acaso, era feliz en ese corto espaRE. 0 que no se ha publicado la noticia de la muerte, cio del que apenas salía, y que comen París, de Fabián de Castro. De haber aparecido, prende el núcleo de los cafés de ares seguro que algún cronista le hubiese dedicado un tistas cabe al punto de crucs del articulo. No sé si al difundirla yo ahora resulta trasnoboul. Raspail con el boul. Montparchada. El nombre y la curiosa personalidad de Fabián de nasse. Tomaba asiento en las terrazas Castro solían emerger, de vez en cuando, en nuestros peencristaladas de esos cafés y le echariódicos, diarios y revistas, corno notas pintorescas de la ban chispitas los ojos, de gusto de vida parisina de un gitano español trasplantado. contemplar al espectáculo que se le Fabián de Castro era, de mozo, guitarrista, tocaor ofrecía, del que todavía no estaba canflamenco y se metió a pintor, olvidándose para siempre sado al cabo de tantos años. Allí, acodel bordón y la prima. Lo que no abandonó, en cambio, modado, dejaba volar, en ocasiones, la fue su clásico aliño, que denunciaba, en él, aj hombre que fantasía: Tengo ahora un marchante -aseguraba- -al había sido de tabladillo y rafe cantante Llevaba enque vendo cuanto hago, j Y a buen precio, a buen precio! marcado su rostro de viejecito, patillas de boca de hacha, ya blanqueadas por La figura y el aire de muchos inviernos; se Fabián de Castro inspiraabotinaban sus panban profunda simpatía. Su talones, y lucía calporte y su aliño, de gitano zado enterizo, c o n viejo y coqueto, atraían las estrecho tacón alto. miradas, precisamente en Su a b r í g o no era un lugar donde no se conotro que la capa con cede a menudo, ni un solo la esclavina llena de vistazo al mayor alarde de bordados, y se tocaextravagancia. ba casi siempre con La ilusión de Fabián dé él cordobés, y cuanCastro de llegar a ser Un do no, con un fieltro gra pintor consagrado, regrande, al que daba con. ocido, ha quedado inf, orma semejante. cumplida. Mas es posible que su larga existencia, de L l e g ó a París a constante aprendiz, un tanfinales- dé jsiglp. con to torpe, que su estrechez u n o aectá; q u; e 11 o s cuaqros de canté y bailé qué deseaban conquistar gloria y Universal vista- esde dinero- ¡o r o tintiTrocader neante! eñ la magna Exposición Universal. Y, entonces, se operó su transformación, el flechazo de la pintura en su temperamento; el descubrimiento y el afán de posesión de un arte no hecho de rasgueos, sino de pinceles y colones. Montmartre, primero, y luego Montparnasse, le ganaron. Empezó a manchar lienzos. Hizo obras de las que llaman los críticos de género con asunto; trataba de fijar escenas y tipos evocados de España, a su manera, en una interpretación muy subjetiva. Pero su pintura, sin calidades, no dejaba de se reminiscente, por lo menos, la que yo vi en sus últimos tiempos: una mezcla de Solana y de Rousseau, el aduanero. Era como la caricatura de esas dos pinturas juntas, en ingenua mezco: lanza. 1 ¿V e n d í a a al guien s u s lienzos Fabián de Castro? Í Quizá le salía inf? V- frecuentemente al- K tffWP gún comprador afi- Cuadros de cante y bailo qur desraban onau uttar loria y dinero en la magna Exposición Universal. donado al pintoresquismo. Fabián de Castro contempló la ascendente carrera de compatriotas- -el culmen de Zuloaga, el auge de Picasso, la aurora de Dalí- -sin él lograr el triunfo resonante apetecido, viviendo en un bajo, a ras de calle; un gabinete con alcoba que le servían de habitáculo y de El pintor gitano Fabián de Castro, escultura de Juan Cristóbal. (Foto V. Muro: estudio. Se evidenc i a b a la patrona, modesta y descui- bohemia y su evasión ilusionada en el deslumbradada, la soledad in- miento de la pintura, le hayan llevado derecho al confortable, la des- cielo, con las alas de alguno de aquellos ángeles maña desasistida... toscos y graves que, cuando lo exigía la anécdota, imaginada, pintaba. t ¡Pero tenía ilusiones y confianza! Miguel PÉREZ FERRERO