Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID, DÍA 13 DE JU LJQ D E 19 48 v NUMERO SUELTO 50 G E N T S AQUELLOS VERANOS... OS que sólo han conocido en Madrid los veranos, desde fines del siglo pasado hasta ahora, no pueden tener idea dfe lo, que era el verano en Madrid por los años del 70 al 80 y tarntos. (Quedé para los hombres sabios, como el -v populan tango argentino, explicarnos las causas de éste favorable cambio de clima; lo cierto es que, sin atribuirlo a pondera- ciones de viejos, y menos en éste caso en que lá ponderación es a fav í de lo. ác- tuaF, estos- veranos no sonv corno aquéllos varanos. A primétos de mayo, ya dejaba sentir sus rígdíes. Para la procesión cívica del 2 de Mayo y para la religiosa del Górjnis, que en aquellos años era por la mañana, h abía que entojdar las calles de la carrera, y no, era- pot adorno, era necesarig pre caución para evitar a clérigos, civiles y militares, insolaciones y tabardillos. A los vecinos de los barrios bajos se les permitía dormir, en la calle, y, a un lado y Otro, téndidcs- los petates, era, todas las noches, un vivaqueo ciudadano de lo más pintoresco. A la caída de la tarde, caldeada la at, mósfera, tertía vibraciones- visibles, como las aguas n telas dé moaré, como se perj ciben alrejiedor de los grandes hornos de fundición recién apagados. Madrid se defendía por iodos los me, dios a su alcance del calor irresistible. Pocas eran Tas casas con cuarto de baño, pocas eran, también, las casas de bañpv y los famosos baños del Manzanares eran mejor asunto desaínete, como el de don Ricardo de la Vega, que suficiente, recur- So contra los ardores caniculares. Ya en eF siglo XVII pudo Secir Rojas Zorrilla, por él Manzanares y por una dajna que en sus, cristales, se bagaba DIARIO ILUST A D O DE Í N R F. O R, M A G I O N CEH ER calles más. céntricas y las- más apartadas, por esquinasy plazas, puestos en donde se acompañaba la horchata. -del Ifmón helado y del agua de cebada; y, eri carretones ambulantes, en sendas garrafas, la horchata el limón, y él- agua de cebada iban de calle en caíle. al típico, pregón, aúe lo mismo podía ser llamadla al consumidor que alu- sión maliciosa al transeúnte, ya qué, al gritarlo, desaparecía; ortografía y el pregonera ¡Al helao, al helao! r De las horchaterías, la preferida por la aristocracia era la situada en la Carrera de San Jerónimo, por donde está hoy el teatro Victoria. También en la Carrera de San vjerónimo, frente lo que hoy es el teatro, estaba el café de la Iberia, én donde, por primera vez en Madrid, se- sirvieron los quesitos helados. EPcafé áé la Ibe. ría tercia un jardín al fondo, éste fue éi primer café al qué se atrevi eron á entrar las señoras solas; aunque todavía, las más empingorotadas se hacían servir los helados- a la puerta, sin apéarse- de sus carretelas, que, a la. yueltá delpaseo, ya entrada la noche, se alineaban ante el café de la Iberia. Años más tarde, Ibs heladtis, de Vi na, en la plaza de Capellanes, sustituyeron, en el favor del público aristocrático a los, íjuesitos del café de, la Iberia. Democrático, por- excelencia, -eit el café derPombo podía encontrarse a lá más linajuda señora junto a- una vendedora de la plaza de la Cebada. La reputación de. su leche merengada, de sus barquillos rellenos, con huevo, helado y guindas por adorno, igualaba a los- golosos de odas las clases sociales en unánime estimación del género expendido en el popular, y a la vez aristocrático café de Fombp. A todo esto- -y v ésto sí que no volverá nunca- Jos helados naás caros, los quesitos del café de la Iberia y los helados de -Viena costaban tres reales, setenta y cines céntimos. Ló barquillos rellenos, y los sorbetes de copetuda abundancia, dos réa les, y la incomparable, lá eminente; la ge- nial leche merengada de Pombo, cuarenta v céntimos. Jacinto BÉÑAVENTE en estos, días de San, Fermín, para que los. mozos puedan, en el- momento oportuno, lanzarse a la carrera. Esta llega a ser, para un corredor de corazón gue aguante, a sus espáídas. el, respirar de los toros, de unos sesenta; metros escasos. El toro corre más que el hombre. Pasado el, pelotón- de la corrida empequeñecida, desde lo alto por Ja corpulencia íe los cabestros, el mozo. abandona su improvisado refugio para mirar, ansiosamente, calle, abajo. Espera aún más toros, no sabe cuáles, pero le ha sabido a poco la carrera. v Nos imaginamos el contento de aquel leja- no mozo de 1898 cuando, suspendida la fiesta por motivos de luto nacióna se escaparon en los corrales del Sario. Jos séis, astados de Concha fy Sierra que ifen a lidiarse. En un principio se dijo que andaban sueltos por Pamplona, y no hubo calle envía que no se formara la agüe- rrida cuadrilla de corredores. Pero los toros, repudiados para la lidia, aunque. por causa noble, desdeñaron al vecindario y se fueron, Acarretera adelanté; hacia los pueblos. Iban- juntos, al decir de los pccós que Tos vieron. Per aün en los toros suele hacer el destino de las suyas, porque a las pocas horas se habían recogido Cuatro. eri un. prado, pastando man- sámente, y a los tres, días apareció, el quinto. Faltaba, pues, el sextó; Esta última fiera no merecía el nombré qu ostentaba, pues le pusieron. el muy humillantedé Borrego Es- verdad que no dio señales de carácter turbulento en- su larga aventura, ya que, durante todo el. tiempo qué duró su búsqueda, nó se supo de nadie que fuese corneado, rri siquiera embestido, por el miste- tioso a. ni mal. No se supo más de él, en definitiva Pasó tó (do el verano. Los primeros vienr tos del otoño empezaban a enfriaY los, campos, cuando urta tarde, a los cuatro meses justps ide su desaparición, el toro salió a la carretera de Zuazu e hizo sfrente a la Guardia Civil. No lo hubiera. reconocido ni su propio ganadero. Aquel pelo lustroso, finí) colóreado. de tres pintas- -era unjtpro sardo- había; sufrido, las inclemencias del tiempo y algunos otros exetsos que a tódas 4 uces lo desmejoraban. Los cronistas de hoy reproducen la historia completa, que. én sil día contó E! Eco de Navarra de nuestro toro. Murió bajo las balas de Ja tíuardia. Civil, como un bandolero. En, la sombra quedaron, entre tanto, las aventuras del buen Borrego durante, les íuatro cumplidos mcses- íiue durg su libertad La- gente se per- día en conjeturas: ¿qué habría hecÍTO en tan dilatadas vacaciones? Pero xon. el tiempo, que todo id aclara, empezaron a nacer por los- contornos unas becer- ras ariscas, hurañas, qué, con- vertidas luego en vacas lecheras, -corneaban, sin consideración- a ecuarhtas perspnas se les acercaban. Y una descendencia abundante de media casta siimiríístrp, d; u rante muchos años, para las oa as dfe Ion pueblos, unos novillos de buén ver, hijofl y nietos de- aduel alegre toro qué; aun- 1; que destinado a muerte violenta, amó tan- to l a vi li. L Turbio 1 cristal estaba, z 3 cuanto más ia arena le enturbiaba, f mejor la vi, que al no ver 2 t corriente, sólo era su deidrad lo. transparente; no el do, que al gozar tanta- hermosura) él es quien se, bañaba en su blancura. Pqr donde se deduce, entre el aparato poético de cristales, deidades y blancuras, que era el río el eme se aríaba en la dama, UN TQRÓ EN LIBERTAD rio la dama en el río. OSE Mar de Cossiá- ha expuesto yá Pana uso interno eran más eficaces las sus dudaá sobre lá afición de Pamplodefensas contra el calor. Madrid estaba na y, én general de los nav. arros, a, bien pertrechado de refrescos y helados, aunque todavía no sé conocía el hielo ar- las corridas de toros. Parece ser que esta, tificial y sólo podía contarse con el cris- valerosa gente- lio gualda í. el respeto debital que da el invierno y el artificio con- do al toro, y algo de esto sí se advierte animados encierros y hasta serva, como dice Ruiz; de Alartón al jen sus, de vaquillas que luego se en el describir, en La verdad sospechosa ufta juego ya- en el recinto de la plaza. orgar niza, Docena en el Soto del Mai anares: rniñgo Ortega, que ha estado ahora aquí y que, a más de máxima autoridad en Las frutas y las bebidas, Ja actual torería, es observador agudo en 1 en fuentes y tazas, hechas todo momento, podría aclararnos la cuesdel cristal quejla el invierno tión, sí quisiera, con su documentado pa y el artificio conserva, recer. de tanta nieye se cubren que Manzanares sospecha, Lo indudable es que Ja gente se di- toando por Madrid camina, vierte de lo lindo en los encierros, sobre que camina por la Sierra. todo la que está asomada a los balcones. En la calle, al sonar el cohete que anunLa horchata dé chufas, que ho es casi cia que el ganado emprende, al galope, 3 una rareza, entonces se pírecia al paso, el recorrido, se deja por unos minutos e rips saltaba a la vista. Horchaterías én. lás cantar y de. bailar, ejer. cicios habituales 3 v. i Claudio D E L A T O R R E ti