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1 L 1 J S T R A D O D E- 1 N- DI ARTO F O R M A C 1 0 N G E N E R AL 1 W D 1 A RIO I L u sT R A DO P E i N F O R M y C 1 O N G E N ER AL í su discurso de ingreso en la Academia combates y cada kilogramo de dinamita Española, ha buscado a Lope de Vega en destrozaba en monumentos y en museos- 1 Í doctor Fleming, con la modestia sus comedias y en ellas le ha encontrado, 300 metros cuadrados de Edad Media y cráteres de Prehistoria. Pudo saber en su punto, que sólo da la concien- apasionado, celoso, sincero, vivo, cómo un abría día del bombardeo de Coyentry o el se el d cia del propio valer, considera que personaje más de sus comecfias. A propósito: ¿No ha llegado la hora de de Hamburgo o el de Marsella, el día en él descubrimiento de la penicilina no es lo más meritorio de su labor científica. -proclamar que Lope de Vega es la mayor que morían unos millares de ingleses o Sabe muy bien que en todo descubrí- -gloria de nuestra literatura? ¿No nos atre- jmos millares de alemanes o de franceses. miento hay un feliz azar que en aparien- veremos, por fin, a decir que es superior a El mundo se conmovió por eso, pero lo cia nada debe al estudio- ni al trabajo. Shakespeare, y qué cualquier nación que que salvará del anonimato tal fecha en En apariencia digo, pues, si bien es ver- contara con Lope de Vega no sabría dón- el futuro es el que, en. ella, la penicilina reemplazaba, en sus panoplias, a las viedad que el hallazgo resolutivo del des- de colocarlo? cubrimiento puede ser por casualidad, lo Hoy empieza a verse claro. Por mucho jas y anticuadas armas defensivas del cierto es que esa casualidad sabe elegir con tiempo, Lope de Vega se ha visto poster- hombre. tal discernimiento que de casualidad se gado, no digamos de Cervantes, aquí el Desde entonces, han pasado unos años, eleva a Providencia. Casualidad a Provi parangón es entre iguales, sino a Calde- rrtuy pocos, pero a lo largo de ellcs la dencia, ningún descubrimiento beneficio- rón de la Barca, que nunca puede compa- mágica sustancia que unos pequeños frasso para la humanidad ha sido nunca obra rarse con Lope de Vega. Nada hablemos, quitos distribuyen por toda la redondez de un imbécil. ni de un malvado. El descu- de Quevedo, al que también se ha encum- del globo ha salvado millones de vidas brir puede ser por casualidad, pero esa brado sobre Lope. Lope de Vega es un y ha resuelto en sonrisas la angustia de casualidad es recompensa siempre de una ejemplo de lo que perjudica a un autor la las madres, de las jiqvias y de las hermavida de estudio y de trabajo. ¡Feliz casua- fecundidad. nas, antaño inermes frente a la fiebre y el lidad! La abundancia ofusca, y como siempre sufrimiento del ser amado. Y el artífice Cuando én la obra humana más se vis- se busca el menor esfuerzo y la atención de esa hazaña, lindante con la taumaturlumbra la maño de Dios no hay por qué se fatiga pronto, cuando hay mucho que gia, viene a ser el hombre, sencillo, con un sentirse apocados ni modestos. Es de su- leer, en jin escritor, o no se lee nada o e aire apacible y de timidez, que, en; componer que Dios sabe elegir a sus colabo- limita la lectura a tres o cuatro obras carti- pañía de su esposa, como un modesto 1 radores y no todos son dignos de tan al- lleras y lo. demás se da por conocido, y lo funcionario en su jubilación, acaba de reque es peor, por juzgado. correr ahora nuestra Patria. ta colaboración. El doctor Fleming pueDon José María de Cossío y don GerarBarcelona le rindió un tributo de ende estar orgulloso. Ser un elegido de Dios do Diego, en sus discursos de ingreso tusiasmo, con sutiles dosis de señorío es para estarlo. Dejemos el regateo de méritos a los que en la Academia Española, han rendido a y de ternura, como ella sabe, cuando consideran como una desgracia tener que Lope los honores debidos: muyi debidos, i quiere: frescas flores laurearon sus equiadmirar, y cuando no pueden por me. nos porque aun hay que rendirle muchos ho- pajes y enlosaron las Ramblas a su que admirar la obra, por no admirar al nores para pagarle todos los que en reali- paso; aplausos espontáneos acogieron su autor, nos dirán que la obra es superior dad se. le deben, por tanto tiempo de des- presencia del uno al otro c orJín de la a su autor, que poco o nada tiene que ver deñosa indiferencia o de absoluta igríó- ciudad; sus manos fueron besadas reve con ella. Peregrina afirmación en que han ranciaj rentemente, como las de un apóstol, y incurrido grandes entendimientos; entre Jacinto BENAVENTE durante la semana que duró Sü estancia, ellos, don Miguel de Unamuno, con Cerla gratitud y la admiración unánimes le vantes, y en Inglaterra, no menores intelierigieron en su centro. Igual Sevilla- desgencias, con Shakespeare, al que han conpués, igual Madrid. A él, bienvenida tan siderado incapaz de ser el autor de sus DEBAJO DE LOS ARCOS gentil le ha errfocionado. Nunca otra que obras. la iguale se le deparó, dijo a los perioTRIUNFALES En los hombres de ciencia, por suerdistas. Pero a nosotros, como. españoles, ue te suya, no parece tan distanciada para la O que el mundo seguía con aten- nos enorgullece. Porque yo entiendo 1 1 vulgar opinión, su vida de sü obra. Aurición eran los viajes de los poéticos; el mundo sólo empezará a ser habitabb el que en el orden natural de la vida estén suen que la Marcha Triunfal se endereendiosados, con jetos a las mismas prosaicas atenciones muchedumbres les el fervor y el que Jas día al homenaje del sabio, y no del guerecibían aparato ce y necesidades inherentes a todo mortal, de que se rodeaban, pero lo que impor- rrero agresivo y sin- ley, porque lo que sus investigaciones, sus estudios infunden. taba de verdad, eran los pasos humildes Barcelona, Sevilla y Madrid han hecho es el respeto a lo ignorado y hacen creíbles del viejo profesor, sus posibilidades de sabiduría. Con los ar- honores, del hogar al que nadie rendía cambiar dé declinación y de sujeto los al laboratorio y del tistas no es lo mismo. Por su vida exterior laboratorio al hogar; lo que el mundo versos de Rubén. y acuñarlos, con su siempre puede creerse que sus msjotes. miraba ávidamente eran los. desfiles pom- mismo oro intacto, en honor distinto del de la espada jrrvasora y. porque esos trasobras no corresponden a lo que de su vipor las- grandes calles da conocemos; y siempre dejan lugar a posos y siniestros la TJnter: den Linden, plantados, JaitiróS, ese otorgar el premio la sospecha de que las obras no sean suyas de Europa, por Elíseos o por la Vía del vítor al hombre de ciencia cen sólo Campos posibles éñ un. clima de civilización exquio, en el mejor caso, que sopló la musa por por lospero casualidad, y la obra és. superior al autor. Appia, esporo lo que importaba mirar; era sita. De ahí que el homenaje español, aquel de penicilliümK centrado en trascendido de las Academias a la calle, El caso es poder desentenderse de admi- la lente del rñiertscopio que devoraba, deba llenarnos de júbilo a todos. Yo, -al rarlos. fulminantemente, las colonias de estafiloY es que nunca la ivida da razón de la cocos; lo que ocupaba las páginas dé- menos, lo siento dé, especial maneta, ya Míbra; es la obra la que da razón de la vida. los rotativos y encandilaba los titulares que, sin restar galardones a los éiosec de Es en sus obras en. donde está la verda- de sus columnas era la referencia de las batallas, aunque vea su gloria añrdera vida del autor. A mí no me ha- im- cualquier suceso mensurable, trivial o no: rriarse siempre sobre un pedestal dé doportado nunca lo que le pasó a Cervantes la Cinta Azul discernida al más veloz de lor de sangre, ppino que el mundo avanen su vida, ni lo que le pasó a Shakespeare los trasatlánticos o él úhimo de los re- zará por el camino de su progreso cierto, en la suya; es. por sus obras por lo que he cords aviatorios, o, simriletiifente, la vuel- sólo en la medida eri que les escatime el podido saber lo que les pasaba. Don Qui- ta ciclista a Francia. Minuto a minuto, bronce dé sus, estatuas- y lo funda a la jote es la mejor biografía de Cervantes. durante cuatro lustros, avanzaba, pacien- memoria dé quienes economizan a la huHamlet, de Shakespeare. De éste, la. más te y genialmente, hacia la luz, él doctor manidad la pesadürtjbre de las lágrimas y completa biografía es la de Frank Harris, ÍTÍeming. Pero eso rio tenía valor de no- ofrecen, en nuestro piovécho y en el de deducida de los momentos líricos de sus N ticia. nuestros hijos, triunfos poderosos que obras, aquellos en que Shakespeare ha- Al fin, una tardece expandió ppf do- blandir contra la muerte. bla por sí mismo. Así lo ha entendido quiera la buena nueva. Y ello fue cuando también don José María de Cossío, que; en Europa entera ardía con el fuego de los Joaquín CALVO- SOTELO EL AUTOR Y SU OBRA E L Vh i. V Í 7, Vii