Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID, DÍA 30 DE M A Y O D E 19 48. NÜ. M ERO SU EL TO 50 G ENTr e TEÁÍR éjg DIARIO ILU 5 T R A D O DE I N F O R M A C I O. N G E N ERAL DE ta tropezar un actor con el codo un ro- ble, con sus fieros, sus deberes y sus oblibusto tronco o una maciza estatua, no gaciones- -unas, de cortesía; otras, de hay ilusión posible con los cielos a cuar- asistencia económica; otras, de lesa huterones como libra de chocolate y así manidad- cuando las casas las ocupadeba figurar la escena un yermo desoía- i ban pocos inquilinos. y éstos se conocían do o un jardincillo de pobre vegetación, recíprocamente y se prestaban sal algucon árboles tropicales que cruzan sus ra- nas veces, y otras se velaban, y siempre mas de un lado a otfo del escenario, para se dejaban tarjeta y se saludaban a título justificar bastidores y bambalinas. Nada de tales. Él rascacielos destruyó aquel digamos de IF. luz, siempre falsa, sin cía- concepto patriarcal de la vecindad y le roscuros ni sombras. arrancó su acento característico. Porque Como no es posible ser autor dramáti- cabía aceptar y cumplir la tabla de dereco sin 1 afición, más que afición, amor a chos y deberes de la vecindad nacid cuanto con el teatro se relaciona, nada cuando se era vecino, en el estricto senme ha sorprendido que Jardiel Poncela, tido de la palabra, de seis o de siete fatanto como de escribir comedias, entien- milias, pero no ahora, cuando se es de da de estos menesteres escénicos. Jardiel ochenta o de cien y, por añadidura, jePoncela es- autor de un proyecto de tea- rarquizadas, en interiores y exteriores, cotro, del que ha realizado en pequeño un mo los pasajeros de un mismo, barco. Los modelo en el que pueden aprender mu- vecinos, entonces se visitaban ecn una chos arquitectos. etiquetera periodicidad. Y también, natuAhora que hay tantos, capitalistas dis- ralmente, los que no lo eran. Estamos puestos a invertir su dinero en negocios en falta con los Gómez -se oía de pronteatrales, que son, por lo menos, decora- to. eso significaba que habían transcutivos, y en. muchos casos justificativos de rrido ya algunas semanas sin ver a los otros negocios, cuyos provechos puederí Gómez y preguntarles, en aquellas- inefaostentarse en sociedad, pero cuya proce- bles salas de les Gómez de principios de dencia ha de ocultarse, bueno sería que cómo iban los estudios, del mayoralguno se decidiera a construir un teatro (siglo, el piano de la menor y el noviazgocito, por el modelo realizado en pequeño por de la primogénita. Jardiel Poncela. Ahora, el último refugio de la conversaCuando el foot- ball con menos años de existencia como deporte a la moda, sación con que contamos es la sobremesa! tiene en Madrid un estadio que puede La conversación ha encontrado ese pos competir con los mejores del mundo, es trero abrigo en que guarecerse y desenvergonzoso que la capital de España no vuelve su fascinante alegría entre el humo tenga un teatro del que pueda decirse que de los cigarros y el lento paladear de los licores. Venga a almorzar y charlarese ha. construido en el siglo XX. A las catedrales les va bien la antigüe- mes se dice. Porque pkre ce que todos los momentos dad, del siglo XIII mejor que del XIV; Pero a un teatro no le favorece nada el del día estáiv iocupados, y que para conaparentar toda su antigüedad y menos versar, sólo queda ese hueco, ese minuto aún toda su vejez. Y ya es tazón que el exento en el comedor de la casa o en el siglo XX, que tanto ha revolucionado en hotel de moda. Y sin embargo, jamás el arquitectura, nos dé una muestra en la hombre trabajó menos que hoy. Es verconstrucción de algún teatro de que en dad que el número de los. que no trabajan es exiguo como nunca, pero la jornaefecto el teatro corresponde a su siglo. Recomiendo el modelo de Jardiel Pon- da de ocho horas y las intensivas de vecela a cuantos piensen edificar un nuevo, rano, los week- ends y aun las semanas teatro. En él puede hallar realización, des- de cinco días brindan al hombre medio de el mis exacto verismo a los vuelos una- anchura. y profundidad en sus asuemás audaces de la fantasía. Es la perfec- tos que no hubiera soñado hace un siglo. Sólo que ya hemos visto con qué sentido ción misma. utilitario Mi recomendación no puede ser más cine y los aprovecha y cómo deporte, radio se los devoran. desinteresada; Cuando ese teatro estuviera construido, ¿dónde estaré yo y dónde La consecuencia es lógica: se conversa estarán mis obras? Como dijo un poeta: peor. El adiestramiento, reducido, priva de brillantez a la conversación usual. El Será toda la muerte, ingenio, falto de solicitaciones, pierde su a muerte y el olvido. afilado buril de antaño. Cada día se baraagudas, Pero que los futuros autores españoles. jan menos frases anécdotas menos diches sagaces, menos fulminantes. puedan, por fin, situar sus obras en ha- Vamos hacia un mundo harto más gris bitaciones no expuestas a terremotos, bajo cielos. no cuadriculados y entre ár- que el que dejamos, a nuestras espaldas... Espectador atribulado, le doy mi adiós boles que no. sean siempre de selvas tro- contrito y hondo. Hombre de mi tiempo, picales. sea cual sea la profundidad de mis nos- Jacinto BENÁVENTE talgias, he de vex sumergirse en la nada, esa áurea parcela de encanto que la conversación era. Yo sé bien que, a fuer de y de robarle territorio a EL ULTIMO REFUGIO escatimarla soberanía, la conversación su inteligente es ESAPARECIDAS las visitas, no nos en nuestro tiempo lujo desvanecido casi. cmeda para la conversación sino Pero yo- daría cualquier cosa por tenerla la sobremesa. Porque las visitas, al alcance de la mano como en 1900. Y, naturalmente, se fueron ya. Eran pueriles, pagaría, desde luego, por hora de converpero tiernas; cursis, pero con urí algo de sación el doble de lo que se me pide y leve gracia que las eximía de culpas: Las pago, sin pestañear, por un espectáculo visitas desaparecieron al desaparecer, de cualquiera de los que engalanan las págiun lado, la conversación como menester nas de publicidad de los periódicos. social, y del otro, la vecindad cOmo. fuente de convivencia. La vecindad era posiJoaquín CALVO- SOTELO UN MO DÉLO O AY un teatro en Madrid... Aunque ya no existen ni el arquitecto ni el 1 primer propietario y sólo quede el teatro, callaré los nombres de todos; sólo contaré que, una vez terminado el teatro, el arquitecto y el propietario 11 er varón al que había de ser empresario de compañía, disector y primer actor a. que lo visitara. El teatro era en verdad, y sigue siéndolo, uno de los mejores de Madrid, y el. director se deshacía en elogios. Como el arquitecto diera por terminada la visita. -No hemos visto los cuartos. de los ar tistas- -dijo el director. El arquitecto se mostró sorprendido. ¿Los cuartos? v -Sí; los cuartos en donde hemos de vestirnos y caracterizarnos. El arquitecto: aun pareció más sorprendido... ¡Ah! Yo creí que venían ustedes vestidos de su casa. ¡Qué más quisiéramos! El arquitecto había olvidado los cuartos de los actores. Hubo que alquilar los pisos de una casa contigua para habilitarlos. El arquitecto era un buen arquitecto, muy bien reputado en Madrid, pero de teatros entendía muy poco. Otros muchos teatros han sido edificados en Madrid desde entonces, y en todos se ha olvidado siempre algo, nada menos que el escenario. Salvo, en parte, y por reformas posteriores, sólo en los dos teatros oficiales, el Español y el María Guerrero, se dispone de medios adecuados para la mejor presentación de las obras. En los demás, estamos como en los tiempos de Grimaldi, y aun peor. Yo recuerdo haber visto en el antiguo teatro de la plaza. del Rey y en el antiguo del Príncipe Alfonso obras de magia f de gran espectáculo, con presentación y mutaciones de decorado a todo foro, que hoy no serían posibles en ninguno de los teatros existentes. No es que yo crea que en el teatro sea lo más importante la maquinaria, la tramoya. Lope de Vega ya se lamentaba en su tiempo de las comedias: H En que la carpinteéis suple concetos y trazas. Pero una cosa es que la carpintería sea un mal sustitutivo del arte en las comedias, y otra que no sea un buen auxiliar. Es lamentable el estado de nuestros teatros en cuanto al escenario se refiere; bastidores, bambalinas, candilejas, diablas, todo rutinario y primitivo. Menos mal cuando de interiores se trata; aunque siempre hemos de pasar porque las puertas sean realmente de madera V- las paredes de papel; con lo cuál, cada vez que se cierra y se abre la puerta se produce un movimiento sísmico en las paredes, que rara vez corresponde a la placidez de la comedia representada. En el teatro romántico, solía acompañarse al- guna situación dramática con horrísona tormenta, que aumentaba! a emoción de, los espectadores; pero, la verdad, un terremoto en una sencilla comedia es demasiado. Gracias a que, per fuerza de la costumbre, ni actores ni espectadores se sobrecogen y la comedia no pierde en placidez por estas sacudidas de muros y techumbres. En los exteriores, aparte también, los terremotos, para- los que basJ D t