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LA PERFECTA ACTRIZ í el mayor autor dramático o el mejor novelista del mundo hubieran querido escribir el drama o la novela de una vida de actriz, es seguro que no hubieran concebido ni hubieran dado cima a nada tan acabado, tan perfecto, como lo fue en la realidad la vida de Eleonora Duse. Ni tampoco para esa vida sería posible hallar mejor intérprete que lo fue Eleonora de la tragedia de su vida, la más extraordinaria interpretación lograda por fila, entre tantas escénicas inolvidables. El libro de Andrés Révesz, La vida patética de la Duse, es, sin duda, la mejor biografía de la actriz italiana, de cuantas hasta ahora se han publicado. Al leerlo, he revivido las hondas emociones que la maravillosa actriz dejó, como improntas indelebles, en los recuerdos apasionados de mi perdurable amor al teatro. Durante muchos años, la temporada oficial en el teatro de la Comedia terminaba en Semana Santa, y el Sábado de Gloria se presentaba una compañía italiana, que solía actuar hasta fines de mayo. Por el teatro de la Comedia pasaron Virginia Marini, la Pia Marchi, Ernesto Rossi, Tina de Lorenzo, Lida Borelli, la Glech, la Vitaliani, Novelli, Zacconi, Teresa Mariani. Y llegó la Duse cuando. todavía su nombre y su fama no habían trascendido fuera de Italia. F. l primer actor que la acompañaba era F lavioi Ando. También figuraba en la compañía como galán joven el que fue después primer actor y esposo de la Mariani, Zampien. Entre las actrices, la Giannini, que volvió también a Madrid, como esposa y. primera actriz de Novelli. El repertorio era de las obras francesas entonces más en boga; el acostumbrado repertorio, de exportación, obras de Sardou, de Dumas, hijo, la mayor parte. Del teatro italiano sólo representó la Duse La I.o candiera, de Goldoni, y no recuerdo bien si alguna obra Lie Ferrari, autor italiano por aquel tiempo muy renombrado. De Shakespeare, Antonio y Cleopatra. También representó- -por cierto en la noche de su beneficio, como se decía entonces; hoy sería homenaje- -Felipe Derblay: seguramente para que señoras y señoritas pudieran asistir sin dengues espantadizos. Era lo mismo. La Duse era siempre superior a las obras que representaba. Sólo en Antonio y Cleopatra, actriz y autor podían igualarse. Al ver a la Duse en Cleopatra, se pensaba en cómo hubiera representado a Lady Macbeth, Ofelia, Cordelia, Desdémona y cualquiera, otra mujer de las bbras de Shakespeare. Pero se comprende que no fuera ése su repertorio. La mayor parte de las mujeres de Shakespeare tienen breve intervención en las obras. Algunas de ellas, en dos o tres escenas. Una gran actriz que viaja en calidad de estrella, por lo regular rodead, de medianos actores, defraudaría al público si sólo pudiera verla en dos o tres escenas, aunque ello le bastara para darnos cabal idea de su arte. Al público le sabría a poco. La Duse se. presentó en Madrid con Fedora, de Sardou, estrenada pocos años antes por Sarah Bernhardt y representada también por ella en Madrid, anteriormente a la presentación de la Duse. La elección no fue muy acertada. En Fedora, Sarah, sólo con presentarse, ya era la princesa Fedora de la teatral obra de Sardou. Aquella noche descolló el primer actor, Flavio Ando. La gente decía a la salida: Hemos venido a ver a una actriz y hemos visto a un actor. Si fue para que sobresaliera éste, habrá que anotar el sacrificio de la actriz en. el haber de su corazón de enamorada, aunque al llegar a Madrid ya estaba algo resquebrajado el enamoramiento. Pocos días después, la Duse. representó La dama di las camelias, y ya no hubo discusiones; el triunfo fue indiscutible. El que no haya visto a la Duse en La dama de las camelias puede decir que no ha visto La dama de las camelias ni ha visto a una actriz. María Guerrera, nunca pude saber por qué, negaba haber visto a la Duse, Yo prefiero dudar de mi buena memoria que de la veracidad de nuestra gran actriz. Pero yo estaba seguro de haber visto a María Guerrero en más de una representación de la Duse. Puede asegurarse que, si no la había visto, la había presentido, porque es indudable que a la actriz que más procuró parecerse María Guerrero íué a la Duse. Aquel rugidito con que María Guerrero iniciaba sus arranques dramáticos era de la Duse, si bien en la Duse el rugidito era de leona y de león en María Guerrero. María ¡tierrero, en las obras que interpretaba, era siempre el primer actor. No lo digo como censura. La Duse. muy femenina, y Marta Guerrero, tmu varonil. Jas dos obedecían a su temperamento v las dos erai s -ií. -iitniod; trJ i a sus interpretaciones. Si ¡as do M ¡íri T C u? rr ru. S Kleonora Duse. fueron grandes actrices, es porque fueron siempre ellas mismas. Para ellas la escena era vivir. Distintas en su vida, distintas en sti arte; pero las dos, actrices por excelencia. La perfecta actriz, que es. actriz siempre y sabe dar al teatro toda su vida y a su vid. t todo su arte. JACINTO BRNAVENTK i 4 en Amores y amorfos