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MADRID, DÍA 18 DE A B R I L D E 1948. NUMERO SUELTO 50 GENTS. g) S BRIL es en Inglaterra el mes de Shakespeare. En España debiera serlo de Cervantes. Pero en España sólo se íe recuerda anualmente, por las honras fúnebres en el aniversario de su muerte, costeadas por la Real Academia Española, en sufragio de Cervantes y de todos los escritores españoles fallecidos. Sólo cada cien años avivamos el recuerdo con actos académicos, publicaciones y alguna nueva edición del Quijote Shakespeare nació y murió en el mes de abril. En otras ocasiones he hecho notar la rara coincidencia de su nacimiento con su muerte. Nació en 15 C 4. Sumadas las cifras de este año, la suma es dieciséis. La suma repetida, dieciséis, dieciséis es la fecha del año de su muerte: 1616. ¿Casualidad? Digamos como él mismo, por boca del príncipe Hamlet: Entre el cielo y la tierra, hay más, Horacio, de lo que puede comprender tu filosofía. Al lugar de su nacimiento y de su muerte no pudo dejarle Shakespeare mejor legado que el de su sepultura. Sabido es que en su epitafio conminó con maldición eterna al que no respetara la losa que cubre sus restos mortales, y se atreviera a remover sus cenizas. Inglaterra ha respetado la voluntad de Shakespeare y sus restos no han sido 1 trasladados a la Abadía de Westminster, al famoso rincón de los poetas, en donde yacen los más gloriosos escritores ingleses, con muy contadas excepciones. Es la iglesia de la Trinidad, de Strafford on Avon, una pequeña iglesia, tal vez demasiado modernizada, con sus vidrieras, ofrenda de ¡as Universidades americanas, y alguna otra restauración de dudoso gusto. Ante el altar mayor está la sepultura de Shakespeare. A la izquierda del altar mayor, está el busto del poeta en colores, que fue posteriormente blanqueado y por fin restaurado a su primitivo aspecto. A la entrada de la iglesia está la pila bautismal en que Shakespeare fue bautizado. Rodea la iglesia un jardín, mejor diremos bosque- cilio, que fue también cementerio todavía se conservan en él numerosas lápidas mortuorias. Strafford es un lugar amable. No hallo mejor calificativo, ni que responda mejor a mi situación de ánimo siempre que he pasado allí unos días en diferentes ocasiones. Días alegres, días felices los habré pasado en muchos lugares; días tranquilos, días apacibles, de los que no dejan el más pequeño amargor de un mal recuerdo, sólo en Arcachon y en Strafford los he pasado en mi vida. Todo es amable en Sus calles, limpias, bien pavimentadas, con sus casas bajas, muchas de ellas estilo Tudor por su arquitectura. Apenas se sale del centro, casas con su jardín, cubiertas DIARIO ILUST R A D O DE UNF 0 R M A C I CÍ N G E N E R A L que aprendió las primeras lettras y el poco latín y m e n o s las fachadas de plantas trepadoras flore- griego que supo en su vida, según su concidas; profusión ds árboles y de flores. temporáneo y gran amigo, Bcn Jonhson, Amable la campiña, amable el río, en el y sin duda lo más auténtico, el jardín de que bogan cisnes arrogantes y por donde la última casa, ésta de su propiedad, en se pasea en lanchas de remos, individua- que habitó en sus últimos añes y hasta les o en gasolineras colectivas, para ex- el último día de su vida. Es este jardín lo más amable del amacursiones por el río. Amables los hoteles desde el más moderno y suntuoso, ble Existe en él un árbol, que rodeado de un magnífico 1 parque seño- se supone plantado por Shakespeare. Su rial, con un gran lago, hasta el más an- vegetación es toda de las plantas y flotiguo y clásico: el Hotel Shakespeare, res mencionadas por Shakespeare en sus en donde cada habitación, en vez de nú- obras. No es lugar muy frecuentado. Igmero, tiene el nombre de una obra de noro la causa, ya que no puede ser más Shakespeare. Con sus techos y zócalos acogedor. No hay que lamentarlo, pues de madera ahumada, con su gran chi- no puede darse lugar más a propósito menea de leña y antiguos grabados en para el recogimiento espiritual, en la meacero; escenas de ¡as obras- de Shakes- ditación o en la lectura. Cerca de Strafford están las ruinas del peare, su asunto. Amables las librerías, preciosa exposición, en primer término, castillo de Kenilworth, en donde el conde las obras de Shakespeare; las más ra- de de Leicester celebraba las visitas de ras y costosas ediciones de bibliófilo y la Reina Isabel a su castillo, con sunlas rnás asequibles por su precio a vulga- tuosas fiestas, de las que eran parte reres lectores, pero todas de esmerada im- presentaciones teatrales que quizá, prepresión y elegante hechura. Amables las senciadas por Shakespeare en su mocepersonas, que es lo más importante para dad, despertaron en él la afición al teael agrado del viajero. En fin... Hasta los tro como autor y como comediante. animales están bien educados en StrafCerca también está el castillo de Waford. Referiré lo que me sucedió un día. rrik; éste en buen estado de conservaAl pasar por una plazoleta, vi a un pe- ción. Musco de valiosas antigüedades: rrillo que ladraba ante una puerta cerra- armaduras, tapices, muebles y cuadros, da y se esforzaba por llegar con las ma- todo ello de gran mérito y valor. Si alnos al picaporte. Comprendí que deseaba gún reparo puede ponerse, sería el de entrar en la casa. Había un botón de un exceso de pulcritud que, pudiera detimbre al exterior y me permití llamar cirse, quita la devoción. para que alguien, abriera la puerta. Pues Entre los cuadros hay uno de Rubens bien, ver el perro que yo tocaba el timmuy interesante, digo interesante, porbre, y comprender, como acaso no lo hubiera comprendido una persona, que era que representa a San Ignacio de Loyola, por él por quien yo había tocado el tim- y no es Rubens, ciertamente, el pintor bre, venir a mí, echarse a mis pies pri- que uno se 1 imagina para representar a mero y después acariciarme y saltar de- San Ignacio Con todo, si no parece el lante de mí con la mayor alegría, todo santo, parece el vasco, quizá por ser el fue uno. Esperé a que alguien abriera, pintor de Flandes. Rubens no ha podido no sin cierto temor de que a la persona prescindir de su estilo pomposo y deccque abriera no le sentara tan bien mi rativo, y ha pintado a San Ignacio, reintromisión como al perrillo; pero no; vestido para el sacrificio de la misa, con abrió la puerta una señora, expliqué por casulla de tisú de oro. Los amables recuerdos de Strafford qué me había permitido llamar, la señora estaba tan bien educada como el pe- me han divertido demasiado. Quede parro- -por los criados y por los animales ra ctro artículo su teatro, en donde, de domésticos, se conoce a los dueños- -y abril a septiembre, se representan obras me dio las gracias, si no tan expresivas de Shakespeare, con gran afluencia de como las del perrillo, no menos amables naturales y de extranjeros, que contriy corteses. Nadie sabe lo que puede va- buyen un año y otro a la prosperidad de ler una de estas menudencias. Aquel pe- Strafford, al que Shakespeare legó con rrillo hizo más por mi amor a Strafford su nombre y su sepultura una perenne y por mi admiración a Inglaterra que las riqueza material y una riqueza espiritual aún más valiosa. El espíritu del dulmismas obras ds Shakespeare. ce Shakespeare, como le llamaron sus contemporáneos, ha envuelto todo por De autenticidad indiscutible, pero que donde él pasó, de amabilidad y de dulzuya nadie discute, están la casa natal de ra. ¡Oh, mi buen perrillo agradecido de Shakespeare- -no recordemos para no qui- Strafford, yo no puedo olvidarte nunca! tar ilusiones, que se quemó y fue reconsJacinto BENAVENTE truida- la escuela en donde se supone BRIL PREDESTINADO M