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J ADRID, DÍA 8 DE A BR 1 L D E t i 9 4 8 NUMERO SUELTO 50 GE. NTS. W iGR ACIAS! N periódico de Barcelona- Barcelona Teatral -traníbribe uñó de mis artículos publicados. en A B- C, y es. su epígrafe Don Jacinto se divier. te ¡Qué más quisiera él! N 03 don Jacinto no se divierte ni cuando escribe pa. ra el teatro, ni cuando- escribe para los periódicos, que pudiera parecer diversión o descanso. Escribe siempre con. toda su alma, con todos sus nervios, pierde el apetito, pierde el sueño y a sus años, es- cribe con el más triste achaque de la vejez, la desconfianza en. las propias fuerzas. -Nadie que haya tenido la constancia de seguir mi- trabajo en tantos años, habrá advertido en mí Ja menor morisqueta o ¿esenfado que suponga desprecio del público o de mis lectores. En mis mayores aciertos nunca creo haber acertado, soy. el más severo censor de mis obras, aunque nadie más que yo, pueda conocer las atenuantes en mi favor que pudieran tener mis desaciertos. Del danzar- con cadenas, de que habla- -ba Nietsche, el público sólo ve la danza, sólo. el. escritor sabe de las cadenas, que de lejos tal Vez suenan a. sonajas, pero el que ha de soportar su peso sabe rrniy bien que son, cadenas. si algún malicioso se Y diera a pensar cuál puede ser la más pé, sada Cadena, desde ahora le. aseguró que la censura oficial es la más ligera y spportablé; Es más temible la particularicen- sura de las señoras sabias con su acom 0 pañamiento, definidoras de la rnojalidád en gl Arte, con un criterio al que ño, escaparían ni las tragedias griegas ni el teatro de Shakespeare, ni nuestros autores del Siglo de Oro, para. ellas de plomo, fundido, en balas para mayor peligro. ¡Pobre Tirso de Molina de quien en este año- celebráremos su cuarto centenario, si éstas moralistas de vía estrecha hubieran dé juzgarle! Claro es, que, empiezan por no conocerle, para quitarse de preocupacior nes. 1 Qué les parecería de, El burlador de Sevilla de La venganza de Tamar y de tantas- otras apicaradas comedias del venerable fraile de la Merced. en el Teatro, Tirso de Molina en él claustro, fray Gabriel Téllez? Otras cadenas, son el. lamentable estadofee nuestros teatros, en cuánto af sus escenarios, que no permiten ni cambios rapidosren los decorados, ni adecuada iluminación, ni nada que aj ude y defienda la ilusión del espectador. Más cadenas. La obra ha. de adaptarse a las actores, rara vez los, actores a la obra. Menos mal cuando los, actores son f áa del teatro de Lara. Con todas estas cadenas se danza y alguna vez la danza parece airosa, y al pú blico, que no ve Jas cadenas que la entor- pecen- y desgracian, le parece qué el pót bre. autor- es el ¿minero que se ha divertido én la danza y que todo aquello no le ha costado ningún trabajo. Si coh todo esto, y a pesar de todo esto, alguna vez se acierta, na ocultemos la satisfacción, pero no sea nuestra satisface tióri orgullosá. Alegrémonos de ver al, zarse la pompa de jabotí irisada, peio no olvidemos que e- s la luz la que pone en ella. los colores, que un soplo de aire lá eleva y otro soplo de aire Ia i3 eshace. DIARIO ÍLUSTR AD O DE I N F- O R T Á A G í O. N GENEBAL El gran, Fílipo dé Macedonia se acom- hesión de la inteligentísima gobernadora pañaba siempre de un esclavo, que en los de los Países Bajos, colaboradora; leal y momentos en que podía sentirse más or- entusiasta en todas las empresas del margulloso de su- poderío y grandeza, se acer- qués de Ip 8- T 8 albas. es Esta Semblanza da nombre al libro de caba a él para decirle: -Filipo, acuérdate de que eres hombre. A todos nos lá condesa de Yebes, pero tan certeras. y estaría bien llevar a nuestro lado, y me- agudas son las- que lar aotpnpañan. Exce jor en nosotros mismos, el esclavo que lentísima es la. de- la Reina de Francia nos llamara a la humildad cuando más doña Ana de Austria, madre de Luis XIV. Parece escapada de uní cuadro de, Rubens, engreídos estuviéramos. el que en nuestro Museo del Prado pue ¡No es mal aviso la vejez para traernos lado de Las tres siempre precavidos; tal vez tan precavi- de verse al dé tez blanquísima Gracias Es rubia, y labios dos, que, caemos en desconfiados. carnosos. Ha. heredado el tipo bofgbñá Ya nunca he creído en! a inspiración. que legó el Emperador Carlos V a los Creo que la inspiración es sóip trabajo de su estirpe. Sus manos, sotare todo, sen acumulado, que viene a dar su. fruto cuati- bellísimas y, con ingenua coquetería, se do, menos Ió esperamos, en un relampa- envanece deellas V ks prest- a especial cuigueo repentirio que nos sorprende lumi- 1 dado; los cortesanos, prontos en advertir noso, como al soñar el recuerdo! de algo esta debilidad, las alaban con- frecuencia. que creíamos olvidado, pero no, inexis- Todo el esplendor de la Corte francesa, tente: en su- momento más barroco y alucinante, En la juventud lo aceptamos como pre- rqdea a la bellísima princesa española, y cioso hallazgo; es lo que puede parecer la cortesía picante y desenvuelta de las inspiración. En la vejez, nos detenemos costumbres galas trata de ganar a doña que no es extraña a la innata a reflexionar, y como los místicos en sus Ana, femenina de la coquetería, delvocación- arrobos y éxtasis temieron alguna vez si difícil y peligroso de agradar. Pero niarte un no serían tentaciones demoníacas, para paso de liviandad, ni un adarmé ffe inconinducirles a vanagloria de verse favore- veniencia. A su lado, prirner. o y en su recidos por revelaciones celestiales así, a cuerdo, después, ha de vivir siempre aquel la vejez, la inspiración nos asusta. ¿E s dulce monsietir Vincent San Vicente verdad o es engaño? La demencia senil de Paúl. acecha. -Será su hora llegada? ¡Triste Luisa, de Sigea, la bella toledana es situación desánimo! la- tercera figura de este retablo de la No basta a tranquilizarnos, el aplauso, condesa de Yebes. La escritora reconsdel, público, las alabanzas de la crítica. truye eruditamente los trazos de su coA consolarnos, sí, porque si todo ello só- lega renacentista; pero la figura de la lo fuera compasivo respeto a la vejez, al Sfella toledana aun la seguimos vienen trabajo de tantos años, más hemes de do, no en un cuadro dql tiempo, sino Cauna interpretación romántica: la de agradecer unos aplausos y unos elogios rolina Coronado en La Sigea Lo noque nos traen el. ootimisrnp de creer to- velesco se sobrepone en nuístra imagidavía eri la humana bondad. nación a lo auténticamente histórico. -Xa El perder la ilusión dé los propics me- semblanza auténtica que considero es 1 a recimientos tiene su más cumplida cofn, -verdadera, sin- duda, pero es sugestivo ¡el. pensación en la realidad de serjtirse que- recuerdo de ía poetisa extremeña; Luisa Sigea, Carojina Coronado, Carmen Yerido y respetado. Y cuando sólo esto, fuera, la verdad de bes... En todo caso, -sntre mujeres anda- todo, ya es sobrada tazón para el agra- el juego. Finalmente contiene: el libro que codecimiento. A la bondad del público y de 1 la crítica, sólo acierto a corresponder con mento un resumtn del viaje del barón Rcsmithal de Blatna, pof Es paña, 1 el una sola palabra: ¡Gracias! siglo xv; Si las anteriores figuras de un Jacinto- BENAVENTE cuadro o de uña novela, el: barón Rcsmithaí parece venido de un tapiz gótico, con damas de alto tocado y luengas colas, y caballeros de torneadas piernas y escarpines puntiagudos, con. casas de juguede por E qué cuadro ha descendido Ambro- te- obarónnacimiento perfil fondo. El viaje tiene ya ds españolada, sio Spínola a las páginas dé esté del lo jibro que nos ofrece la condesa efe aunque, sin duda, veraz y fiel, corno heson otras más modernas de que Yebes? ¿Acaso del de Snayers, en el que mos quejado sin demasiada razón. nos los. aparece caracoleando junto a la carroza bandidos asaltan a los extranjeros, Ya cerno de Isabel Clara Eugenia, en. Breda? ¿O Don mejor del inmortal de Velázquez, con sü un siglo después habían de hacerlo a mosQuijote, o tres más tarde habían de sabida actitud de acogimiento y cortesía, trarsea Mérimée. Pero nos falta, la anoqué. es muy fácil qué tuviera el noble ita- tación liano, pero que és seguro qué supo in- ble de curiosa y precisa, -el dato inestima- las ventar y eternizar el genial pintor ¡es- Así es elcostumbres y el carácter. libro de la condesa de Yébes. pañol? Y no sólo el curioso de historia debe acuPor las páginas 8 é este libro, Spínola, dir a él, sino el que quiera saber cómo se el de las lanzas transita con la misma escribe, con sencillez y sin eñgolamiento, apostura y se comporta con la misma no- de materias graves. Al leerle, venían a mi bleza que nos sugieren sus retratos Su memprifi las palabras de Saavedra Fajartalento militar es parfcjo de su cortesía, de do, referidas a. más alta ocasión de escritusu abnegación, dé su desinterés. La con- ra de historia: Este, Vestido sucintarqsnte. pero con (gran policía y elegancia, es desa, de Yebes xha sabido subrayar esta suma de calidades egregias sobre un fon- Salustif r ido, muchas veces de incomprensión, ma- y drileña y cortesana y otras de plena ad -José. María DE COSSIQ U RETRATOS D