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MADRID, DÍA 10 DE FEBRERO DE 8948. NUMERO SUELTO 50 C E N T S IB g A representación de la pequeña zarzuela Una vieja en el teatro Español, y su difusión por radio nos ha reg ocijado a los contemporáneos, de esa vieja, tan rozagante y fresca por- su música, pese a la vejez del libro, que viene a ser como la cofia y los blancos rizos que disfrazan a la i- pr- otagonista, sabroso contraste de tiempos y de modas. Era yo muy: niño cuando oí por, primera vez la- zarzuela de tamprodón y Gaztambide. Se había estrenado años, antes de yo nacer El libro es una adaptación de una obra en un acto de Octavio Feuillet, Une feo Un hada. Octavio Feuillet fue el escritor á la moda durante el segundo Imperio francés, y aun perduró su nombradla en los primeros años de la seg- unda Repúbli ca. La publicación de sus novelas, los estrenos de sus- obras eran siempre un acontecimiento en París. Monsieur. de Camors La historia de Sibila eran apasionante lectura de las grandes señoras y de Ia. s ilustres cortesanas de aquel. tiempo en que unas y. otras daban el tono social de aquel deslumbrador cuando deslumhrado Imperio. La novela de un joven pobre prototipo de la novela rosa, era el único libro de Feuillet que podía ponerse en manos de las más pudibundas jovencitas, y la comedia, adaptación escénica de la novela, aunque muchas veces después ha sido imitada y rnodernizada, aun suele representarse, y ya muy entrado, en años, pude verla representada, por la D I A R í O 1 LU S T R A D O D E! NF Ó R. f vi A- C I O: N G E NJÉ R Á L, Del sermón a que; voy a referirme fue testigo presencial y se lo.o í contar ínuchas veces. Ello fue, que al anatemizar el páúré Claret las costumbres relajadas de aquel tiempo. ¿en qué tiempo no. pian sido- las costumbres relajadas? el buen padre se expresó en éstos o! parecidos términos: Y, ¿qué diremos, hermanos míos, de esas madres que ¡lleT van a sus hijas a esos teatros, c emjros de corrupción, en donde se oye cantar colas como ésta: 1 L vir recitaban los versos de la escena cumbre entre galán y dama, -que empiezan con aquello de: -Si oís contar de un náufrago la historia, ya que en- la tierra casta el amor se olvida, ¿os aguardará, un sepulcro mi memoria? Aquí lo guardaré toda mi vida... Así decía una. mujer llorando, recordando ¡a fe con jgue era amada. Sin áuda vos, ¿no recordáis ya cuándo... Y aquí entraba l a dama con un aparte: ¡Me asesina la niel de su mirada! ¡Ay, mamá, qué noche aquélla... Duse. Cúrate, vanidad, dice el üey Leár. ¿Quién le hubiera pronosticado a Octavio Feuillet, cuando su nombre y sus obras parecían cimentadas para la in; mortalidad, que en breve iban a ser devoradas por el tiempo para caer en profundó olvido? No lo creo justificado ni definitivo. En una revisión de valores, cómo se. dice ahora, por fortuna muy renovada, Octavio, Feuillet en la historia fte. la literatura francesa del siglo XIX tendrá el lugar que le corresponde. Ni tan alto como antes ni tan bajo como ahora. No creo que los historiadores de la literatura francesa en el siglo XIX sean más rigoristas que lo han sido los de anteriores siglos con escritores de menor valía en su tiempo que lo fue Octavio Feuillet en el suyo. También Camprodón en España, si no en tan alto grado como! Feuillet en Francia, tuvo sus días de gloria y de popularidad. Pocas obras teatrales, in cluída, entre ellas Don Juan Tenorio habrán logrado la popularidad de su Flor de un día Hasta los últimos años del siglo XIX no había compañía dramática que no- la llevase en su repertorio ni hubo aficionado que HO la representara. Hasta las criadas de ser- -JMo dirán ustedes que. no és bonito y teatral sobre todo. Una representación de Flor de un día sin quitar ni. poner, sería hoy más 1 1 a! divertida que la de cualquier juguete En. la iglesia, hubo jolgorio d; risas cómico; o ¿quién sabe? si los actores para un rato, y después en Madrid, al se posesionaban de su papel y ponían saberse, por -mucho tiempo; porque convicción de su parte y acertaban con 1 aquella habanera cantada desde el Ijml- el tono adecuado y sólo s- e permitía la pito causó mayor sensación que! el entrada a los mayores de cincuenta ¡Madame. se meurt! Ma dáme est nio raños con exclusión de autores, críti- te! de Bossuet, en los funerales de Enriqueta de Francia, esposa cos y demás gente maleante, -predis- sieur, hermano de Luis XIVj de. Mbn- puesta al bureo y la chunga, acaso La era el povolviera a conmover como en su mejor pular, habanera vieja número mástodo de Una La cantaba tiempo. Teatro no le falta, y hoy que Madrid, y la letra que tanto escanda- s tanto se estima la teatralidad en las- tizaba aí padre Claret era como sigues obras, con detrimento de la literatura, ¡Ay, mamá, qué noche aquélla, tal vez. Flor de un día pudiera ser el en que el íalso me- decía: -Niña raía, por lo ÍSelia, alborear de ün nuevo teatro; ahora que tú serás la estrella míaV iha vuelto la falda larga. La moda no ¡Ay, mamá, cuánta mudanza i es tan caprichosa como parece. el vesme ha causado el español, i jse al llevarse mi esperanza j tido tiene su razón de ser y su filosofía. me dejó sin luz ni soJ! Para más detalles, léase eí Sartor r Mamita raía, por compasión, sartus de Caríyle. Con un poco de yo estoy roaliía, yo tengo amor. Maifiita mía, mandad por él, paciencia se sale del pasó. que si KO viene íae moriré. Una vieja logró al estrenarse un Aquí la ti Ie hacía filigranas de piéxito de los que ahora llamaríamos de clamor. Su música llegó a todas partes. cados y fililíes- por lo menos las que algunas excelentes. lo La famosa habanera, como Don Juan yo he oído, zarzuélita, en cuantoPor lidemás, la al Tenorio, subióla los palacios, bajó a las bro, era de lo más honesto, salvo lp. -ide, cabanas y, si no escaló los claustros, aquella- noche que, si en vez de ser llegó por lo menos al -pulpito, en donde noche es mañana o tarde, no hubieira fue cantada nada- menos que por, el tenido por- qué 1 escandalizarse el padre padre Claret, confesor de la Reina Isa- Claret. Y aun lo de noche dependía d- s bel IL arzobispo por algún tiempo de la intención que le diera 1 la tiple y jde Santiago de Cuba y por fin obispo de la malicia de los oyentes. Yo lo oí canTrajanópolis, in pártibus infidelium tar cuando ya, teñía mis picardías, y Las pasiones políticas se ensañaron nunca le di la menor importancia, j -ai con él, y sólo de algunos añbs a esta noche aquélla r ¿o turbó nunca mi ima- parte se ha hecho justicia a sus rele- ginación. lo más mínimo. Una vieja compartía el. favor del vantes méritos de teólogo y a su acrisolada virtud. El padre Claret predi- público con otras zarzuelitas, Un pleicaba con frecuencia en la iglesia de to con. música- también de Gaztaijnr Montserrat, situada en. la plaza de An- bidé; El hombre es débil música fe Oudrid, en. tón Martín, en donde hoy está el Mo- otra popularla que también se cantaba habanera: numental Cinema. Era patronato esta Te llevaré a Puerto Kico- iglesia de catalanes y valencianos y, v en un cascarón! de Duez... etc. por su calidad de. catalán, era el padre No quiero íatigai; con alardes de mi Claret muy solicitado- para predicar en vastísima erudic pn. procedente del; ella. Tenía el padre Claret mucho, pul- -guardillón de mi memoria. ¡Músicas eje pito, como suele decirse, y adonde él pre- antaño! Evocadoras de tantos recueir- dicase acudía siempre numeroso con- dos, da, tantas voces queridas calladas curso. Por estar cerca de nuestra casti, para siempre... Les eneres voix quí se la iglesia de Montserrat era la preferi- sont tues como dijo Verlaine. da por mi madre cara sus devociones. Jacinto BENAVENTRÍ Y esto ya no lo dijo, lo, cantó como se cantaba en el teatro, y en seguida, con repentino cambio de voz y da, a do rhanés, exclamó, poseído dé la majyor indignación: ¡Qué noche sería aqué- I