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MADRID, DÍA 53 DE DE 1947. NUMERO SUELTO BEHTS. D I AR I O IL U. ST R AD O DE I- N- FO R M A C I O. N G E (NB RA L i tÍY agradecido escritores lá han des- 1 a las numerofigurado a los ojos sas adhesiones de los que no saberi lecibidas a favor del mariscal Pétain. En- sid aliada, de. Francia en sus más desas- í ver ni aciertan a penetrar más adentro del, v. i tre, ellas, muy expresivas, de- franceses re- trosas empresas dígalo Trafalgar, dígalo! corazón de- Francia. Otra apariencia de Francia, muy celesidentes en España. De silencios, muy ex- la desdichada expedición a Méjico, por im- j presivos también, no hay por qué hablar. poner el Imperio de Maximiliano de Aús- j brada por nuestros librepensadores, como Son muchos los que no se contentan con tria. -En la guerra del 70, aun ocasionada! muy meritoria para ellos, es la de su irrer; menos de la absoluta rehabilitación del rwa- tanjibién, por intromisión de Francia en! íigiosklad. Estoy por decir también, y en riscal. Sería lo procedente. Y, ¿por qué no nuéí fel asuntos, España mantuvo su neu España n 0 s tenemos por buenos catóíkds, pedirlo todo ciando nada, han de conceder- tralidad, no sólo efectiva, sino afectiva! que en pocas partes cqmo en Francia; en: nos? Yo sé que en el mundo entero han de De la conducta, de España en las últinjias ese mismo París tan endiablado de tenía- ser niuchos los que desean la libertad y la guerras el más suspicaz y peor Íntencjio- j ciones pecadoras, he visto manifestaciones! rehabilitación del mariscal Pétaín; pero no nado no podrá, hallar asonios de hostilidad; tan espontáneas de religiosidad y dévo- i es a presiones extrañas a las que debe res- ni malquerencia por par e de España. Los! cion. En España es raro ver á hómbi iísj franceses no hari tenido que guardar, ¡ni! ponder la. justicia dé Francia, es a la. yoz siquiera qué vigilar nuestras fronteras. ¡En! solos, en la iglesia; parece como si cfui sié- j misma, de Francia, su noble espíritu de nuestra guerra, de Sucesión, España, ¿onj ran justificar su asistencia co. n acompañar a humanidad y de justicia. Rectificar un peligro de su independencia, se decidió por a la esposa, madre, hermana o novia. Enj i errory una injusticia no va ¡nunca en, des- el príncipe- francés, y el mismo Felipe- V París he visto muchas veces, y no á. las: adoro de la autoridad, antes la realza y la tuvo alguna vez. que; oponerse a las ejxi- j bofas de afluencia, a hombres- solos, y liorna bres, jóvenes, militares alguna vez, conj dignifica. gencias. de su patria de origen por no, aive- ¡fervorosa devoción en alguna iglesia. Na No hay nada más vengativo que el nie- nirse a ellas como Rey de España. i- ás! do. No pueda decirse que si- antés fue el princesas de Francia que han compartido! die les acompañaba; no les había ilevadd miedo que pasaron los culpables de lá ren- él Trono con nuestros Reyes han sido lías; obligación rír comolacencia. En los paseos 1 dición de Francia lo qué decidió lá con- Reinas más amadas- por el pueblo español, públicos, apenas se ye alguna nodriza o dena del mariscal, au, e en días aciagos en- desde Isabel deValoís, hija de Enrique! Ilj niñera; los- niños, van con su madre, que; tregó su valor y. su prestigio en prenda de y de Catalina de Médicis; nieta de Frían- sentada, hace labor 0. lee, mientras loé ni 4 la única solución posible, que fue, al fin y cisco í, hasta la Reina Mercedes de Or- j ños juegan a su alrededor y el más pequeál cabo, la que permitió rehacerse a los leáns, tanto francesa como e, spañofa, hijá ño duerme en su cochecito. cuna. Los do aliados y la que decidió, por fin, la libera- del duque de Montpensier y lá infanta mingos y días festivos se. va en. familia ción de Francia, sea hoy también el rén- Luisa Fernanda, nieta de Luis Felipe, úl- a paseos y teatros; los hijos con su, s pa, cor por el- miedo pasado lo que determi- timo Rey de Francia. Á la muerte de Isa- dres, a veces también los abuelos; tres ge- iteraciones eslabonadas por. el atnor y lapna la contumacia en lá injusticia. bel dé Valbis escribía Cervantes: virtudes familiares. Y ésa es la verdadera. A lo largo de una larga histeria, no po- Francia y en esa Francia pienso, no en l; ji drán decir los franceses que de, España Cuando dejaba la guerra! e sus políticos ni sus escritores para la d libre ya el hispano sueiíV exportación, no en lá de esos energúmejhayan partido nunca ambiciones, intrigas v la mejor 1 flor de la tierra ¡nos qué, no satisfechos- cdn la condena del ni mala voluntad contra Francia. No poee fue trasplantada al cielo; mariscal Pétain, todavía hubieran querido demos decir lo mismo los españoles. Des y al cortarla dé la rama- de los días en que Francisco I, Rey Crisque se le fusilara. No; eso no es ni puede el mortífero accidente, tianísimo, se aliaba con el Gran Turco en ser Francia. ¡Francia! Flor de la civiliza- fue tan oculta a la gente contra de, Carlos 1, Campeón del Catoliciscomo el que n ¿ve. la llama ciói en donde, sólo al pensar por ella, sieñímo, hasta nuestra última guerra ciyil, o ha 6 ta después que la siente. ¡te uno más ávida la inteligencia, más digamos en nuestras modestísimas aspirar do el ingenio, más atenta la cortesía. ciones coloniales, Francia ha estado siemY a la muerte de, la Reina Mercedes, til j A esa verdadera Francia es a la que pre en contra de nuestros intereses y lo pueblo, apenado, cantaba el dolor del Rey que es más lamentable, de nuestra paz, Y viudo al paso del entierro y le acoppa- ¡yo deseo oír alzar su voz, no tanto por, no sa diA, que fue siempre, por amor a ñabá en su tristeza: ¡el mariscal Pétain- como por ella misma. ¿La suerte del mariscal? Materialmente, la. HEejRiq y a la. democracia, que pudiera. yo supongo que su cautiverio no será en ser btiefi pretexto para su intromisión eá ¿Dónde vas, Alfonso XII? j favor de los republicanos, porque cuandi? ¿Dónde vas, triste de ti? una mazmorra, los franceses no pueden; ser crueles, que al mariscal no le faltará en Francia- sé había implantado la Repá En 1 plena guerra de la Independencia, I materialmente cuanto pueda hacer llevada- blica, después de la guerra del 70, -nosotros teníamos guerra, carlista y era a los carlis- cuando más herido estaba el sentimieata ra su situación de confinado. ¿Éspiritualtas a los que proporcionaba armas y su- nacional, espíritus selectos, de cuyo patrio- j mente? Su noble espíritu ha de sentirsje ministros, lo mismo que después a los re- tismo no podía dudarse, Moratín y Goya, tan por encima de sus perseguidores, sil publicanos; Entonces rio sería por amor entre otros, aceptaban la ta ha de afran- ¡conciencia tan enfrentada con la; más alta a la libertad y a la democracia; lo que cesadoá, cautivado por el geriio y la cu. í- í Justicia de Dios en el cielo y de la Histq- importaba a los franceses era que no hu- tura de- Francia. El. corázóh de. España i ria en la tierra, que ni él dolor de la inV ha, estado siempre abierto para Francia. gratitud, la mas dolorosa, la ing- rátitud biera paz en- España. 1 Si alguna vez ha podido, paréc er ofendi- de la Patria, -puede haber quebrantado, sil i Entiéndale que al decir los franceses do, era la: ofensa celosa que sentimos dé heroica entereza. No es tanto por el maquiero decir los. Gobiernos, la política de quien no t se deja querer cuando más le riscal como por Francia misma por lo qqe Francia, que no debe confundirse con el queremos. A los desvíos. sy desdenes de deseamos reparación, a la ingratitud, y a verdadera sentir de un pueblo. Sería, in- Francia, España ha podido responder siem- la injusticia... Mujeres, madres de lá verjusto suponer que Francia ha odiado siem- pre con, la sublime frase de Goethe, tan dadera Francia! que llegue nuestra, vqz pre a España, cómo na puede creerse que expresiva- de amor desinteresado: Y si yo a los que puedan enmendar pronto un error España haya o diádo nunca, a Francia! te quiero, a ti, ¿qué te importa? y. una injusticia, que vuestros hijos, al Pero la política de España, si de algo, ha La. verdadera España no, ha desconoci- aprender ¡a Historia de Francia, no ten pecado, ha. sido de complaciente y benéyo- do nunca a la verdadera Francia, aunque gan qtie: leer, sin fe de erratas, esa página lá con la política de Francia, aun en con- hubiera estado. justificado desconocerla de triste de su Historia. tra, de nuestra conveniencia. España ha tal suerte sus políticos v miwhos de is JACINTO BENAVENTE: M FE DE E RR 4 TAS