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I MADRID, DÍA 16 DE DICBRE. DE Í 9 47. NUMERO SUELTO 50 C E N T S -e D I A R I O IL ST R A- DO D E XI F O R MA C I 0 N G E Ñ E R A L 1 1 SÍ u. vez de alguna obsersobre ID ILI O S OB RE U N V O L C A N vación picaresca, d u n volcán era; dicada a una dama dy frase corriente en. el siglo pasado, cuando ante la arneT ¡gamos flojedajd; la nonehalarice de los honor o a un gentilhombre, cuyo ¡físico náza. de guerras o de. graves trastornos, franceses; un! descuido, que hasta podía desgraciado no entonaba bien con las ga. -más alegre y; confiado parecía el mun- parecer cuidadoso, para íio distinguirse las de Corte. do. La víspera de la batalla de Water- por su at ¡avío de las más- humildes clases De estos desfiles he presenciado mu. l o p s e bailaba, en Bruselas a corta, dis- sociales. Respetable, -si el motivo era por chos. En la primera boda de Alfonso XII tanda de donde había de librarse. la: gran razones econóímicas; no tan respetable si con su prima, la malograda Reina M e r batalla, decisiva en los destinos: de Na- la razóji era de prudencia, eufemismo de cedes de Orleáns; el de sus segundas poleón. Durante el Congreso de Viena, miedo. Sólo al viajar por Inglaterra se nupcias, con doña Cristina de Habsbm mientras los grandes de aquel! tiempo veía con satisfacción que allí, no habían g o; el de la jura de Alfonso XIII a su, -nada nuevo bajo el, sol 1- -trataban, como abdicado Allí! se veía- todavía el sombre- -mayoria de. edad; los desfiles en los. díasde los de ahora, de remendar a Europa, tam- ro de copa, -e frac, el chaqué y hasta la de apertura 1 Cortes. En ellos he, visto bién se bailaba, y eran Emperadores y Re- levita. Allí seguían las pelucas blancas dft en ocasiones distintas a personajes que yes los bailarines; La frase rio ha perdí los magistradds y de los secretarios de las ya tienen su lugar en la- Historia y en dq- su actualidad. También en este siglo Cámarias allí, los guardianes da la Torre vida- lo tuvieron en miles de lústot etas. se; ha bailado sobre volcanes, y aun bajo dé Londres Vestían los trajes del si- La que fue Reina Gobernadora con su ellos, que es peor. Durante, las- dos gran- glo xvi y la i Guardia Real sus vistosos hija, Isabel II, doña María Cristina, ya des guerras de la, primera mitad de este uniformes de gala en Sos relevos de Pa- muy anciana. A- sistió a la, boda de Alfonsiglo se ha bailado como nunca, y fcnás que lacio; allí, los, regimientos escoceses lu- so XII con- sil prima. Mercedes. A Isa nunca ha podido repetirse, aumentada la cían sus pintorescos y anacrónicos falde- bel II, al Rey consorte, don Francisco ¡cifra por millones, la despreocupada frial- llines, y sus compañías, desfilaban a los de Asís; al que fue Eduardo VII de Ins dad, que también llegó a ulgarizarse, per- sones de la gaita escocesa; allí todavía glaterra, cuando era Príncipe de Gales; teneciente a una famosa zarzuela- Pan- se veía al aiirogante tambor mayor al- al Krompririz, que fue despyés Empéra- y- toros en donde al. preguntar un frente de las ¡bandas de música, y todo dor Federico; hijo de Guillermo I y pa- personaje: ¿Qué ha sucedido? le res- parecía lo más natural del mundo a los dre de Guillermo II, tercero y último i pohde otro. No es nada un soldado nacionales y lo más inusitado, pero ad- Emperador de Alemania; a Reyes d e muerto; puede el baile continuar. Y el mirable, a loé, extranjeros. Yo no sé si Portugkl; a embajadores del Sultán de. en estos últimos años no habrá llegado Marruecos, y del Rey de Siam. La últibaile continuaba y continúa. también á Inglaterra él contagio, del que ma vez que desfiló la Corte de España, Ahora no ha sido baile; ha s ido algo se ha. culpado sin razón a los norteame- un vendaval de- tragedia, presagio de otras muchas, manchó de sangre y añamás serio, que- está sobre la ironía y Ja ricanos. Digo! sin razón, porque en Nordespreocupación. Ha sido un remanso de teamérica, si la vida deportiva ha impues- dió muertos y. heridos al cortejo. Por úlpaz, un cuento de hadas risueño, inte- to comodidades en el indum éntO hasta tima ve z pasaron ante el pueblo, de Ma; rrupción de una espantosa historia; un llegar a la desnudez; en los teatros, en drid las carrozas de gafa, la Corte de Esidilio sobre un volcán, esto ha sido la te fiestas de sociedad, en ocasionen y lu- paña con toda- ya grandeza. Yo no pre- boda de la princesa Isabel de Inglaterra. gares adecuados se observa toda etique- -sencié ese desfile; estaba en viaje, y, cosa Boda de príncipeSi con- todas las presun- ta y compostura en vestido y. maneras. extraña, durante todo el viaje tuve el pre- sentimiento de que se cometería un atenv ciones favorables al amor; sin interfei E s un error creer quei el. proletariado rencias políticas de alianzas o I de. inte- agradece ni estima que pretendamos igua- tado en el día de a boda del Rey. Al llereses, que, por otra par e, hubieran sido larnos a él en la presentación. Mucho gaba Montevideo nos dieron la noticia. raizones ilusorias, por inútiles, en estos menos, cuando los proletarios a lo que Yo- iba a Buenos. Aires con María Guetiéiílpos. Ya- hemos visto que, bien paco aspiran es a vestirse en su día dé seño- rrero y Fernando Díaz de Mendoza. han significado en las. últimas guerras ni res, como se ha comprobado en todas las Los otíos desfiles, los que. i yo he prealianzas ni parentescos dinásticos. Acep- revoluciones. senciado de niño y después joven todavía, temos, pues, el amor, como única razón han revivido; con- todas sus galas y co. dé Estado en esta boda de príncipes. El Están en el secreto y saben que poj ir lores en mis recuerdos al contemplar volcán del mundo, apagado por tirios mo- en mangas de camisa, sin sombrero y cal- ahora sin la Vida del color grabados y fp 1 mentos, ha parecido en esta ocasión como zados con sandalias b alpargatas, rio de- t. ografías de la boda de la princesa Isabel v. tremo, de Apoteosis en. comedia de magia jamos de ser burgueses. Con apariencias de Inglaterra. para dos príncipes enamorados, triunfan- exteriores sólo se consigue su desprecio ¿Quién se atreve a vaticinar- en este tes de lps genios maléficos, bajb la pr. o- sin imponerles respeto. Hoy, presentarse desconcierto del mundo? ué. guarda- 1 tejeción de un hada benéfica. j por las calles con sombrero de copa su- rá el destino a estos príncipes- enamorar Para el pueblo inglés, tan ufano de su pondría, una gran valentía, y la. valentía, dbs? ¿Cómo terminará el cuento de haciudadanía, -el; desfile de estos cortejos en cualquiera de sus manifestaciones, das? Idilio so. bre tin volcán hásidó este árnor, que, por ahora, -ha terminado en reales, coaio toda suntuosa ostentación, siempre inspira respeto. Al ver en los periódicos ilustrados, en boda cojno los cuentos de hadas. Pero la en Inglaterra, antes que despertar odios. y. envidia, avivan su orgullo nacional, las, pantallas de cinernatógrafo. él desfile vida sigue, y lg. vida no sabe de cuentos; mjás agradecido que envidioso, ante el es- de la Corte inglesa, he recordado desfiles, es siempre historia, y, la- Historia, no dice, péctáculo. Para él todo es grandeza de semejantes de la Corte de España, que, en nunca al terminar: amor, amor; dice: Inglaterra, y de ella participa con orgu- nada desmerecían de los más suntuosos muerte, muerte. Ahora, digamos con eí llo; cómo gota de agua que ella sola no, de Cortes extranjeras. En buen gusto, poeta: Ciego, es la tierra el centro de esN nada y. sSlo puede sentirse grande a. quizá los aventajaban. También nuestro, las almas? Lós poetás son la voz. de Dios, a pueblo veía complacido Vstos alardes de en I tierra; los poetas saben nías- que perderse en la inmensidad. del mar. En los pocos años transcurridos entre magnificencia; también se sentía orgu- ló s historiadores; y el amor, aun qíie se a las dos guerras, por todas partes se ad- lloso de, sus Reyes y de su Grandeza; entre Reyes y príncipes, pertenece a, la. vertía en ias clases más relevantes, por su aunque, -por su carácter meridional, la Poesía más que a íá Historia. admiración y el respeto se salpicaran tal JACINTÍ. BENAVENTE X Aposición social, -un como apocamiento diAILAMOS B