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MADRID, DÍA V DE NOVBRE. DE 19 47. NUMERO SUELTO 50 C E N T S ANTONIO DIARIO ILUSN T R AD O DE 1 FO k M A CI O N E NE R A i i t. en la edición definitiva, acrecida paulati- Era urgente restituir el Qnijole a su prísñámente por el. autor, son veintitrés. tina redacción, como ba, se inexcusable de L doctor Marañen desentraña ahora Antonio Pérez procura satisfacer, en; Pasu entendimiento, y; tanteos en este sentido p- en libro magistral- -el asunto An- rís, su imprescindibilidad; ya viejo, se ufana han s- ido las ediciones con comentarios últitonio Pérez. Antonio Pérez, ministro, de tener metresa- -como él dice- piaitresse, mámente nombradas; más la de Clem ncín, es hijo de un ministro. El 1 padre de Anto- npaceba; pretende que le gestionen, caso- por falta de sistematización crítica, entonnio Pérez ha traducido la U. lisea, de Hb- de que haya muerto. su mujer, un capelo de. ces imposible, y la de Rodríguez Marín, por mero; el hijo ha le fdo la traducción del cardenal. Pero el tiempo ¡pasa: Antonio Pé- no utilizar los métodos ya sazonados y padre. Ulises ha influido en Antonio Pérez. rez conoce el valor del tiempo; el tiempo en- vigencia, en su tiempo, uo lograron dar. El lirismo de fray Luis de León define. así quita su incentivo, a la novedad. El refrán una verdadera edición crítica d, el texto, aunu a Ulises: Ulises, de los griegos luz di- castellano dice: A do té quieren mucho, qué sí un cúmulo inestimable d. e ilustraciones vina. El lirismo de Castelar proclama que no yayas a menudo. El propio Antonio 1 para su- mejor interpretación. En cste terreno Ulises- es igual a les, dioses eft prudencia Pérez- ha dicho: El mayoí despeñadero, la acaso- se aventaje la. venerable publicación de pero antes se ntfs ha. hablado de la natural confianza. La familiaridad, que el tiempo Clemencín en lo que se- refiere a, cierto tipo -doblez de Ulises V de que Ulises. repre- engendra, -es acarreadora de menosprecio, de esclarecimientos, literarios; tales cómo ¡osv senta la astucia tía pensado. Antonio Pé- apoeador d e la personalidad. Gradualmente, reíerentfs a libros de caballerías; pero la del rez en Ulises; en una dg. sus, cartas al con- va decliíiarido Antonio Pérez; de uno en ingenioso Bachiller de Osuna l ¿vuicé ¿n destable dé Francia, duque de Montmorency, otro de, sus domicilias se va viendo su. discopiosidad y en conocimiento, de disciplinas A n t o n i o Pérez deplora que sus deudos, los minución. Ya) indigente, vive en la calle- d e Antonio Pérez, en España, lleguen. a de la Cerisaie: la Cereceda, ej Cerezal. Cer- populares, de las quo Cervantes hace gran creer, que el aire de Eranciá, y la dulce ca está la Bastilla; ce rca, -el. Sena; cerca, exhibición a lo largo de toda su obra. Dw- coFrancia, conio allí suelen dtcir, me han he- la hoy plaza- de los Vdsgos, en que há vivi- m- rfctos poseemos de, cbras menores cervantinas (el del Coloquio de. los perros, de Gonzáchizado, cotrio a Ulise; la otra Circe. En do Víctor Hugo; cerca, el h- oyi Museo Car, lez de Amezúa, y el de Rincj) nele y Cortadi uno de los afofisraos se habla, del cuero nayalet; cerca, el Arsenal; c rca, la calle de llo, del propio Rodríguez Marín) que lfcgan que cuenta Hornero de los. vientos que Eplo San Antonio, en que Se levan ala hoy igleacaso al ideal de fundir míos y otros conoentregó atados a Ulises Vientos desatados sia de San Pablo, erigida en 1627, en donde cimientos al servicio di ia ilustración del han, soplido también en esta, tragedia. Dos la primera misa la dijo Richelieu, en dontexto. 1 M rasgos esenciales resaltan- -parecen resalde admiramos el. primer fresco de Eugenio P ro quería indicar algo de distinta género tar- -ea el- carácter de Antonio Pérez do- Delacroix: Cristo en él huerto de los Olives. minio del elogio; Jmpreseindib ili. dad del El libro del doctóf- Marañón es. un tapiz al inite- ntar- este módico Plutarco de los dos textos comentados del Quijote. Cleirrencín fausto. En virtud del primer rasgo, í- e ele- de España; 1 un tapiz que vemos por el detrata dé atraer- Cer anifjss al gusto y a los. va Antonio Pérez; el seguido es causa de recho y vemos por el revés. usos más académicos, y, al. cdnsiderar a versu mengua y caída. Para dominar ei elo ÁZORIN sión de la edición primitiva, corrige a cada gio se requiereél dominio delidioma; Anpaso supuestas incorrecciones o pretendidos tonio Pérez há practicado el idioma en condescuidos. Su afán es que Cervantes. escriversaciones con gentes de toda laya, en dobiera coiúo l s peinados moctelos del siglo cumeutos oficiales. en que cualquier improxvín, aun vigentes cuando hacía su comeupiedad acarrea consecuencias. Cuando se- tario Clemencín. Como, a todo hay quien lee a Antonio Pérez, se advierte que las gane, en esta tendencia había de darle quinvocablos están, henchid: s de contenido psice y raya el benemérito Harí, zenbuscli, que cológico obedece- -puede obedecer- -el coní amigo lamentaba que en España no cn su edición de Argamasilla puede decirse céptismo. de Antonio Pérez a esa plenitud se hubiera hecho un comentario su- que refundió algunos de los pasajes dé gran de sentido. El mismo Antonio Pérez ha exficiente del Quijote; es decir, un co- libro en asas de. su prurito académicq. presado lá- valoración de los vocablos: Las mentario que domprendierá na sólo 1 el esRodríguez Marín, en. cambio, sigue- cí palabras son como las monedas, que una tudio externo del idioma o de las influencias criterio de atraer al, paradigma del habla vale por muchas, como muchas no p. of una. literarias, sino e estudio de- las- corrienv- es popular las maravillosas, páginas, aspira a Antonio, Pérez se encuentra nyueko en ideológicas; que concurrieron en la inmordevolver, el texto a su prístina frescura yi una terrible, -maraña. ¿Cuál es la parte que tal novela y el catálog de concordáncía- s d: espontaneidad. Por eso. es inccio el reparo í Antonio Pérez ha teñido en ello y cuái la frases, pasajes y situaciones con los de otras que adustos críticos hicieron- de su comenparte ajena? La discriminación es delicada; obras dé su tiempo, españolas o extranjeras. tario, de acudir a caniarcillos populares o. no- está sola aquí a la voluntad de Antonio 1 Es cierto que un comentario tan ambirefranes ¡para autbíizar la vír sión litigiosa Pérez; se entretejen sentimientos propios y cioso no sé ha intentado nunca; pero, sin íh tal o cual pasaje. CJemencín aiplicaba en sentimientos ajenos. El r aposito escaldado duda, p- odría ordenarse ap- royéchando los este caso la gramática, y s i se me apura, -i es lícita la figura- -ha podido escapar 1: mil estudios dispersos- y las obras fundajopó con ¡el hopo entre piernas. Se halla ya mentales escritas sobre el Quijote o sóbre; la gramática académica, que no llevaba aira ochenta años, dé 1 vigencia; en cambio, Roeti Francia, en París; puede respirar; resCervantes. Así, para el estudio de fuentes, dríguez Marín aportaba La sintaxis bravia pira con holgura. -lío tanto cerno suponemos; sería inexcusable el discurso de Menéndez del habla- d? l pueblo, patente en cantares. des- le esperan todavía algunos sustos. La im- y Pelayo, Cultura literaria de Miguel de peinados por Ú aire libre de los canipos de presión producida en París por Antonio PéCervantes para situarle dentro de- las idea; España, o. los modismos- familiares, mellados rez, h primera impresión, ha sido, sin duda, y corrientes de su tieniípo. rhabría que acudir, de curiosidad: en la? damas, de algo, más que aunque- con cául ela. -al magnífico estudio d en su expresión por el uso constante en ter- t iíias VxclnVchiaras. de labriegos. curiosidad 1: de un agridulce voluptuoso. Américo Castro, El pensamiento de Cervanlíoy nos inclinamos, sin duda, Jpor gsts tes; las interpretücionés psicológicas son. Aquí tenemos, sin qiie haga nada, tratable, conversable, a un hombre f ¡íue viene de allá numerosas, y filtre todas, por española y interpretación y por estel criterio. Don Quijote cabalga. por: los camino dte España- por bizarra, habría que t ner e pecialmerite lejos del país rival, del país misterioso, impregnáaidoáe dé los aromas más popula. del país, en suma, de la inquisición. An- en cuenta Id ái Unamunc. -Finalmente, í. n tonio Pérez está en su elemento- llega- aun- t! aspecto formal o externo, los c, íricnf- irios- res y manteniendo. su arcaico, iiablar caba! leresco -éntre el bullir ipohtá- neo del habla pueblo en. que hay maestría en el elogio. Eri- (le CiemsnCín y- de Rcdrigufz Alar m serían 1 íundameníales, sin desdén para otros l ie i castellana de v. eioias y cáriiinos. i las primeras. edilciams de La Rocliefolvcauld, conacidos del- mismo carácter, y Josí: MAKÍA. DE COSSIC las máximas dedicadas, al e ogio- fon rPueve; E PÉREZ INTERPRETACIONES DEL LENGUAJE DEL j QUIJOTE M 1