
do se pone a tiro el compañero de pareja, aparejo ha hecho fondo y el cable ha Dese lo lun a; en el otro vaporcito sujetan gado A su tope. Los dos vaporcitos, con las la punta de la guia recogida al cabo de la proas paralelas en el mismo rumbo y se na eia de su calamento, que, halado con parados por 200 mearos, detienen sus héfínrho, se trae al nuestro; suelta la guia. lices. Es cuestión de un momento, según trincamos su cabo al otro calón. Ya eiitá dos nada más. Al instante abren marcha d el arte amarrado por sus extremos i las nuevo, pero a menos máquina, dos Millas dos unidades de la pareja. tan sólo. Arrastrado por la párela, el saco, ¡Larga! -grita desde popa uno de los con su gran boca abierta- -el labio infeARA j o car merluza en abundancia, marineros y abre sus brazos en cruz por rior rehngado de cadena, por el mismo hay n w ir muy lejos, a Gran Sol. si el ruido del motor y los golpes de tila fondo, y, el superior, aupado por los globos- de cristal, a i s metros- va devorando Eti verano el viaje parece más lar- en los pantoques ahogaran sus voces. go de lo vi e porque a medida que la El patrón toca el pito; los dos barcos todas las merluzas que encuentra en su roda del vai oteito va cortando paralelos, hacen avante a toda máquina; nueve mi- marcha. Los barcos no cesan y avanzan el día si- estira lo mismo que si fuera de llas; hay que navegar mucho para que el lentos, paralelos durante dos, tres, quizá goma: en b s cincuenta y tres grados cin- irte, que varios brazos van echando sobre cuatro horas. Si por cualquier circunstancuente minutoi de latitud Norte, el sol la borda de popa, no Se enrede sobre si; cia se detienen, una red que pende del ¿uluce a la. doce de la noche. Día intermi- cuando está todo en el agua, en la que se bio superior de la boca del saco, y que nables entre el cielo y el mar, sin otra vi- enciende una cola de espuma y rebrillo de en. marcha se mantiene horizontal, ene sión concreta que la del compañero de pa- plata, un hombre da un golpe dé barra al como una trampa e impide a la merluza reja que muestra y oculta su silueta a gol- disparador, que suelta mecánicamente los embolsada su salida. pes de ola. A pesar de la extensión de la dos calones. Ya está todo el aparejo en Así que el patrón lo estima oportuno, jornada, a bordo no queda tiempo para el el mar. Los dos barcos se abren. Sus ca- manda Halar el arte; los chigres de los dos descanso: es preciso tener bien limpios los rreteles desarrollan las molletas y el ca- vaporcitos cantan de nuevo enrollando el tanques, hay que repasar las redes, relin- ble que llevan arrollados con estrépito cable; las roldanas y los gavietes chirrían ga r brazas de cadena, a la bajera, trincar agrio y metálico. No obstante el peso del también: y las gaviotas, que se han conlos globos de cristal centrado en gran núy bien dispuestas las mero, en espera de tnalletas, porque luelos despojos. A borgo, cuando el arrasdo se despierta la natre empieza, la limtural curiosidad: pieza del pescado lle ¿poco? ¿mucho? va más horas que las nadie lo sabe, aunque que da cada día. más de uno, animado Si los días no son por, un largo histobrumosos, tenues perial marinero, acaso nachos de humo aculo sospeche. E n t r e san por las amuras el tanto, las maquinillas ir y venir de otras de los dos vaporcitos parejas. Apenas s e siguen devanando, indibujan sus líneas, cesantes. pero el patrón me diDe pronto, el fonce sus nombres y lo do del s a c o ofrece que han pescado tamuna sorpresa al probién si están de vuelfano. Cuando h a b i a ta. Es que los patroque suponer que estanes de altura saben ría todavía en el fonmucho; a fuerza de do, retenido por el tirar lejos los ojos y propio peso del arte y clavarlos en las proel de la pesca enmafundidades del agua, llada, sale a la superhan dado vuelo a la ficie, a unas cuantas vista. Tanto, que el brazas de popa. Es Saco de peinado a flote. mío, sin volver la caque las merluzas, al beza, le grita desde el sentirse presas, han jmente a un marinero que va en popa: arte y la velocidad de las embarcaciones, sacado el buche en mortal angustia y lo- ¡Lauri! como no relingues mas a pri- la echada dura un rato, pues el calamento han hinchado con el vacio de su agonía. sa, no acabas hoy. dará 1.500 metros de longitud, Pero todo Tersos los buches como globos han elevaY Lauri murmura entre dientes algo que hace falta, porque a lo mejor hay 600 de do la red a flor de agua y puesto al sol no se entiende y mueve sus manos elefan- rofundidaa y el arrastre ha de hacerse el fondo de la bolsa, rebosante de escamas cíacas sobre la red. Así un día y otro; obre la misma playa. de plata, con sus noches. Pasadas tres, comprimidas Por fin las roldanas dejan de cantar; el M. CTR 1 QUIAIN- GAIZTARR 0 y breves, se enciende el crepúsculo en la dilatada playa irlandesa. No hay más que mirar el color del agua para juzgar su profundidad. ¿Cuatrocientas brazas? -pregunto al patrón. -Algo menos- -contesta. Nada le digo, en cambio, de la superficie calera, porque los vaporcitos y los humos la jalonan. La playa va mucho más lejos que la vista; humos y vaporcitos sa pierden en su inmensidad. Toda la gente está sobre cubierta, dispuesta a la primera echada. Miro el reloj y son las tres de la mañana: aunque el sol no ha salido todavía, las luces amarillas y violetas de la aurora pintan el cielo de colores e iluminan la amplitud del espacio. El ostrón dirige la faena. En popa, unos IiMnSreá preparan el arte y otros se afa u- n en enganchar el calón en el dispara K- d aparejo una gran bolsa de malla le tle metros, de las pernadas al fondo del- H J Todo él está en popa en espera del ¿ivamitiito. Los hombres miran al otro arco ü que se dan, por radio, las instrin ivt ¡ie precisas. Se le ve acercarse al msujuíc. U) lo de los marineros amarra un plcjtio al extremo de una guía y, cuanliando el a co. (Foto P. Herroitlfuieta.
PESCA EN EL MAR
MERLUZA
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