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LA J A U L A D O R A D A DE MÚSICOS VIEJOS LOS E comitiva, que caminaba sin un ruido, sin un grito, sin el más leve rumor... ¡En silencio! Inaugurada poco después la Casa de Verdi. en ella se recogieron al. principio nueve ancianos artistas, cuatro mujeres y cinco hombres. Últimamente se albergaban ciento diez, cuarenta y seis mujeres y sesenta y cuatro hombres, a los que la piadosa institución defiende del tremendo destino de la pobreza. C ó m o viven. ¡Vedlos! Dichosos, felices, sin cuidaeos ni preocupaciones... Salan y entran cuando se les an oja, trabajan si quieren, se pasean, celebran reuniones, coniierencias y conciertos... To. dO S c o m o indumentaria han adoptado una especie de uniforme... Visten de negro, larga americana cruzada, corbata de lazo y amplio sombrero de anchas alas, como vestía el maestro desaparecido. Si habláis con alguno de estos artistas, os dirá que su vida es apacible y serena, que están todos rodeados de cuidados y atenciones. -Vivir aquí- -decía una vieja cantante- -es como v i v i r en un, gran hotel. ¡Cuántos he recorrido en mis andanzas por el mundo! Pero ninguno tan simpático, tan confortable como éste... ¡Ya ve usted! ¡Tenemos hasta refugio antiaéreo y todo... Yo he pensado alguna vez que los músicos españoles, La Casa- Retiro de Músicos y Cantantes, en Milán. que de tanta protección oficial disfrutan y de tan grandes di entregó al arquitecto ciento cincuenta ayudas disponen, podrían hacer algo paremil liras para que comenzara los trabajos. cido sin mucho esfuerzo. Lo que no pue Dejo- -dijo posteriormente en la cláu- de realizar la iniciativa generosa de un sula 14 de su testamento- -a la Obra Pía individuo, lo lograría fácilmente la coCasa de Reposo para, Músicos, construi- lectividad con un poco de sacrificio. da. por mí, además del edificio, cincuenta Pero... ¡bah! Ya sé que esto es un mil liras de Renta Italiana, veinticinco mi! sueño... Aquí nadie se acuerda de Sanliras de Renta al portador y todos los de- ta Bárbara hasta que truena... Los arrechos de autor que produzcan mis obras tistas no pensarán nunca, en sus horas en Italia y en el extranjero. de esplendor, que un día la vejez, inexoImponía como condiciones que se reco- rable, llega. Tampoco suele darse entre gieran en una estancia sus recuerdos artísticos, las condecoraciones, los cuadros y su piano. Expresaba el deseo de ser sepultado con su esposa, Josefina Straponi, en el oratorio de la. casa. Así fue creada hace poco más de medio siglo esa magnifica Residencia que es el mejor timbre de gloria del insigne compositor y la que hará perdurar su nombre tanto como su obra... La Casa de Verdi. Años después, el maestro dejó de existir, y al amanecer de un día de marzo, lluvioso y tristón, se verificó el entierro con la mayor modestia, como él dispusiera, sin ruido, ni espectáculo, ni ceremonia, ni músicas, ni cantos... ¡En silencio! Llevaban sobre sus hombros el féretro dos artistas insignes ya, Puccini y Mascagni. A pesar de la hora, ventanas y balcones aparecían cuajado 3 de gente. Los árboles de la Vía Mauroni elevaban sus brazos desnudos al cielo a la claridad indecisa del amanecer, Y cuando el modesto cortejo se puso en marcha, un vendaval de flores, que parecían caer del cielo, sembró el paso de la Pasatiempos de Jos viejos cantantes en su Casa de Reposo. N una habitación del Hotel de Milán, una tarde de marzo de 1895, el insigne compositor Giuüeppe Verdi examinaba los planos de una Casa de Reposo para los Músicos, que sometía a su aprobación el arquitecto Camilo Boito. El presupuesto se elevaba a medio millón de liras, y allí mismo, sobre la marcha, Ver- Tina hora de recuerdos y alegría musical. nosotros el caso de un compositor 36 bre el que la fortuna derrama tan generosamente sus dones como llovieron sobre el autor de Aida y Falstaf La Casa de Verdi, que, cuando fue creada, contaba con recursos más que suficientes para su sostenimiento, es hoy más poderosa que antes, porque los derechos que percibe todos los años por la propiedad de las obras, lejos de disminuir aumentan en fabulosas proporciones. He dicho que en España es difícil que surja un músico capaz de imitar el gesto de Verdi... y miento. En España hay también un hombre generoso y desprendido, con arrestos, voluntad y energía, y al que, como vulgarmente se dice, no se le pane nada por delante ¡Ese hombre es Jacinto Guerrero! ¡Quien sabe si no habrá acariciado él alguna vez esta idea! ¡Quién sabe si no ha pensado hacer algo por 1 estilo en su vieja Toledo, la Residencia Retiro de los músicos españoles... Sería un nuevo motivo de peregrinación, a la imperial ciudad. Con el Alcázar, la Catedral y la Casa de El Greco la visita a la Calsa de Jacinto Guerrero JOSÉ JI AN CADENAS.