
GENIALIDAD Y PSICOPATOLOGIA
LUIS II DE BAVIERA
Bienvenidos seáis, seflores, a JElsenéur. Pero... yo no soy más que un loco norte- noroeste. Cuando el viento viene del Sur, distingo un. gavilán de, wni cernícalo.
Luis II ft los enviados de Bismarck.
G
fue Luis II de Baviera. Así como Luis I, s, u. abuelo- -se ha dicho- rígalór 6 U cétrtí a una bailarina, Lo ¿a Mantés, ¡para que hiciera de él una fusta, Luis II. estuvo a punto de entregárselo a un músico genial; Ricardo Wagner, para que lo blandiera a guisa de batuta. Luis II- -alma morbosamente poética y soñadora, enajenada de la realidad- -eró su niñez buscaba los rincones, lóbregos y silentes, donde pasaba las horas escuchando voces invisibles, que le transpor-
ENIAL? No;
evidentemente ito lo
Dootor B. von Gudden.
Stuttgart, el cual se apresura a visitar al Rey, Wagner escribe, refiriéndose a su entre- vista con Luis I I Es tan hermoso y tan espiritual, cjue temo ver desvanecerse su: vrda como un divino sueño en este innoble m u n d o. Vuestro pensamiento- -escribe ¿1 Hey, más tarde, a Warner- -me hace menos pesada la- carga de mi Estado. El pueblo no ve con buenos ojos, esta amistad. Los gastos del Rey son cada vez mayores. El plácido ciudadano nvuniqué. s se aterra. El Rey vive ausente de sus deberes reales, alejado de sus. subditos, encerrado en su rincón de verano, en Hohensch wangau, entregado a sus sueños y quimeras. A partir del estreno de T r i s t a n los proyectos m e g alománicos del Rey y su desenfrenada p r o t e c c i ó n a Wagner despier- tan la indignación general. Arrecían las zumbas contrala amistad de Luis II y Wagner, a quien los periódicos satíricos, recordando los amores de Luis I- y Lola. Montes, llaman Ló. lu s V Von der Pfordten, presidente del Consejo de ministros, harto de tal conducta, presenta la dimisión del Gobierno, y dirige al Rey las siguientes palabras: Su Majestad debe elegir entre, el amor y la felicidad de su pueblo o la amistad de un hombre despreciado por todo lo que hay de bueno y sano en el- reino. El Rey cede. Una noche de diciembre de 1865, Wagner, sin compañía alguna, -se aleja para siem pre de Luis II de Baviera. El Rey proyecta casarse con Sofía, hija del duque Maximiliano, a la que llama, desde entonces Elsa. Una y otra vez, la fecha señalada para el casamiento se demora. Luis II hace un viaje a París. Se extasía ante la arquitectura borbónica. A sU regreso transforma la decoración de sus castillos y palacios, con arreglo a este estilo. Al llegar el otoño, rompe oficialmente su compromiso matrimonial. Baviera entra al lado de Prueia en 4 a guerra contra Eran- cía, después de ffra, ndes titubeos del. Rey, por presión de U Gobierno. El pueblo, enardecido por la victoria, se horroriza del comportamiento de su Monarca; que guarda luto, según ciertos rumores. en señal de duéfo por la entrada de los alemanes en Versalles. Luis II de Baviera, como en su niñez, huye a los rincones de sus sueños en la madrugada del 18 de julio de 1871. La galofiliá del Rey cae en 1 absurda. ABgunas noches se disfraza de Rey de Francia. En isu mesa ¡ce a solo ante fqs puestos vacíos de. dos hwiíadós: el Rey Sol y María Antonieta. Pretende fundar Una Monarquía absoluta lej s de su patria. ¿Dónde? En cualquier parte. ¿Cómo pagar? ¡Vendiendo) el. reino de Bayíera! k imaginación del Rey- -torrenfe
Luis II de Baviera.
taban a un mundo fantasmagórico, en el cual se imaginaba cosas- bellas y se divertía Sus maestros- -el- célebre quimiC (Liebig y el famoso teólogo DoelliñO ger- a pesar de sus esfuerzos, fracasaron en su instrucción. Un día 61 año 1861 asiste en Munich, acompañado del conde de Leinfélder, a una representación del Tannháuser. Por vez primera oye música de Wagner. Cuando TannháuserT- -escribe el conde de Leinfélder- -vuelve a la Venusberg, el principé fue presa de t tan violentos eS pasmos, que temí sufriera un ataque de epilepsia. A partir de esta fecha, Luis II queda fascinado por Wagner; del cual hace su ídolo. Tres años después, el 10 de marzo de 1864, muere su padre. El principe soñador hereda el Trono de Baviera. Tiene dieciocho años. El pueblo wo le conoce. A sus oídos tan sólo nan llegado de él vagas y fantásticas anécdotas. Era un principe de cuento de hadas- -dice Guy de Pourtalés- un Rey de leyenda, un poeta que los dioses del Olimpo enviaban a Ta tierra eni signo de amistad al fiqi pueblo 4 e Munich A los pocos días, envía Luis II un emisario ai Wagner, que. se encuentra en
desbordado que amenaza anegar a su, pueblo- -desahenta a sus servidores. 1 Rey- -dice Guy de Pourtalés- en su soledad, se había trocado en objeto de ¿5: cárdalo para el mundo. La conducta del Rey- -previa anuencia de Bismarick- -obliga a la intervención de los psiquiatras. El doctor Von. Guddéñ, psiquiatra de máxima autoridad, junto con otros médicos, declara a Luis II de Báiyiera, en un docuimento famoso, loco e irresponsable El Rey, a última hora, para defenderse, hace un llamamiento a su pueblo, y le dice: Estoy! tan sano de cuerpo y de espíritu como cualquier otfo Morarca, pero la traición se desarrolfa, con tal sorpresa y rapidez, que me falta tiemtpo para tomar medidas, útiles contra las crimínale intrigas del Gobierno. El doctoir Gudden se presenta en la residencia real con) sus ayudantes para qrfmizar el traslado 1 tíel Rey al castillo 3 e erg. To 4 do sale bien. Al día siguiente, Luis II invita al doctor Guddeti, por Ta tarde, a dar un paseo por la orilla del lago de Starnberg. Cae la- tarde y. empieza a illover. Pasan las hora Alarmados en el castillo, salen en busca del Rey y de su acompañante. A las diez de la noche, un criado encuentra el sombrero del Rey y a pocos pasos el del doctor Gudden. El doctor Mueller y varfos eníerniéros explorann el lago en una barca. El cadáver dé Luis II flota sobre la aguas y no muy lejos el cuerpo del doctor Gudden, que en, la (frente y. en la cara presenta varias iheridas y en él cuello, señales de estrángulaición. Él Rey soñador y venal- -recio como un huno- -arrastró, consigo al fondo del poético lago al doctor Gudden, mártir de su deber y uno de los psiquiatras científicos alemanes más eminentes del, siglo xix. El hermano de Luis II de B ¿viera, Otón I, fallecido en 1916 y asistido por el gran psiquiatra Kraepelin, sucesor de Gudden, -fue víctima de la misma enfermedad mental- -esquizofrenia- que clavé bien el diente en el alma de estos infortunados Wittelsbach.
DR. JOSÉ M. SACRISTÁN