
C
un hombre- -me uijo aquel amigo mío, llenando lentamente mi copa- j- gué vivía sin resignación en la pobreza. Po- eía una casita arruinada y. alrededor, unos palmos de tierra ingrata y dura El desdichado elaboraba ensueños de felicidad. Ansiaba el bienestar, la abundancia, urdía planes y acometía empresas sin conseguir otra co- a que disminuir su capital y aumentar su cansancio. Un díi se marchó por el anchuroso mundo, dando vueltas sobre su cabeza al lazo con que deseaba apresar la fortuna allí donde la encontrase. Trabajó de día y de noche, entre la nieve y bajo el sol. Probó todos los oficios, recorrió todos los países, y en ninguna parte halló más que privaciones y disgustos, escasez y fracasos. Al fin retornó, vencido, para refugiar su desaliento en la misma ruinosa heredad de donde había salido. Allí volvió a ver la conocida cara de la miseria, que le esperaba fielmente. Un dkf de frío intolerable decidió, quemar en la chimenea las tablas del piso. Eligió las de su alcoba, por quedar así más disimulada la falta. Y al levantarla encontró un tesoro. No sé cuánto. Varios pucheros llenos dé áureas monedas. Aquel hombre había estado años y años durmiendo sobre su fortuna sin conocerla. A veces, como él, emprendemos largos y penosos viajes en busca de la felicidad, y la felicidad está al lado nuestro. -Sí- -apoyé- es, una verdad muy conocida. Ningún periódico admitiría un articulo con ese tema. -r- Conocida o no- -rebelóse mi amigo- hay que confesar que no nos atenemos a sus enseñanzas. Aquí estoy yo 1 que pagué bien cara una torpeza análoga a la del hombre de quien le hablé, ya que en vez de registrar debidamente lo que estaba próximo, rebusqué en los misterios del horizonte. Verá- -A mí me gusta beber. A todos nos gusta beber, ¿no es cierto? No digo turbarse el juicio o arriesgar la dignidad ni comprometer el paso firme, pero sí calzar las sensaciones con la suela de fieltro dé mi buen vino; porque no es que un
ONOCÍ
Uírefi v i n o. moderadamente bebido, haga bello lo que na lo es. pero enfoca 1 h cia las cosas una luz fuerte y clara que nos permite aprecia su belleza más intensamente. El caso es une yo intenté poner a mi vida ese coeficiente de bienestar. ¿Qué hay para beber? pregunté al m u n d o como p ue. de preguntar un cliente en el mostrador de un bar El mundo bebía cócteles. Bien. Vengan cócteles. Yo no sé. si usted se habrá dado cue. nta, amigo mío, de lo que cuesta ese aprendizaje Después, se olvida, pero al principio se alza en nosotio una resistencia que no e sino la obstinada lucha de. lo n. i tura I c o n t r. a lo artificioso Sóio la vanidad y la costumbre nos. hacen decir des, puée que el hombre inventa sabores, pero cuando tenemos e! paladar virgen, inadaptado, comprendemos que iio. que allí hay un sabor a comino, un sabor a barniz, un sabor a chinche, ya conocido desde que las chinches existen. No inventamos, sino que llevamos a nuestras papilas gustos por los que ellas ha manifestado desinterés o repugnancia. Al cabo, me habitué, pero comencé a sufrir las consecuencias, C o n o c t be- btdaque, después del primer sorbo, provocan un sacudimiento análogo al de los perros al salir del agua; otras que nos fuerzan a pronunciar este sonido he trasegado licores que, si alguien acercaba en seguida el oído a mi estómago podía escuclini distintamente el chisporroteo de la m u c o s a. ¿Es posible me preguntaba- -que los hombres que idean tantas cosagratas no hayan acertado en ésta? Un día tuve el regalo de una botella de vino de Málaga. ¿Por qué en España el Málaga no e stá tan difundido comoídebiera? Por ahí fuera enloquecen por él, y aquí lo vamos dejando a un lacio. Yo comprendí bebiéndolo que entre él y los potingues que ingería en los bares había la misma distancia que del- aroma de la rosa o del alhelí al de un perfume industrial por bueno jjue sea. El sabor del MálagaTpropio y sin química, es una de las delicias de la Naturaleza. Es quizá el vino que tiene mayor personalidad. ¿Sabe usted lo que pienso? Que si el sol se extinguiese y se- hubiera perdido la. receta para hacer otro, bastaría retroceder en el proceso que origina ese vino para encontrarla. En definitiva, qué es la uva de Málaga sino el s. oí encerrado en diminutos odres de oro verdoso? ¿Es verdad? ¡Pues, entonces! W. FERNANDEZ FLOREZ
de la Real Ac td mf t