
MADRID, DÍA 15 DE FEBRERO DE 1947. NUMERO SUELTO 40 C E N T S
PROSA Y E S P Í R I T U
ABC
DIARIO ILUST R A D O DE 1 NFORMAGIQN G E N E R A L t í If
N comentario reciente, dice Jean Paul Sartre: La prosa, es, desde luego, una actitud- del espíritu; hay prosa cuando, para hablar como Vailcry, la pailabra pasa a través de nuestra miradla como el vi; d, rio a través del sol... He recordado estos pensamientos leyendo París y Memorias inmemoriales, del maestro Azorin. Libros de reminiscencias, les dos, donde las evocaciones se afinan, se sutilizan, en el milagro de una prosa rica y brWe, sugeridora por las preguntas que aislen aparecer en el discurso. Prosa cristalina, fiel reflejo del espíritu de su benedictino creador. Insuperable categoría de la evocación poética, que subraya ibd uío pequeños dtetalles- al parecer insignificantes, y que en definitiva constituyen la visión complete del hombre y su circunstancia Qué fervorosa, pasión de interés pone el maestro AZO- I M al observar todas las cosas que el artista va luego volviendo a crear primorosamente mientras escribe. -Visión luminosa, concebida ascéticamente en la penumbra y tranquilidad de la noche. Así cemo el pensamiento no encontrará nunca muros que lo detengan, jamás, durante 3 a velada laboriosa- han dejado de reflejarse en las claras pupilas del maestro Azorin todos los colores y matices del universo mundo. En aquellas horas que los mortales dedican al reposo o al espajcimieinío, 1 noble alfarera de las letras casitell anas enciende su lámpara, arregla las cuartillas, ordena sus apuntes, toma la pluma y empieza dulcemente a escribir... Bella actitud del espíritu la de este gran artista de nuestro tiempo. Dice todavía Jean Paul Sartre: El grave error de los puros estilistas es creer que la palabra es un céfiro que corre ligeramente por. la superficie de las cosas, que apenas las roza sin alterarlas, y que el relator es un puro testigo que resume en palabras su contemplación inofensiva. Hablar es obrar; toda cosa que nombra no es ya la misma, porque ha perdido su inocencia. Y piensa aún el escritor francés que el prosista es el hombre que ha elegido cierto medo de actuar por descubrimientos y que es legítimo formularle algunas preguntas. ¿Qué aspecto del mundo quiere usted revelarnos? ¿Qué cambios quiere provocar en el, mundo con estas, revelaciones? Así, la filosofía literaria d: l maestro Azor in, a quien también podrían formulársele semejantes preguntas, si no las hubiera contestado ya, magníficamente, a lo largo de su obra ejemplar. El maestro Azorin, captador su 1.il de Ja realidad, nos ha descubierto el mundo en sus más recónditas esencias y para deleite puro del espíritu. Lector formidable, no se ¡recluyo en la ciudad. de los libros, y nada hay en su alma cid erudito que termina fa-
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talmente en frías abstracciones. El glosa- Berdaief, sino por el nuevo Milenio, con sedor que describe el laberinto subterráneo ñales definitivas y postrimeras, el or oe se es- del Metro de París y nos entrega la clave t remece, como al paso del A- ntcristo. Jamás de sú psicología, ha sido el viajero oue los pueblos, desde el Éxodo judaico, cubriese mezclaba, como uno de tantos, con la ron los caminos en una tan trágica fuga dé población abigarrada de la capital dé Franhambre, miseria y terror. Jamás los hombres cia para desentrañar las raíces mismas del i desde la Horda mongólica tuvieron sus hogares más al azar ni su vida más en- un hilo sentix humano. Sin clamar con los Trenos, de. Jeremías, Si los clásicos del idioma, leídos y meditados tantas veces en horas inefables de con sólo dar oídos al inmenso duelo del muniotimo goce, le transmitieron su eterna, lec- do, ¿no es acaso patente un descarrío de la ción de estética, la lección humana iban a Historia, evidente una crisis en la propia, nadársela, con largueza, estos contactos calle- turaleza humana? Y en el afán de convivir, jeros can la multitud que pasa, que sufre y trocar los enemigos en amigos, la hostiliy sueña, cerno todos los seres. Andando j dad en amistad, ¿no ha cambiado en la crisis pensando ha trascurrido, y felizmente tras- nueva la naturaleza antigua? ¿Qué hemos de entender hoy por enemigos, posibles amigos? curre todavía, la existencia del maestro Azo ¿Qué por hostilidad, posible Amistad? rin hasta unirse en su alma lo que, a veces, El enemigo, necesariamente, es ausencia. parece imposible acordar: la satisfacción El amigo, presencia. Si un enemigo se prerecogida del esteta con el impulso cordial del gran conquistador de la vida. Por eso, senta a requerir nuestra amistad, conviene hay huella profunda de su paso en- la his- examinar atentamente el caí Después de la amistad, debe creerse todo: toria de las letras castellanas. Y desde el ctro lado del océano escúchase también esta antes, todo debe deliberarse. Si un amigo se músjlca azo- riniana del estilista- que en la alta, aleja, al emprender un viaje, su ausencia noche, como un monje en su celda, da for- alarga su presencia, pues, si desaparece la ma acabada a sus más bellos pensamien- persona, reaparece, con el recuerdo, la es- tos. Prosa y espíritu se confunden en la peranza en su amistad. Porque el Amigo e s eí vaivén, el oleaje, y la Amistad, la roca, límpida labor. el baluarte icieonmovible. MANUEL VEGA Te presentaré muchos hombres- -exribe Séneca a Lucilio- -que no carecieron de amigos, sino de amistad. Pero ello no puede acontecer- -añade- -entre quienes se asocian por idéntica inclinación a buscar la virtud. ¿Por qué no. puede i LÁMANTE Alegoría versallesca. Los acontecer? Porque saben muy bien que todo r H Cuatro Grandes, diplomáticas, despla- es común entre ellos, principalmente las ad zan a los Cuatro Jinetes apocalípticas 1. versidades. Empero, los Cuatro Jinetes desoyen las voEl moralista cortiobés asienta que la ver- ce 3 del Protocolo, y en vez de plegar unía gue- dadera amistad tiene, como esencia lá presenrra, desplegan Cinco, al mismo tiempo. Los cia. Primeramente porque el hombre da más. Cuatro Grandes, a su vez, en vez de ape- crédito a la vista que al oído y después porque lar, para no oír los cañonazos, al recurso de el camino es más corto y eficaz por los ejemUlises para no oír las Sirenas, apelan al de plos que por los preceptos. Así, Cleanto- no Clemenceau, contemplándose en la Galería hubiera comprendido bien a Zenón, solamente de los Espejos. can escucharlo. P ro vivió con él, penetró sus Ante el estupendo espectáculo, se diría, que intimidades, observó si era su conducta conlos supersensibles de cada país en ruinas tie- forme a sus máximas. En las costumbre; nen ojos y no ven, oídos y no oyen, lengua y más que en la doctrina de Sócrates, se for- nó hablan. Atónitqs ante la firma de una paz, man Aristóteles y Platón. No la enseñanza en plena guerra, inmóviles ante cinco gue- sino el trato de Epicuro alistan la Legión rras, en plena paz, mientras. mási presos los de honor del Pensamiento, suma dé la versentidos, más libres y aperantes los albedríos. dadera amistad. Y cuanto más ausentes- de la acció, n, que es ¿Tanto inquirir para venir luego a parar, número, más presentes en la meditación, que en la O. N U. Es caso de arribada forzoes numen. sa. En la O. N. U. todos son amigos ideólo- Meditan, ante el péndulo de la Historia, en gas, a tenor de la máxima biológica de Caque las luchas de hoy serán inexorablemente jal: O se tienen muchos amigos y pocas las convivencias de mañana. Los enemigos, ideas o muchas ideas y pocos amigos. Yí convertidos en amigos. La. hostilidad n también a tenor de la máxima metalúrgica Amistad. de Séneca: Los metales comunes están muy Sólo que, bien mirado, el Péndulo da osci- cerca de la superficie de la tierra; los metales laciones nunca vistas extrañas a las leyes de preciosos, socamente en lo hondo y más apa- gravitación, desenfrenados los resortes, entre recen a medida que se ahonda más. el temor y el temblor del Mundo. ¿Acaso no Los ideólogos metálicos avivan 1 la forja dej está el Mundo fuera de su órbita normal? No Milenio. ya con la nueva Edad Media, profetizada por CRISTÓBAL DE CASTRO
LOS Y LA
AMIGOS AMISTAD