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D I A R I O I L U ST R A D O DE INF O R M A G I O N ¡m G E N E RA L JSS nía en un guantelete de madera y lo arrimaba a un brasero, junto a cuya lumbre lo peinaban y ungían. Luego lo acostaban sobre u señor les tenía dicho: Os pagaré a una zalea de cordero. Cuando mi padre quequince dinares el pollo de halcón; a ría retirarse al harén, se lo quitaban, durla mitad, el de gavilán; a diez dinamiendo sobré el toisón. Lo colgaban al lado res el halcón mudado, y el gavilán mudado, a cinco. ¡Qué más quisieron oír los gaña- del lecho de mi padre ¡Dios tenga de él nes, con lo penosa que es la labranza! Los misericordia! Sufrió mucho de un tumor serranos de Sayzar llena- ron la montaña de que tuvo, grande como una almendra. Cuancabanas de piedra, de la altura de un hom- do murió, lo enterraron con un cortejo en el bre, disimuladas con paja y hierba. En lo que iban muchos recitadores del Alcorán y casi todos los vecinos del pueblo. alto dejaban una tronera, por la que hacían asomar un pichón, bien atado por las patas Pero en el fondo, en el fendo, lo que de a un palo, que agitaban con fuerza hasta verdad quería deciros es que la Autobiograque el pichón movía, las alas. No tardaba el fía tíe Usama ben Munqid- -la. autobiografía: halcón en abatirse sobre él. ¡Pobfeeülo! El un género raro en la literatura medieval, gañán lo agarraba por las patas, lo metía en sobre todo en la árabe- -es un libro delicioso. la cabana y le cosía los párpados. Al día Usama ben Munqid era un príncipe de la siguiente lo entregaba, contra la paga proSiria del Norte, que vivió casi durante todo metida, en la contaduría del castillo. Nos el siglo XII. Vio llegar a los Cruzados, con traían tantos- -dice Usama- -que teníamos quienes mantuvo luchas y con quienes a vecasi como gallinas. Algunos los usábamos ces estuvo en amistad. Peleó al lado de Saen la, caza; pero otros se morían sin dejar ladino, y de Nuredíno, y de los Fatimíes de la percha, a causa de su número. Egipto. Se expatrió por disputas familiares, y vivió en Damasco, en E ¡Cairo, en MesoPorque no era. éste el único origen de los potamia. Nos lo cuenta todo en sus Mehalcones de la fortaleza. Otros se traían por mo- rías. mar, ta peso de oro, desde Constantinopla. Una vez que la travesía duró más que los piSi alguien en España- -fuera de media dochones llevados para alimentarlos por los cena de profesionales- -conoce este libro, mamelucos, tuvieron que darles pescado, con que levante el dedo. Y, sin embargo, es una lo que sus alas se afearon e hicieron quemaravilla. ¿Qué hacen los editores? Cuando bradizas. Menos mal que Gana ira, el halcose cansen de dar a las prensas la octogésima nero, logró salvar algunos y que mudaran biografía de María Estuardo o la mil y una con él. Y otros venían de Armenia, porque interpretación de la vida amorosa de María raro era el año en que Teodoro y León, Antonieta, tal vez podrían pensar en tradupríncipes de Masisa, de Tarsos, de Adana y cirlo. de los Desfiladeros de Cilicia, no mandaban EMILIO GARCÍA GÓMEZ una dagena, junto con perros bracos, a camde la Real Academia Española bio de caballos, de perfumes y de vestidos de Egipto. ¡Qué partidas de caza se organizaban en Sayzar! Mi padre- -dice Usama- -no hacía más que leer el Alcorán, ayunar y cazar. ODAS estas noticias ee hall acumulado Ayunar lo hacía siempre, y por las noches en el término de unas horas: dos cacopiaba el Libro de Dios, del que dejó 46 miones que chocan en una calle macopias completas, dos de ellas cen letras de drileña y muere uno de los conductores; otro oro. Pero, de cada dos días, el uno lo pasaba a caballo cazando, y en el otro se re- vehículo pesado que atrepella y mata a un posaba. La perdiz y la l: ebre se cazaban en niño; un coche que vuelca en una carretelas alturas rocosas. En los cañaverales de ra y resultan gravemente heridos sus ocujunio al río se cobraban patos y francolines, pantes. ¿De cuándo son estos avisos? De y asimismo liebres y gacelas. El padre de ayer, de hoy, de mañana. No son nuevas de ningún día porque son informaciones repeUsama iba con cuarenta mamelucos a catidas en cada uno. ballo, dos criados con los sacres, oíros dos De las horas lejanas, nos llega el eco de con los tigres amaestrados, y otros dos con la frase que surgía entre un gesto de susto los perros, uno co n la reala de los lebreles cuando nuestra curiosidad atrevida osaba y otro con la de los bracos. No había pieza que escapara. A veces salían jabalíes, bestias guiar un a mano hacia la escopeta dejada en inmundas que los musulmanes exterminaban un rincón o hasta el cajón de armario doncon indecible placer. A veces también la de se enrobinab a una vieja pistola: ¡Deja partida se complicaba en escaramuzas can eso... estas cesas las dispara el diablo! Y los barones francos- -los Cruzados- -que es- nos sobrecoge aún la congoja previsora de taban muy cerca. Pero, a la vuelta, siempre ayer como si se proyectara sobre las imprese dejaba a los halcones- -los héroes de la visiones de hoy. Con mayor motivo, podemos pensar que fiesta- -que bebiesen o se bañaran en los charcos de agua que quedaban en los aguje- son estas armas, no más cautelosas y sí menos temidas, las que llevan encamisado enros de las rocas. tre sus hierres, o enmascarado bajo sus Si he traído 3. colación todo esto, es para ruidos, algún espíritu maligno que se sube hablar de Yassur, el rey de los halcones. hasta la frente y los ojos de quienes se ima ¿Por qué sólo han de ser conocidos por su ginan que guían para oscurecerles pensanombre los caballos antiguos y los perros mientos y caminos. Y hemos de mirar con modernos? Yassur era un halcón armenio, mayor recelo e- ta? máquinas que intentan que para cazar no necesitaba estar en ayu- triunfar del más invencible adversario, que nas y que jamás marraba la más agazapada es el tiempo infinito, comprimiéndolo en líperdiz. Era el favorito del p- dre de Usama. mites ahogades, que aquellas otras cuya mala Al volver de la caza, si movía el pico en el ambición única apuntaba al tiempo corto tazón del agua, es que quería bañarse. Urna concedido a un solo ser, para quebrarlo en vez bañado, -dice Usama- mi padre le po- dos partes. D I A R I O IL U ST R A D O DE I NF ORMA Q I O N G ENERA L Pero las máquinas, aquéllas y éstas, las disparan los hombres, y no son por ello menos temibles. Esta mole que cruza rauda y nos roza ha jugado con nuestra vida, y si no la perdimos fue más ganancia del azar que triunfo del cálculo. Nunca mejor empleado el adjetivo vertiginoso para calificar tales velocidades sin fruto y con. riesgo; se padece de vértigos, de desvanecimientos de la razón, y, como en el síncope físico, nos parece que algo nos arrebata hacia fondos o alturas sin término. Bebemos el viento y padecemos hidropesía de distancias, sed que no se saciaría aún si nos fuera dado emular a la luz en su carrera. Y no somos más dichosos, por esta razón única, que nuestros mayores los que caminaban a hora por legua, y conocían las piedras de unos cortos senderos que se trenzaban a su espalda y frente a ellos, como la coleta que golpeaba su casaca, o el pelo, marc de la frente con la que cambiaban pensamientos. Todo era limitado: las ambiciones, las ideas, los pasos 1. Y ahora, como nos vuelan los deseos y las imaginaciones, quisiéramos que también fuera vuelo nusstra marcha. Si la vida se midiera por unidades de longitud, sí sería cierto lo que se dice hoy y lo que tantas personas se imaginan: que se vive más que en otros tiempos. Sino que la vida tiene las tres dimensiones y no es únicamente una distancia entre dos puntos. N a es vida más intensa la que logra ver el sol poniente a cientos o rniks de kilómetros del lugar donde le amaneció el día, la que contempla muchos rostros, pasa junto a cosas diversas, sube hacia cumbres, cruza mares y horada montañas, pero no guarda imágenes en el fondo de las pupilas, porque todas las visiones se desvanecen antes de haber tomado forma concreta, y se quedan en fantasmas desflecados. Hasta creemos que, de las tres dimensiones, son de mayor precio la altitud y la anchura: saber mirar las cimas sosegadamente sin que nos arrebatemos a la contemplación por un falso agobio de prisas, y también gozar de estas imágenes que r. os cercan y no pasan, sino que esperan en cada hora para que descansemos en ellas de las prisas que no pudimos evitar. No renegamos del progreso, pero maldecimos de los vicios que llegan como contrapunto a todo avance; porque la calidad de las cosas, pudiendo ofrecer infinitos matices, tiene también el mismo símbolo del infinito y se une el fin con el punto de partida, y el primer paso de lo bueno se enlaza con el último de lo excesivo, que ya es ruina y estrago. Hoy, se nos facilita el traslado rápido al lugar donde nos necesitan o a donde nos atrae un deseo; pero el reverso de toda satisfacción precisa y justa es la vanidad de exhibir su logro. Se sorben vientes por el vértigo que se apodera de quienes tienen entre sus manos la máquina que se ideó con fines más nobles o más prácticos, y se atropellan distancias para despertar el asombro de quienes miran el paso déla, centella humana; de vértigo y de vanidad es la perturbación de estos hombres que arrollan o mueren, pero acaso no debamos reprochárselo demasiado, porque k s llega el contagio desde todos los puntos del horizonte, desde todos los minutos de cada hora. TOMAS CAZA DE ALTANERÍA S VÉRTIGO Y VANIDAD