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MADRID DÍA 23 DE ENERO DE 1947. NUMERO SUELTO 40 (sENTS. f f de periódicos, excitados por aquel poderoso No haré: s una. visita, familiar s i r q u e arumor de charlas y por aquella atmósfera los pocos minutos de conversador no se de humo y de olores fuertes, tan típica que ponga sobre el tapete la cuestión dá serviservía de ejemplo y se llamaba precisamente c! o doméstico. Tengo, quji hacer yo: todo UANDO los escritores se ocupan en el atmósfera de café. Los inspectores de Higie- -exclama, la señara- de lacaisa- Esta cria. pasado suelen encontrarlo superior al ne de los municipios, enemigos de todo lo da que tenemos ahora es peor que a: antepresente, Al presente, como es lógi- romántico, acabaron con ella. rior... Todas son iguales... e levantan, tarco, le falta horizonte. Uno de los temas pre Apoyándose en esas mesas llenó sus pri- de, no hacen nada, estropean los guisos y a feridos por esta clase de nostalgias es el del meras cuartillas el gran Belurcio, entonces las seis se van a pasear con el. üov ió- y vuel- café. El café considerado como infusión y desconocido, y nuestro inmenso y malogra- ven a la. hora que les parece, si vuelven. también como local. de esparcimiento. En estos do Trepando- -gran másticador de almenYo recomendaría a todas las señoras, que días, con motivo d ¿un recar. go en los precios, dras, tostadas que estimulaban su inspiratengan paciencia, mucha paciencia. B a Muse han publicado muchos y bellos artículos ción- -ry tantos otros cuyos nombres sobresís del. servicio no es nueva, y es colmados- de evocaciones de otros tiempos y salen, en la esterilidad de- este fin de siglo, 1 que, desdo que el murado es mundo, de. quejas contra las realidades de hoy. Pen- cuando el talento huyó del mundo y nadie ¿iza en determinadas ocasiones po sando en procurar un consuelo a los desilusabe escribir como hemos escrito nosotros. más- 6 menos diferentes. San Juan sionados, voy a ofrecerles la crónica que ¡Oh, vaqtíella. deliciosa malta í... ¡Aquedentro de cincuenta años escribirá un perio- llos cocimientos de bellotas tostadas! ¡Con. mo, que conocía el paño y teñía, adiftiás, la dista de los que ahora tienen veinte. Dirá 1 así: cuánto placer los íbamos sorbiendo lentamen. paciencia de un Santo, -dejó escritas unas cuantas observaciones lapidarias, Los ser Muy pocos quedan ya que puedan acot- te! determinados establecimienvidores- -dice- -son ladrones y embusteros, dars- e. de lo que era un café en el mil nove- tos, A veces, en encontrar café, no digamos era- posible pertenecen á una raza indolente, rebelde, pocientos cuarenta y tantos. Ni los jóvenes ni las hombres maduros de ahora an capaces que auténtico, pero casi, casi. Y esto venía co manejable. Llevan con ellos la- holgazaneds imaginar lo que representaba un café en a costar de tres a cuatro pesetas. Nadie lo. ría, el hurto, la hipocresía, la calumnia, la intriga, la- insolvencia y la insubordinación. la vida española y, concretamente, en la ma- creerá hay porque nuestra unidad es el duro Esto no lo digo yo, lo afirma San Juan drileña. ¿Cuántos de aquellos magníficos es- y el dyro viene a tener aproximadamente Cris. óstomo. No sé si alguna señora de (jasa tablecimientos abrían en cada calle sus puer- el valor adquisitivo de cinco céntimos de entonces, que ya no servían ni para- dar lien h actualidad pedrá decir de los criados tas acogedoras? Una busca en los archivos algo más de lo que dejó escrito San Juan de la Recaudacióií de Contribuciones de aquel mosna. Pero yo- testifico que es verdad y tiempo feliz eos lo podría decir mejor que mi que hasta nos daban en -unas bolsitas. de Crisóstc- mo 1 hace muchos cientos de años. cansada memoria. Muchos y siempre llenos, papel, azúcar suficiente para llenar una cuBien- es verdad- que a continuación el Sancon sus colillas tapizando el suelo, sus ca- charilla. ¡Azúcar de remolacha, señores! to, que es partidario de dar una de cal y ¿O u f dirían aquellos antepasados si levan mareros diligentes, su. brillante barra conotra de arena, se mete con los amos y los torn- eando el mostrador y la parlera concu- tasen la cabeza? Un café es hay un sitio acusa ó e ser ellcs, precisamente, los 1 respondonde se nos sirve agua hirviendo en un vaso rrencia en torno a las mesitas- de madera y sables. Si vosotros- -afirma, dirigiéndose a cristal, formando islotes tan próximos que, y se nos dan en un platillo dos negras pastillas de cafetinita. Todas sabemos que la 1 los señores- -fu 3 seis mellos duros y menos más que un archipiélago puede decirse que cafetinita se extrae de la hulla, y a mí me avarts, el mal. tendría remedio. constituían, un continente, i hace migas- -como decíanos entonces- -el inQue es sobre peco, -más- o menos, lo que Seres pintorescos y brillantes, revestidos testino grueso. Prefiero la cafetinita del car- Beaumar- chais pone en boca de Fígaro en El de un esplendor ya desaparecido en esta uni- bón de encina, pero no siempre puedo pa- Barbero de Sevilla: ¿Conocen ustedes muforme humanidad de nuestros días, adscri- gar los cien duros que cuesta cada taza. Des- ellos amos dignos de ser criados? bíanse a cada café. Eran vendedoras de déci- de que se descubrió la existencia de la Mientras se soluciona esta crisis del servia mos, de flores, de aquellas cajas de cerillas piperilina en el azúcar y los Estados Mayo- ció doméstico, las amas de casa suspiran por ya borradas de nuestras costumbres y que res rigen su producción, ya no puede encon- esas novedades mecánicas que anuncian el si es cierto que desesperaban por su inutili- trase ni un terrón de aquella deliciosa susfin de sus tormentes. Los criados van a ser dad, constituían en cambio una distracción tancia. Y, sobre todo esto, los cafés sin mesas sustitpídos por unos aparatos perfecciona 1 para el ocioso al rascarlas y ennegrecerse ni sillas, con largos; mostradores, -y sobre dos, especie de robots modernísimos, que con su humareda. Había también mendigos cada mostrador, en la pared donde antes se pr. esta. rán, los servicios de ayuda de cámara, y sablistas y vendedores- de estilográficas, y alineaban las botellas, -los carteles que- orde- doncella o criaáaí. Estos autómatas se encarno faltaba alguna garrida moza que rezase nan según las nuevas y terribles costumbres: gaián de cepillarnos la ropa, romperán la las mesas de 1 a terraza murmurando un cas- No se permite hablar, más- de diez mimi- vajilla, se beberán el vin o, fumarán nuestros tizo Tengo tabaco rubio ¡Oh, cómo se tos... Quien dice tonterías más de diez mi- cigarros, ss iterarán de la correspondencia reaviva al recordarlo la ya débil llamita de nutos seguidos es un enfermo y debe mar- y usarán nuestras prendas de abrigo. mi espíritu! La nota de más intenso colorido charse al hospital... Beba la pócima, far. No cabe duda... Esto solucionaría la criacaso fuese la de los botones o pajes de certa- fulle su disco y largúese... Farfulle... Jar- sis. Los servidores autómatas serán, más 1 edad, siempre vestidos arbitrariamente y con guese. Así lo he leído en las advertencias económicos, puesto que se- alimentarán- de. telas, de tonos desusados. Se dedicaban a lle- murales del café de los Cuatro Electrones. g- asol. naíy tendrán la virtud inapreciable del. var y traer cartas, a buscar localidades y Nunca hubieran podido adivinar, tal cambio a encendernos los cigarrillos, pero donde su en las costumbres los parroquianos del des- silencio. ¡Serán mudos! Se acabarían las discusiones entre señoras y criadas y no pericia resultaba inimitable era en el hus- aparecido café de Castilla, también descrito habría escándalos y disputas e. n las cocinas meo y la caza del taxi. Hoy nos metemos en la magnífica, b ografía del poeta Carrére, Y no se darán casos como el que nos ha echo y hasta diez persona- s en un cocht del que acaba de publicarse... referido un amigo que fue a hacer una. v i- servicio público, empujadas por el conducsita de cumplido a una familia con ocasión XV. FERNANDEZ FLOREZ tor para que resulte posible cerrar tras de de las fiestas de fin de año. Llamó a la p- uer- nosotros la portezuela; pero entonces era de la Ueal Academia Española ta del piso y- preguntó a una do nc- íllita muy posible con cierta frecuencia disponer de un pizpireta y compuesta que, salió a abrir: taxi para a i solo cliente y todo el mundo- ¿El señor González? respetaba esta costumbre y la encontraba- -No está- -contestó desabrida la doncella, normal. escuchan ustedes a las amas de cass. ¿Y la señora? i las oirán lamentarse, desesperadas, -del Eh. el interior. de los cafés hablábamos- ampocó l El p de de cien mil cosas que no nos importaban y ii déi bl- -Pues hágame usted el favor de deservicio I doméstico. El problejna d de las que quizá no entendíamos, pera esto es cirles. representaba un sedante. para el ánimo- era las- criadas es casi inso uble. Así como ante bastaba encargar al panadero o al lechero de La doncella le interrumpió: i el éi j e de los vapores inútiles de nuestra la vecindad una criada, una crinera o una- -No me. dé- usted ningún encargo para vitalidad. Dentro dé aquellos muros- se for- doncella para que acudiesen cinco o seis a los- señores porque desde hace diez dbs... ¡n o maba un esquema social. Allí despachaban las pocas hoi s s. en a actualidad es preciso- les dirijo la palabra! sus asuntos los negociantes y se olvidaban una poderosa- influencia si queréis cpn. re- ¡Y le ovó n la puerta en lis! narices! de su escasez las empleados y muchos lite- guir. una cri: la para tocio q; c- luego ratos escribían comedias, versos y, -artículos JOSÉ JUAN CADENAS. resulta que sirve para, nada. CUALQUIER TIEMPO PASADO AB DIARIO ILUST R A D O DE f l N F O R MA G j N G E N E RA C AMOS Y CRIADOS S