
MADRID DÍA 11 DE E N E R O DE 7 947. NUMERO SUELTO 40 (3 E N T S f?
DJLA R I O IL U S T R A P O DE I N-
L. QJL. M
A- GJ O- N. GENERAE JÉ Ji ff
exaltar tampoco lo rano, y extravagante. Su mente en ej Retablo de Maxse Pedro, se suinspiración la recoge directamente en el pueT blima en ese retrato qué hace uno meses blo, y se. la devuelve a los dioses. tuvimos. la fortuna de admirar en. una ExMuy pocas gentes trata- ron íntimamente a A muerte de Falla pone en primer tér- Falla, mas yo- he conversado de él con urjo posición que de obras de Zuloaga se ve- ríñ- mino la pugna constante que existe de sus íntimos amigps, el g- ran músico Ángel có en Zaragoza. Es el retrato de su- alma. entre la gloria y la fortuna. En muy Barrios. A él debo yo la prueba más: irrefu- Leve de materia pictórica, caíi sin color, de 1 raros casos, los contemporáneos Jiacen com- table de la pufeza artística- de Falla: Tin paml como se efigian los espectros, con un cuello por donde nt oorr, en las venas y que! patibles estos dos dones, y así vemps que autógrafo eíi el que acusa, recibo de catevsirve sólo para sostener una cabeza podeSlos grandes artistas, los grandes inventores 1 ce pesetas con setenta céntimos, como rerosa, irradiante de videncias y de efluvios y lqs gíándes. filósofos viven y mueren pocaudación, en dos mese? de- su música. Be- espirituales. Es tin retrato donde hasta la bres, entre la indiferencia de la multitud qué lla. limosna para- un artista puro, que ¡el pú- expresión se ha reducido a lo s rictus esenpaga abundantemente lo trivial y chabacano. blico- leentregaba cnf pago óie su genial tra- ciales, qu ieto en pasmo de éxtasis, en éx- Ya. es bastante que los contemporáneos re- bajo. El maestro no rechazaba la limosna, pectación ó e los grandes mensajes aTriicn cconozcan el mérito, aunque no sientan el y aun la aceptaba: firmando un recibo por sos, que en ese cráneo, como en una cara, deber de pagarlo. Es más frecuente que la ella, pensando, quizá, -que estaba bien paga- cola, habían de resonar: lúcidamente. J i e c e gloria sea también un honor postumo, cuan- da. Y es que la legítima gloria gasta esta esta imagen alga del misterio obsesivo de. do no unos, tristes- funerales, como, ocurrió generosidad con la fortuna. -los retratos del 5 ayum, con los rasgos descon las coronaciones de Quintana y ce Zo- ¿Mas no servirá el caso de lección opor- carnados de. todo lo que no sea proyección rrilía. És el porvenir é que dilucida la glo- tuna para que las multitud. es un día despier- tu el más ¿llá. ria, y así advertimos la resnrección de mu- ten ante el genio y le. ¿retribuyan en la meEl Falla de Vága. uez Día z participa de chos después de haberlos depurado el tiempo, dida dé su esfuerzo? Desconfiad del genio hasta redondearlos, como esas piedras de que muere millonario; Esto quiere decif que. la austera monumentalidad d e l a s formas río que las aguas- suavizan y- pulimentan. tuvo una oculta debilidad hacia la multitud. de este piríto- r. Está concebido en grandes Después sí, con las obras del genio, se en- plano? con esa grandeza arquitectónica con Los genios, a través de los siglos, vamos viéndolos. Como, se ven las montañas en la riquece mucha geni? que no puso, nada en qué Vázquez Díaz extiende las superficies lejanía. Todas Jas montañas lejanas 1 son- ellas 1 Cuánto dinero llevará producido el en niasas sumarias y solemnes. Con uña Quijote? Alguien dijo que era más impor- cierta rigidez que les presta, gravedad muazules. tante- para Inglaterra Shakespeare que la ral, con uña sequedad que las desustancia de: La gloria de, Falla está muy próxima, India. Pero esto lo hace el tiempo. Algún fáciles cromatismos y die triviales, semejun pero aun ha de dictaminar sobre ella la pos- día ocurrirá esto con la música de Falla, zas realistas. De gran tamaño, hierático teridad; Una cosa es entrar en el Olimpo y pero ese día nosotros, no la oiremos. ¡Q- ué como un ídolo, así se deja penetrar Falla, por esas inspiraciones que, desde su cabeza otra que los hombres- lo sepan. Pero- aun- bien- camina el genio mientras vivé de la transida, descienden hasta las manos para, pa. ra este hecho trascendental de que los vi- mano de la; pobreza! brotar luego, por esos tubos y por esa- escrivos aseguren el Olimpo a un artista, se exiFRANCISCO DE COSSIO tura de notas en, forma tí e ritmos que han ge un proceso de canonización. Ahora bien, de hacer batir sobre la tierra las piernas fresobre las posibilidades de conseguir la glor néticas de las mujeres y las alas de los granría, se halla la intinción de! artista de no des ángeles por los ciegos. Una tonalidad contaminarse, de permanecer puro y transasordada transporta esta imagen a un plano parente, seguro de Un. designio superior que oito han concebido, los pintores 3 a. file aparta de todo cuanto puede representar gura de Falla? Cuando Ja fama nim- conceptual, sin- que i sta proyección ideal le vanagloria, fácil popularidad y ganancia in ba i vida a algún hombre, las inter- excuse al pintor referencias concretas y v teresada. He aquí una manera de santidad pretaciones dg su retrato están- rebosantes personales. Una mano de fuerte y claro mo- en virtud de la cual el artista crea por un- ele sugestiones- modelaüas. rn s- per su con- delado empuña, el lápiz taumatúrgico, míen- impulso superior a todos losv estímulos y con- textura espiritual que física. Es posible que tras la otra, aun sin terminar, tantea en el tingencias de la. vida; De lo que los hombres el Erasmo- auténtico sea, -el del dibujo de teclado y en la imaginación del músico Una llaman la vida, en condecen primer término, Durero y, sin encargo, será, el de Holbein, doncella, de cabellos amarillos puede simbe- está, la necesidad, -después, la sensualidad, y, con su grave atención ensimismada, e l q u e lizar ahora el duelo dej mundo, y en 1926, últimamente, la disipación. ¿Quién es el la posté r i dad aceptará como, arquetipo cuando este cuadro se, pintó, la entrega a esas armonías que desrnayan t lqs párpados y público y dónde está el público, pregunta- del humairsta renaciente. Muchos han sido la muerte. ba Larra? El público es el cure paga, y está las- retratos de Voltáire. -Pen eL que conAhoía que este menudo cuerpo casi transdonde más pueden halagajl- e sus sentimien- creta la personalidad del filósofo francés lúcido reposa, entre nosotros, no puede hatos y emociones primarios. En realidad, el será siempre el de Houdon con su afilada sonrisa que disuelve todos los misterios con ber tasa en- los- homeqajes. Fjerq sí puede público o, más exactamente, la multitud, en el arte husca el mínimo esfuerzo. Cuando esa vejez nt ds la edad, sino del esceptis- haber discriminación en las prefesrencias. V verdaderamente los grandes artistas lo son. mQ universal. Goethe ha quedado, perenniza- cuando la muerte ha enmarcado su obra, en virtud de realizar ellos el; máximfc es- do en ese henzo de Tischfein, tumbado con ésta se nos aparéete con 3 a imagen de un fuerzo. Así, una sinfonía, se paga siempre reposo de semidiós antiguo, entre acantos árbol, suírgien d ó poderosa de la tierra, remenos que una c ancioncilla banal y ligera, de mármol y. estatuas renacidas. Ya, núes- creándose primero en la magnitud de sus Y, en caso, la multitud se aventura a pagar tros mismos días la aquilina cabeza cíe Una- raíces telúricas, gozofa át su. savia elemenal divo, por lo que el divismo tiere de gran nimio; ha servido de experiencia para las tal y primaria, de sus oscuros y fuertes ritversiones, más que dé sus rasgos, de su per. mos y ascendiendo después hacia alturas de espectáculo. sonalidad. Desde el busto de Victorio Macho, referencias universales, sobre, cielos de moNada tan emocionante como se. artista que se aparta voluntariamente dé- las, multi- concebido con medidas heroicas como pa? a tivos abstractos y de genérica forñiulacióri tudes para producía- su obra sin pensar, ni- servir de mascarón de proa a su España, humana. Sí, el mejor tributó- a su genialial petulante y agresivo de Solana, cen las dad es imponer a. la mente y a la- sieEsjbilí- ¡remotamente, en ellas. Uíirrd- s estos artislíneas irritadas y con el cabello aguerrido íkd una ruta de preferencia a tfavés de svts tas fue Falla, quien llegó a imponerse no como cresta de gallo. ¿Y de Falla? Dos pin- obras. Y, no sin violencias fe las sáníg- res y sólo en España, sino en el. mundo, -por la. tares se precipitan, en nuestro- recuerdo con de sus apetitos, nos desviamos de esas sus virtud. de su propia obra, sin d menor es- ambición de enfinrnar. su espíritu. Los re- músicas brujas, con frenesí de conjuros y; firegzo por su parte para buscar a ésta ca- -tratos de Zuloagja y da Vázquez Díaz. ele brazos eii alto, con ruedas de volantes y minos fáciles y hacederos. La devoción del pintor N vasco, al músico lioniiíaco batir de. tacones enardecidos. Y En Falla se da la más clara naturalidad nos éntregamos a esas otras músicas claras expresiva, sin caer nurica en lo trivial, in andaluz que le llevó a colaborar plástica-
LA GLORIA Y LA F O R T U N A
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ICONOGRAFÍA DE FALLA
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