
N uno de los primeros días de mayo del año 1885, en Cuyo raes de- noviembre ¡había de morií don Alfon; so XII, el PÁctfipador, llegó a í Madrid, invitado por aquel Soj ¡berano, el presidente de la ReI ¡pública de El Salvado don Ra; fael ¡Zaldívar, a quien él Rey dé L Eapaña qu so recibir con todos los honores debidos a un jefe de Estad y Que era el primero de aquel nobilfsimo pueblo que acaba de demjostrar, con. su conducta y la elocuencia de su representante en l a famosa tJ. N. Q. lo admirablemente que guarda en su corazón la isaiigre y las tradiciones dé la Raza. Por, bondadosa indicación del Rey me puse a las 1 órdenes, jcomo mayordomo de Su Majestad, del referido señor presi- dente y, por aquella honrosa de signacion, me presante en Ja lentojnces destartalada estación del Norte. i El señor Pando y Vallé, fun: dador de la Unión Ibero- Atne ricaina, y el insigne señor VillamiSt Ue presidió el nacimiento. de ton importante entidad, me pidferón que yo actúa en cuanto i fuese posible, cerní) mayordomo de semana y COÍMQ repf eseftitórite de la Unión, ale- Llegad a Madrid del tiren que condujo a la Corte de D. Alfonso XII, en 1885, al presidente de la Repú i blica de EJ Salvador, don Kafael ¿aWÍyir. igrándoíe mucho de esta solic i tudv ¡el señor Zaldívar, qué me p idió que acompañase a conocer Madrid a agradabilísi- mo al guiso que se condimentaba don Raiaelj y, aiproYedlaliidq m ¡pequeño su hijo Rafael. coto, e l l a ¡aparee, le expuse, la ota? ilosfldatí del Rey, y El señor presidente no- cesaba en su deseo. Fueron pues, a ávor 4 cér nuestra casa, el el presidente me dijo: ¡ÍJó sterá, irreyei repetidas- veces manifestaiáoj die conocer- el presidente, ¡su hijof sus Secretarios y los dos renda que yo ss ió jqp! Íiqi ¡i é V Le; ctante 3 té cocido madrileño, plato nacional, que acaso ministros a que he aludido; y mo he olvidado qule. no, yá que él era tódé: ló ¡dSscirieto qu tuviera par tieécp con alguno de Jos popu- el entusiaérno con que acggíéíoft el guiso ipodía serlo é que más tó tuéra, y dirigiéniteres en Eül Salvador, y una nochte nos sor- tantas veces esperado, teniendo la satisfac- dose a dop AilfcWso; lis Id je ¿Desea ¿aprendió haciéndonos saber que íbamos sa- c ción 1 m! padre, principalmente, de qué no besr Vuestra Maj s! t? Ml o M Gtíoldo borear aquel plato, ya. que (había enea rgaldo íuese áquélia la última yer que os aconv- veinticinco pesos? Pues sjgtóca que yo. quial jefe de cociiiía que lo condimentara, como pañara a. la raesa den Rafael Zaldívar, aun sé que en el hotel me hiciesen uh cocido a a xtraandiffliar -o y fuera de alborno. Apareció después de haber dejado- la presidencia de madrileña y que do P ¡í ¿i- -aíínié llamó el famoso ¿cocido y aseguro que aquello- uo su pueblo, como nosotros tuvimos la satis- 4 é ¿de poco después, 4 niiefeitro, ciorkiciimiien- era; nada qué pudiéja parecerse a lo nuestro. facción de aceptar hospedaje que tuvo la to- me aseguró que áqué Kmé pos aervíafli Ei jefe, corirtera admirable en. la. cocka amabilidad de ofrecer en su palacete de la nox ra ni parecido a. lo c e oebda ser, y érli- írancesa, sp iaSwiení e, 1 nos sirvió un indi- rué Bodilon, de Parfei cuando fúfeos a 3 a; itcinc es ¡slu piadre nos linvitia ia cómierlio en sa gesto conglomerado de garbanzos, verduras, Exposición que allí se celebró eí año 99, casa, pairieciéndionbs a tto íds i y a irií. priot pataleas y ¡chorizo... sufriendo eí doctor Zal- bajo la presidencia del de la República frah- cípaflmenifé, uitio de tos m jorte s icondimentoa dívar Un verdadero desencanto cuando- -al- vCesa, M. SalH- Carnot. Su Majestad den dé la cocina úniivtersal, yncomoi a nií secte; preguntarme lo que me parecía- -le eptóes- Alfonso XII dio un banquete, en pequeño, lario lk (püsiierota por adueí pxtraáraXti rio té franca y kahnerfc que aquello podía ser al presidente de El Salvador, al qué COÍICU- úts nuestra. peTísióñ veiiitíciliiicb Ipesietes (enalgo en que figuraban elementos que cons- irrí, en razósi dte, lhalbe. r estado a sus órdenes, tenií 4 váloh die urioá tituían nuestro cocido, pero que ¡no le recor- y después de la eomi lda, y al pasar yo poirj tonces la peseta no que ú 4; igme, taoi siinviteáéantre de don Atíonstí, que estafo íh ift aoda céntínos) así giijpp daba por otra cosa q ue par tener garbanron sléñot M qrejón vazos, jdüros como ¡balines; y algo de acelgas con Zaldívar, el cual ostentaba: ya lá Gran Jíá n casa del pesos. Orfteára Su Majestad Rio mezcladas con embutidos. de latas, de no Cruz de. Carlos III, que se le había coticé- por veinticinco explicación qxé lé 3 aba; el la sincera equivocarme mucho. Fue aquella respuesta didb aquella, misma mañana, Su Majestad, úa uní verdaíctem desencanto para nuestro con la beinevcfentcía ieau él tan característica, pitesidiarite y así se a cai ó ¡atqttellaj inoflvi- bondadoso anfitrión, que 110 se olvidó de in- i s preguntó, isañaíadándoníe: ¿Có o se daVIe cCmida en el. camiét do r dif diario deí terrogarme si sabía de algún restaurante, porta con u ated) ¿1 mayordomo dte eettila- Palacio Real, qué tantas jy iáttitas veces re; aunque fuese muy modesto, en que sirvie- a? a. loqsiie cctolti tió. iél interrclgadoi; Ad- cordaron los favorecidos- 1 ran lo que tatito deseaba conocer. Nada dije mimblemierítse, Majesfttd y su padlre noa 1 Escribo lo ¡que antecedjP Irecérdairido mis J a don Rafael, peroyin- cuamto ilegitíé a ni íia diado un cocido lo menos de véirtticiuca artículos que publicó Lá JfPk ca con ¿1 título ipiesoss Quedóse jel Rfey parado iup Winiitó, caáa, k comité lo octurirido; a irji bu eaiíisiirid de Mis almuerzos interrumpido natural padre, y al pedirle permiso para convidar al y li ciéiidontó un gesto como de interroga- mente, al desaparecer aquél Üiario; pefo al tíón y dle estrañeza, me oWvjgó a aoercarpresidente; a que com ese el repetida ¿lato leer, con verdadero júbiloj cuánto yjcuánío tiacional, me dijo que si dicho señor tenía 1 ttit a H, apróivecl arídb qute, sin duda paria e encumbra el españolisilto i del ¡ins. gne rfeteaítiáfaceri so cuaríptejidad, se- habla 1 fe- vanta; lai bondad- de ir a casa, él tendría a miíclió do para habitar con dbñá Isatsel II, que preéentante de Éí Salva 4 r ni las! ludias honejr que- la fa. vottecieis e. también participiaibá del cOnlvite: ¿Qué internas de la U. N, O. yí ieni ntlo en cueniie la bondad Séj- preparó él cocido y me- gidsitia cbn 4 fca querido decinme ¡d: ijírtes felenlte cotí ta lo mucha qué halagó j ado mébúclíaír, sig! nir que mi padir, entiüsíasita, de tbdo eso del cocido? A lo que repliqué: Lo ig- idd dtíctor Za d. í a, r, he tí aquellos tienilo qtóe fuera español, apuntaiba ailgunas re- noro, señor, pero voy a preguntárselo, ija atthqué sea momentáneato j ii wntas culinarias, siendo, entre otras, la de que lo único qt e: puedo decir a- Vulestrp pos tan vivos en mi tn mandar que se echase en. el cocido, en vez iMajiestad ek que, en efecto, tha i ío a c ó corazón, y consagnalt: de gallina, una: psrd z q. üe, aun dando cierto Cocido en mi casia. Fui a encdnitrarme do a cuantos in. tervinieron oitoif oscura al 1 caldo, prestaÜjá a saibor agasajo.
JOSÉ M. DÍE
E