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lUwidády L A Navidad tiene su poesía una poesía que no necesita ser expresada en verso porque su emoción ya ya predispuesta en nuestra sangre de cristianos viejos. La poesía que escriben los p o e t a s 1 que precisa del molde artístico para verterse en busca de forma y ritmo, no hace sino corroborar la otra, la que fluye naturalmente dé nuestra más honda entraña, con la fuerza biológica y sentimental del propio ser. Evocación tan vulgar, tan sana y noblemente vulgar, tan humana precisamente oor eso, como la de Alarcón en su Nochebuena del p o e t a conmueve a todos. Con su misma letra, damos todos, en efecto, cuerpo a la poesía le nuestras más íntimas memorias y la copla que sirve de leit motiv a Alarcón no hay que transcribirla íntegra, porque la concluye cualquier lector, que la sabe de corazón: La Nochebuena se viene- -la Nochebuena s e va... Un mundo de recuerdos, identificados hasta la última esencia con la vida de uno mismo, surge al conjuro de esa copla: el mundo de Alarcón y de cualquiera, porque la poesía que la impregna es la de todo español y cristiano, vuelto a su niñez, en gozosa infantilización de ideas y sentimientos. Nace el Niño Jesús; nacemos nosotros, volvemos a nacer bajo el ala suave de una inocencia que ojalá no se perdiera pre, tiene e, l mundo, y nosnunca; volvemos a nacer en el cálido otros también, que volver a seno del hogar ...Y se hablaba de ir nacer, tén emos que sentirnos a la Misa del galló a las doce efe la niños en el paraíso perdido, noche, y a los Pastores al romper el que dejarnos herir en el cenalba, y de hacer sorbete con. la nieve tro del corazón por el rayo lu que tapizaba el patio, y de ver el Naci- minoso de las estrellas que no miento que habíamos puesto los mu- se apanga nunca en el cielo de dha cáps en la torre... La Nochebue- nuestra fe y de nuestra espena se viene Es la misma copla que ranza. Hay que dar a la Nocanta Castelar, tradicionalista sin saberlo, c hebuena, a los días de Navio quizá sabiéndolo, en magnífico y nos- dad, todo su patético y edifitálgico capítulo, de Un viaje a París cante sentido; hay que afinar También los recuerdos del gran español la vista y el oído, los sentidos son lo. s nuestros: Las estatuas y los todos del alma: cuadros que luego me he encontrado en el mundo no han conseguido sumergir mi ¿Quién oyó? ánimo en el éxtasis, producido por aque- ¿Quién ha visto lo que yo? llas toscas figuras de barro cubiertas de chillories colorines. Sobre una mesa de Yacía la noche, cuando pino, echábamos un tapete d muselina o las doce a ¡mis ojos dio de indiana con varios ramajes y flecos. el reloj de las estrellas, En torno de la mesa, amontonábamos el que es el más cierto reloj; digo, la noche, espliego, la salvia, el tomillo, recién traí- yacía, el silencio mayor. y en dos del monte... Poesía inefable la del Nacimiento Una voz dieron los cielos, i que a todos nos hace otra vez recién na- Amor divino, cidos, con la fuerza creadora de una vida que era luz, aunque era voz, que ya es conciencia y melancolía. Nos divino Amor... sentimos pasar, como nuestros padres paSon versos de don Luis de saron, como pasarán los que nos sucedan; pero seguros de que en la Ciudad del Góngora, en que el fulgor hombre nunca encontraremos un lugar sobrenatural de la Navidad tan confortador y venturoso, ni una hora alumbra y caldea la espontátan felizmente cumplida como la sobre- nea ternura de la canción pomesa familiar ere Nochebuena. Sollo- pular, del villancico, vieja y zó, más que carato, Vicente Wenceslao eterna flor de p o e s í a tan arraigada, tan f u n d i d a con Querol: ¡Padres míos, mi amor I i Cómo envenena nuestra existencia, que de su perfume vivimos, traspasados las breves dichas el temor del daño! por el recuerdo agridulce y Hoy presidís nuestra modesta cena, pero en el porvenir, yo sé que n año das zozobras de la ilusión. wndrá sin Nochebuena... M, -FERNÁNDEZ ALMAGRO Para qiie la Nochebuena sea la de sietn- de U Re- ítl Arodrmia de- la TTistnrin- 1